Por Yamylé Fernández Rodríguez
Fotos: De la autora y cortesía de la entrevistada
Cuando a Yaidelis Corrales Rosales le comunicaron, hace ya más de 18 años, que sería madre de trillizas la noticia la tomó por sorpresa y su vida dio un vuelco total, pues le correspondía asumir un gran reto: criar a tres pequeñas más el niño que ya tenía.
“Fue un proceso muy largo porque al inicio me habían dicho que sería un embarazo normal, luego -después de otro ultrasonido- que eran gemelas y no fue hasta las 26 semanas de gestación que supe que traía trillizas. El susto fue grande porque eso nadie se lo espera así, de momento, y es algo que no se ve todos los días”.
A partir de entonces resultó clave, el apoyo incondicional de toda la familia y, años más tarde, el de los profesores cuando las niñas comenzaron la etapa escolar en su natal municipio de Guáimaro, perteneciente a la provincia de Camagüey.
Con cierta nostalgia recuerda aquellos días de corre-corre para llevarlas a la escuela, ayudarlas en las tareas y en todo lo que implica criar a una hija, en este caso multiplicado por tres.
“Siempre hemos estado muy unidas. Mi esposo, que no es el padre biológico, prácticamente me ayudó a terminar de criarlas y ellas incluso le dicen papá. Realmente nunca les ha faltado cariño porque todo el tiempo hemos estado presentes tratando de darles lo mejor posible”.
Desde pequeñas las tres chicas manifestaron el interés por ser maestras y la firmeza en tal propósito hizo más llevadero el camino para conducirlas por esa ruta, aunque no faltaron dificultades propias de tiempos complejos.
El hogar se convirtió en un espacio de estudio, disciplina y comprensión y al matricular en la Escuela Pedagógica Provincial Nicolás Guillén Batista, de la ciudad de Camagüey, madre e hijas tuvieron que separarse.
“Ha sido mucho el sacrificio al estar lejos, pero siempre se mantuvieron firmes en su meta y yo estoy muy agradecida con todo el colectivo de trabajadores y profesores porque les hicieron sentir que ese centro era una casa más para ellas”.
Durante cuatro años las trillizas recibieron la formación necesaria para adentrarse en el mundo de la docencia. En este caso Dainelis optó por Educación Artística de Secundaria Básica en la especialidad Visual-Teatral, mientras sus hermanas Delenis y Dianelis estudiaron Educación Musical para el nivel educativo de Primaria.
Un motivo especial de orgullo para la madre fue el reconocimiento de Delenis como la Graduada Integral del recién concluido curso 2025-2026, a lo que se sumó su selección para participar junto a los mejores egresados de los centros similares del país en el reciente Festival Velas Escarlata celebrado a finales de junio en San Petesburgo, Rusia.
“En este caso Delenis siempre ha sido un poquito más destacada, sin dejar de reconocer que las otras también son muy buenas. Estoy muy orgullosa de ellas porque de verdad son “hijas de oro”.
“Ya las tres tienen su ubicación en distintas escuelas del municipio de Guáimaro: Dainelis en la Escuela Secundaria Básica Urbana Roberto Rodríguez, mientras que Delenis en el seminternado de educación primaria Joaquín de Agüero y Dianelis en la primaria Antonio Maceo”.
“Todas están listas para comenzar a enseñar con el mismo empeño que siempre las caracterizó como estudiantes”, afirma Yaidelis.
Aunque no fue posible conversar con las muchachas por encontrarse dos en su lugar de residencia y Delenis de viaje al momento del diálogo con su mamá, evidentemente aquí se aprecia una familia que ha sabido encaminar a sus retoños sobre la base de la comprensión, la armonía y el respeto a las aspiraciones personales.
Antes de finalizar Yaidelis envió un emotivo consejo a otras madres que asumen la crianza de trillizos en Cuba: “Que no se rindan, que luchen por los sueños de sus hijos porque un día se verá el resultado”.
Más allá del merecido orgullo materno, este testimonio trasciende como la experiencia de una mujer que supo convertir el desafío inesperado de criar trillizas en una experiencia de amor y oportunidades.





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