lunes, 2 de febrero de 2026

“Yo nací con la geografía en las venas”


Por Damaris Hernández Marí, periodista e investigadora del Centro de Investigaciones de Medio Ambiente de Camagüey (CIMAC).

Fotos: Cortesía de la entrevistada


Quien la conoce o ha trabajado con ella, sabe de su pasión por la profesión que ejerce y de ese don que la acompaña de unir a las personas de los más diversos campos del conocimiento en pos un sueño común. Y es que la M.Sc. Rebeca González López del Castillo ha bordado su historia profesional y personal desde la vocación que nace en los primeros años de vida. Así lo cuenta con la emoción que no desaparece aún cuando ya suma 41 años de carrera. “Yo nací con la geografía en las venas”. 

Mientras conversamos regresa a su infancia y narra su avidez por esta ciencia. “Siempre recuerdo mi niñez asociada a una bolita del mundo, donde yo jugaba diciendo ʻvoy a este país, voy a este lugarʼ. Y tuve la suerte de tener una tía abuela que había estudiado en los Estados Unidos, también doctora en Geografía, que había traído muchas revistas del National Geographic Magazine. Mis libros de dormir por las noches no fueron ni la Cenicienta ni Blancanieves, siempre estuvieron asociados a los grandes lagos, al Gran Cañón del Río Colorado, a los Alpes…, es decir, eso me fue creando una visión sobre los recursos y el medio natural que caló muy hondo en mí”. 

Su familia intuía su vocación y fue dando alas al sueño. “Siendo ya una adolescente encontré un libro que me había regalado un primo cuando cumplí los cinco años y la dedicatoria decía: ʻA Rebequita, la futura geógrafa de la familiaʼ. En esos momentos tendría yo 16 o 17 años y supe que desde muy temprana edad mi familia me vinculaba de alguna manera a la geografía”. 

Su paso por la Universidad de La Habana no hizo más que confirmarle que, precisamente, su camino era esta ciencia que entre mapas, relieves y lugares, enamora a quienes deciden sumergirse en sus múltiples aristas. 

“En mi vida de estudiante me gustaron mucho mis clases de geografía, yo era monitora de esa asignatura. Siempre tuve un afán por ir más allá del conocimiento que me daban en la escuela y trataba de profundizar y de indagar. Cuando llegó la hora de decidir también tuve la oportunidad de visitar la Facultad de Geografía en La Habana para pedir el plan de estudio estando en 10mo. grado y saber si se correspondía con la idea que yo en mi mente me había hecho”.

Recibió mucho apoyo de su familia que siempre vio en ella su vocación natural. Si algo tenía claro la joven Rebeca de aquellos tiempos era que quería estudiar Geografía para investigar. Tanto fue así que su boleta fue famosa en el pre, porque eligió diez veces geografía ante la certeza de que ninguna otra carrera definiría su vida. Su paso por la universidad estuvo marcado por la impronta de excelentes profesores y profesoras en una carrera que en aquel entonces delimitaba muy bien los perfiles del geógrafo físico y del geógrafo socioeconómico. 

El primer gran giro de su vida ocurrió recién graduada, cuando hubo de enfrentarse a los desafíos de la geografía socioeconómica siendo una geógrafa física. Una anécdota marcó esa etapa, y aunque hoy la recuerda con simpatía dice que su primer día de trabajo fue uno de esos en que más lloró. “Me gradúo de Geografía Física con una tesis en oceanografía trabajando mareas, y cuando me llegó la ubicación laboral me tocó trabajar geografía del transporte. La frustración fue tan grande que solo atiné a llorar”. 

"La jefa del grupo al cual pertenecía le dijo que cuando terminara de llorar se estudiara cerca de una veintena de libros que puso sobre su mesa, “fue una terapia de choque”- rememora hoy entre risas-. Pero su constancia y disciplina le permitieron aprender mediante la autosuperación y la guía de sus colegas sobre esta otra rama de la geografía. “Tuve la suerte de insertarme en la obra científica Atlas Nacional de Cuba y me tocó un gran reto: dirigir la parte de transporte y comunicaciones”.

“El atlas fue una obra gigantesca, de derroche de conocimiento de todo el país, donde entré como geógrafa socioeconómica y tuve que aprender de transporte, comunicaciones, recursos naturales, de aprovechamiento del medio natural, de agricultura, de ganadería. O sea, me abrió un espectro, para poderme insertar en los consejos de expertos del atlas a partir de la autopreparación personal. El atlas era una obra con rigor científico, que solo quien la vive lo puede contar”. 

Esta experiencia previa determinó su trayectoria cuando regresó a su Camagüey natal, al que llega con la ilusión de retomar su perfil de geografía física. Sin embargo, en el Centro de Investigaciones de Medio Ambiente de Camagüey (CIMAC) tuvo que aplicar su experiencia como jefa de redacción de la sección de economía del nuevo Atlas Regional de la provincia, un proyecto que comenzaba. Hoy cuando mira hacia atrás y analiza sus pasos, se descubre siendo una geógrafa un poquito más socioeconómica. 

Playa Santa Lucía marca otro punto de inflexión en su vida, y tal vez por eso siempre habla con tanto cariño de este ecosistema y de su pueblo. “Siempre digo que Santa Lucía tiene un lugar muy especial en mi corazón, pues fue el punto de retorno a la geografía física que había sido siempre una gran deuda personal conmigo misma. Escribí un proyecto de gestión ambiental de zona costera y había que evaluar sobre todo el recurso playa y tuve la oportunidad en las tres etapas de ese proyecto (2006-2008, 2009-2011 y 2012-2014) de adentrarme junto al equipo en el conocimiento de un ecosistema que se había desarrollado bajo mucha presión del turismo y quizás con insuficiente conocimiento de cómo habían evolucionado en el tiempo bajo esa presión de uso sus recursos naturales y sus potenciales. Santa Lucía significa eso para mí, el retorno al sueño, y allí somos una gran familia”.

Aunque siempre ha estado asociada a la investigación ‒actualmente ostenta la categoría de investigadora auxiliar‒ y no se imagina como docente a tiempo completo, Rebeca lleva ese bichito de la docencia en la sangre y sus dotes para conectar con los estudiantes las heredó o aprendió de su mamá, a quien veía horas y horas preparando clases en una época en que las computadoras parecían tema de ciencia ficción. “Sabía que dar clases no me gustaba, tal vez un poco por personalidad más bien tímida, sin embargo, heredé de mi mamá una facilidad de palabras, una coloquialidad que ayuda mucho”. No obstante, comenzó a impartir docencia casi acabada de graduar con conferencias donde se abordaban temas de transporte. “Me tocó formar a unos especialistas nicaragüenses en cómo poder organizar una sección temática de un atlas, y de allí para acá perdí la cuenta de cuántas tutorías de tesis de maestría y de grado he realizado y cuántas conferencias he impartido. Soy una investigadora que se desdobla en profesora cuando las circunstancias lo requieren”.

Se categorizó como profesora auxiliar adjunta por una necesidad del CIMAC y por solicitud de la Casa de Altos Estudios cuando el proceso de la universalización. “Fue un reto, lo digo. Pero cuando uno ama lo que está transmitiendo de alguna manera eso fluye solo, porque estás consciente de que lo que quieres es que esa persona que te está escuchando entienda y aprenda”. Desde entonces forma parte de varios programas de formación docente.

Uno de los públicos con los que se siente esa empatía y esa conexión natural de Rebeca es con niños y adolescentes. Basta verla interactuar con los niños y niñas de los círculos de interés de Santa Lucía conversando sobre los pastos marinos, sobre las playas y el cuidado de la fauna marina. Parece una niña más, el entusiasmo se desborda en su mirada y entre dinámicas de participación, saberes compartidos y un cariño recíproco se ha ganado al corazón de los niños Thalassia, como ellos mismos se hacen llamar en el proyecto de igual nombre que coordina Rebeca. 

De los niños llegan las ideas y reflexiones más originales, así lo confirma Rebeca. “Cuando estoy en un auditorio con adolescentes o con niños siento ese nerviosismo, las manos frías, porque pueden hacer las preguntas más inesperadas. Me pasó esa experiencia ahora el 5 de junio cuando fui invitada a un taller por la Agencia Francesa de Desarrollo dedicado al Día Mundial de los Océanos, y me tocó responder preguntas sobre esta temática desde el punto de vista económico y ambiental, pero nunca imaginé que se iba a levantar una mano para preguntar: ʻbueno, profe, y usted, ¿qué me puede decir de las fosas de Las Marianas? Y es allí cuando te das cuenta que vuelve a servirte aquella clase de geología y aquella excelente profesora, Cándida Artimes, cuando nos explicaba el fenómeno de la fosa de Las Marianas, desde el punto de vista físico, y la memoria viene a tu socorro. Yo me había preparado sobre varios temas, pero nunca imaginé aquella pregunta”, confiesa. 

En la actualidad la experiencia de Rebeca como investigadora se halla asociada a dos proyectos: Turismo Azul, del cual es su jefa, y Thalassia, del que coordina sus acciones en la provincia y que dirige el Instituto de Ciencias del Mar (ICiMAR).

Sobre Turismo Azul explica: “Una cosa fue escribir el proyecto y otra ver lo que significaba Turismo Azul para Santa Lucía. Luego de la COVID estaba el reto de cómo volver a levantar el turismo cuando ya habían surgido escenarios emergentes en el propio Camagüey con mejor calidad de playa. ¿Cómo podía resurgir Santa Lucía? Y Turismo Azul planteaba una manera diferente de ver el turismo y también integraba fortalezas que tiene Santa Lucía que no la tiene ningún otro polo. Santa Lucía es única, además de playas arenosas tiene lagunas costeras bajo regulación salinera, tiene yacimientos de fangos, uno de los peloides mineromedicinales mejores de Cuba, y la Thalassia, un pasto marino con múltiples potencialidades”.

¿Cómo llega el proyecto Thalassia? Este proyecto tiene como sitio de intervención a Santa Lucía por la abundancia que tiene este ecosistema, “en Santa Lucía la Thalassia testudinum reina y lo que es una fortaleza hoy para el ecosistema se ha visto a lo largo de la historia como una debilidad, es un problema porque los turistas no quieren una zona de baño donde haya vegetación”. 

“De la mano del proyecto Thalassia nos llegó un conocimiento adicional, profundo y consolidado, hablo de las propiedades reales que tiene esa planta superior, cuyos usos son muy diversos. Thalassia necesitaba no solo monitorear el ecosistema para saber el tamaño de las hojas, evaluar la estacionalidad del extracto, sino también que Santa Lucía empezara a cambiar la mentalidad y la mirada que tenía hacia el ecosistema y ahí fue que decidimos que si uníamos fuerzas los impactos serían mayores, no había otro camino. Siempre lo digo con mucho orgullo: la línea que divide a Turismo Azul de Thalassia es cada vez más fina, porque cada proyecto le ha aportado riqueza al otro, aprendimos mucho de Thalassia y ese conocimiento nos ha permitido consolidar la creación de capacidades donde el turismo azul tiene que tener incorporada la dimensión del uso sostenible de esas praderas, y poder usar la Thalassia no solo para posibles fármacos, sino también para desarrollar una línea de cosmética natural.

Por tanto, la Thalassia mirando al futuro se va a convertir en una gran oportunidad para el desarrollo de Santa Lucía. La creación de círculos de interés con sus programas, la creación de capacidades en grupos meta están demostrando que hoy la mirada hacia la Thalassia no es la misma. Estos dos proyectos están trabajando para lograr ese cambio de mentalidad”. 

Si algo ha demostrado Rebeca es que los proyectos cuando unen voluntades multiplican su impacto y que desde las más disímiles profesiones se puede aportar para hacer realidad las metas comunes. Hoy Rebeca está en busca de otro sueño, de una meta personal que va más allá de un título y que demuestra su dedicación a la ciencia. Risueña nos cuenta: “Ahora estoy en un tema muy complicado porque me ha dado por hacerme doctora a esta edad, pero lo he asumido como una meta personal y profesional y un compromiso, por tanto, cuando no estoy en el CIMAC estoy trabajando gobernanza climática para mi tesis doctoral”. La experiencia de esta geógrafa de vocación, quien con cada proyecto ha ampliado sus horizontes, le permite afirmar que: “Hay algo que siempre he pensado: el conocimiento te hace rico personalmente, pero tiene también que hacerte humilde, sencillo, afectivo, coherente y familiar, y eso es lo que al final van a reconocer a lo largo de tu vida, esa es tu huella”.

Define su día a día como una cubana típica, familiar y que gusta de ver alguna serie cuando su apretada agenda se lo permite. Cuenta con el apoyo de su esposo, su papá y sus hijos, una familia muy ligada a la investigación y a la docencia. “Siempre les digo a mis hijos que si algo he podido legarles es el amor a la profesión por encima de todo, porque aún hoy, ya jubilada y recontratada, si me dieran a llenar nuevamente una boleta para estudiar en la universidad volvería a llenar diez veces geografía, pues siempre ha sido y será mi vocación. Lo que logré como geógrafa, mucho o poco, ha sido mi aporte desde el corazón”.


3 comentarios:

  1. Éxitos Rebeca, oronto se hará realidad tu sueño, defender tu tesis doctoral. Te aseguro que será un éxito porque tú constancia y amor por lo que haces, harán que lo logres sin dificultad.

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  2. Saludos Rebeca. Me ha gustado mucho tú relatoria sobre tú vida y la pasión que has dedicado en la profesión que desempñas aún cómo geografa. Te deseo que sigas cosechando muchos éxitos en esta profesión a la que has dedicado casi toda tu vida. Mis felicitaciones 👏 y bendiciones para ti y tu familia también. Y en el poco tiempo que tuve la ocasión de trabajar juntos pués aprendí mucho de tu trabajo.

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  3. Muchas felicidades para Rebequita le deseamos Pequeco y familia 👍 👩‍👦 👍

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