viernes, 27 de marzo de 2026

Una vida fugaz



Por Marilys Suárez Moreno

Aunque no vivió la plenitud de sus pasiones, casi siempre destrozadas, Juana Borrero atesoró en su alma y en su figura de virgen triste, el recuerdo de un amor imposible, entre otras motivaciones que la llevaron a expresarse en notables sonetos y óleos, donde su lirismo daba rienda suelta a su genialidad.

Su vida fue fugaz y triste. Amó con amor imposible al poeta Julián del Casal, “Ese elevado sublime”, como ella lo llamó, era visita acostumbrada en la casona capitalina de Puentes Grandes, morada de la familia Borrero, cuyas tertulias y veladas artísticas habituales contaban con la presencia de artistas y literatos de la época con vocación por el arte.

Nacida en La Habana en 1877, Juana, cuya vida se extinguió el 9 de marzo de 1896 estudió en la Academia de Bellas Artes San Alejandro y era hija del patriota y literato Esteban Borrero, por lo que su educación transcurrió en un ambiente proclive a las artes.

Julián del Casal la admiró mucho y junto con el poeta de efímera vida también, es considerada una de las figuras más representativas del modernismo en Cuba y aunque pocas, su producción pictórica se inserta en la llamada etapa del academicismo en la pintura cubana. Dos de sus cuadros, Los pilluelos y Las niñas, están expuestos en el Museo Nacional de Bellas Artes.

La joven enamorada había volcado en su epistolario las múltiples emociones que le provocaba Del Casal, cuya perturbadora relación con ella apenas duro tres años. Este, que sentía una profunda admiración por Juana, le dedicó el poema Virgen triste, en el que proclamaba su amor de hermano por ella.

Considerada una niña prodigio y una poetisa con futuro, al igual que su hermana Dulce María Borrero, destacada prosista y poetisa, la vida de Juana estuvo signada por el infortunio.

Tenía 16 años cuando acompañó a su padre a Nueva York, donde conoció a José Martí, quien organizó una velada en su honor. Volvería a los Estados Unidos en 1895, cuando su familia se vio forzada a emigrar a Cayo Hueso, a causa del quehacer revolucionario y patriótico del padre.

Allí murió ella, minada por la tuberculosis, a las puertas de la muerte, dictó los versos” Última hora”. su poema postrero. Tenía 19 años y un nuevo y no menos desesperado amor por su novio, Carlos Pio Uharba, poeta y patriota fallecido en la guerra, y del que no pudo despedirse.

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