jueves, 26 de marzo de 2026

Cuerpo y sangre: territorio de dignidad menstrual






Por Aime Sosa Pompa

Fotos: Lisandra Pérez Coto

Amaneció y mientras el Convoy "Nuestra América" descargaba solidaridad en alimentos y medicinas, en la sede de la Editorial de la Mujer, en La Habana, un grupo de personas menstruantes y no menstruantes se preparaba para descargar décadas de tabúes, culpas y silencios. 

El taller sobre educación y salud menstrual  llegó dispuesto a desarmar(nos) siglos de silencio, a pura risa, asombros, conocimientos y franqueza. La cita fue protagonizada por Laya Cerqueda y Mariela Ayala. Laya: catalana, viviendo en México y directora de Despiertas, escuela de Educación Menstrual y Sexual. Mariela: cubana mexicana, también viviendo en la ciudad de México,  labora en el mismo centro, donde se desarrolla como partera. 

Era una convocatoria diferente para romper el hielo, no hubo presentaciones aburridas. La orden fue clara: "vamos a presentarnos con nuestros nombres y digamos, cómo amaneció hoy nuestra vulva". 

Las respuestas fueron un termómetro del cambio. Hubo vulvas que amanecieron activadas, maravilladas, encantadas; otras que necesitaban de mantenimiento y otras que estaban muy felices. Así, sin escalas, despegó una especie de vuelo hacia el territorio más íntimo y, a la vez, más político: el cuerpo y la sangre de cada mes.


Hablamos en una Cuba de apagones, transporte escaso y cuidados infinitos. Pero ellas llegaron para recordarnos que la educación menstrual no es un lujo, es una necesidad de primera. Y mientras desplegaban un modelo de una vulva desarmable y un sistema de reproducción femenino de tela, hechos por costureras mexicanas, comenzó el diálogo con mucho intercambio, preguntas, respuestas y mucho desaprendizaje.

—A nosotras nos gusta hacer educación menstrual desde los cuerpos, desde jugar, pasárnosla bien y así —dijo Laya, con una sonrisa que desarmaba cualquier intento de solemnidad—. Entonces, vamos a hablar de vulva, de sangre, de toda esa parte que a veces nos causa un poco de pena, vergüenza o resulta tabú. Conocemos que hay todo un sistema patriarcal que ha estado presente, en  la memoria que hay en nuestros cuerpos.

Mariela con sus experiencias y una alegría de aprendiz de ancestras:

— Cuando nosotras hablamos de educación en salud menstrual y sexual, estamos abordando la posibilidad de reducir embarazo adolescente, de reducir ausencia escolar, de reducir enfermedades de transmisión sexual, de crear prácticas de higiene personal y autocuidado.

Y sin darnos cuenta, el taller se convirtió en un espacio para sacudir estos cuerpos impactados por apagón, escaso transporte, cuidados y cargas; para abrir los sentidos y sembrar confianza. 

—Desde que nos conocimos —contaba Laya—, Mariela y yo decíamos, "tenemos que ir a Cuba con copas menstruales". Pensamos en alimentos, comida y no pensamos en que las mujeres menstrúan todos los meses y qué pasa con nosotras, ¿no? Creo que es muy importante traer ese enfoque, pues tenemos esa primera necesidad, igual de vital que cualquier otra cosa.

Mientras comentábamos lo que había realizado la Editorial de la Mujer, desde Gente con Swing, las series de podcasts de Muchacha, los talleres de copas y las cruzadas feministas por territorios y salas de hospitales, Lirians Gordillo, subdirectora de la Editorial, enfatizó, con esa voz que sabe poner las cosas en su sitio, cuestiones a las que no estamos ni ajenas ni alejadas:

—Yo lo relaciono con la participación de las cubanas en la sociedad. Las mujeres cubanas son más de 60% de la fuerza profesional de este país. Te imaginas que cada 28 o 30 días esa realidad afecta maestras, doctoras, dirigentes, mujeres en cualquier sector, en la producción agrícola.

Laya retomaba la palabra con una energía que iluminaba:

—Exacto. No solo es explicar "aquí tienes una copa, que igual puedes servirte". Sino tener todo este contexto de por qué es importante retomar la menstruación, nuestros procesos cíclicos. Y desde nosotras, ¿no?. Desde nuestro cuerpo, que es el territorio que habitamos todos los días , cómo lo cuidamos, cómo nos relacionamos con él, ¿con asco, rechazo, vergüenza o  con amor? O sea, es estar maravilladas de todo lo que somos, y creo que eso es algo bien importante. Súper importante.

Hablar sin tapujos con una vulva y un modelo del sistema reproductor femenino hechos de tela por costureras mexicanas, fue toda una vuelta al colegio soñado de aquellos años donde mancharse por detrás o entre las piernas era toda una vergüenza o poder bañarse en la playa o en piscina era imposible, ni pensar aún en que tener sexo con la menstruación era una posibilidad con reglas de higiene.

Ver esos productos de cerca y pensar todo lo que hemos pasado las cubanas, sobre todo en los años de periodo especial, fue como preguntarse qué hubiera pasado si además de aquellos trapos arrancados de sábanas hubiéramos contado con toallas desechables, las copas, los calzones menstruales, el sangrado libre, la esponja marina y las toallas reutilizables.

Laya nos hablaba con esa pasión de quien comparte un secreto que en realidad es una llave:

—La educación menstrual siempre tiene que estar adaptada al contexto y a la edad. Es una intuición. Nuestro cuerpo nos está hablando siempre. Lo que no nos explican es cómo escuchar. Todos los síntomas que tenemos, el dolor, el calor, todo son síntomas de nuestro cuerpo hablándonos de cositas que tenemos que atender.

Hay momentos que dice: "Voy a menstruar". Son las mismas las contracciones que hace nuestro útero para expulsar un bebé, para expulsar la sangre menstrual, que cuando tenemos un orgasmo. Lo mismo. La misma cosa. Es que no hay ni puertas… Cuando hablamos de dignidad menstrual, hablamos de acceso a productos, a espacios limpios y a educación que esté pues a nuestro alcance. La menstruación no se tiene que ocultar. Cuanto más hablemos de menstruación, mejor. Tanto con las niñas, con adolescentes, como con nuestros padres, parejas hombres y así.

Mariela agregaba otras ideas con esa forma suya de convertir lo biológico en una ternura política muy corporal:

—O sea, nuestro cuerpo nos permite estar más en contacto con nuestro mundo interno, con cómo nos sentimos, con más introspección. Es súper importante reconocer muchas veces por qué nos sentimos, cómo y poder mapear nuestro ciclo. Saber que a lo mejor tengo que tomar una decisión importante, ¿no? Voy a tomarla ¿en qué momento de mi ciclo? Tenemos ese superpoder.

Fueron unas horas que no vamos a olvidar, hasta cuando nos sorprendimos de una certeza que ya estaba demostrada por la ciencia: esa es la sangre que carga la información de la vida, con células madres, se puede hacer hasta medicina con la sangre menstrual.

Laya insistía en algo que resonaba como un eco necesario:

—Muchas veces existe esa creencia de que la menstruación duele, literalmente programamos a nuestro cuerpo a que duela. O sea, si tú de niña todo el tiempo escuchas "te va a doler cuando te llegue", cuando te llegue vas a decir: "Claro, me tiene que doler". Se puede cambiar esta programación, reprogramar nuestra experiencia.

En el encuentro estaban presentes trabajadoras de la agencia Prensa Latina, el equipo de la Editorial, compañeras de la Federación de Mujeres Cubanas de La Habana y de la Dirección Nacional y también contó con la presencia de la secretaria general Teresa Amarelle Boué.

Aprendimos a respetar el cuerpo que nos fue otorgado, respiramos, reímos, comenzamos a desandar con pies fuertes y pisadas claras uniéndonos en esta América para llevar todo un programa de dignidad menstrual.

Este fue el regalo del Convoy "Nuestra América" en La Habana: no solo pensar en qué comemos, qué vestimos, sino en cómo sangramos.  La dignidad menstrual no es un accesorio, es un territorio que hay que cuidar, honrar, poner sobre la mesa por ser el primer territorio de cada libertad.

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