Por Dailene Dovale de la Cruz
Cada noche acaricio mi vientre antes de dormir. Repito las palabras de amor y cariño, le cuento a esa criaturita indefensa dentro de mí la lista enorme de personas que esperan su arribo.
Fabio David aún no nace, pero entre él y yo ya hay un vínculo que atesoro. Se trata de la ternura que siento al imaginarlo, del cariño con que le hablo del mañana, a pesar de las dificultades que cada día ponen trabas a la felicidad cotidiana.
A pesar de todo, con el niño que crece dentro de mí me atrevo a imaginar un futuro. Tiene que exisitir uno, para las niñas y los niños que vinieron sin pedirlo a una Cuba de crisis, escasez y solidaridad. Como me atrevo a soñar, imagino también cómo será esta personita en gestación.
