Por Marilys Suárez Moreno
Tolerante y sabio, tierno y amoroso cuando se trata de los hijos e hijas, la paternidad deviene combinación de sentimientos y razones, pero también de mucho afecto y devoción.
Amor del bueno que las viejas y atrasadas tradiciones culturales han tratado de expropiar a los hombres con falsos presupuestos: “los niños y niñas son de las madres”, “las madres son las que están biológicamente preparadas para criar a los hijos”, “padres hay muchos, madre es una sola”. En fin...
Todo padre tiene el derecho de vivir a plenitud esas experiencias enriquecedoras. Aunque todavía algunos los ven como los responsables de proveer las necesidades cotidianas, mantener la disciplina e imponer el orden, papá es mucho más, curiosamente, las primeras palabras pronunciadas por el bebe: papá, por aquello de¿dónde está papá? ¡Llegó papá! y se creara el hábito.
Asumir ese rol desde el amor, el desvelo y la ternura es cuestión de orgullo. Ese que gravita en la palabra papá y que habla de abrazos, andares juntos, educación, desvelos y crecimiento.
Cada tercer domingo de junio festejamos el Día de los Padres que, al igual que las madres, resultan imprescindibles en la vida de la familia y la sociedad, pues su expresión social va más allá del almuerzo especial, la reunión familiar y los acostumbrados abrazos y felicitaciones.
Capaz de abonar con paciencia el camino, quitar miedos y regalar razones, nadie como papá para moldear con regaños y besos el destino de su prole.
La paternidad puede ser un territorio inexplorado y atemorizante, desbrozarlo enlaza una motivación para ser mejores. Bien vale la pena complementarlo utilizando saberes y capacidades para lograr que los hijos e hijas sean felices, sin olvidar que la obra de educar trae aparejado gran responsabilidad y amor. Solo así el trinomio madre-padre-hijos trascenderá.
De hecho, papá está presente cuando pone fuerzas y espíritu en la relación filial y, aún cuando esté lejos o no comparta el mismo techo, se interese, atienda y apoye a sus hijos en sus afanes, tristezas y alegrías.
Cuando regaña, abraza, acaricia y acompaña en sus juegos, temores y gozos. Y también en sus derrotas y victorias que asume como propias. Estés donde estés, en el cielo o en la tierra, Felicidades merecidas, papá.

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