Por Gabriela Milena Padrón Morejón, Mayra Fátima Amador Cambas y Aime Sosa Pompa.
Dicen que la lluvia bendice las tierras y los corazones, y por eso nos acompañó este sábado desde que amaneció en La Habana y también en Caimito, Artemisa; como si la tierra quisiera anunciar que nada sería sencillo.
Como si alguien hubiera escuchado los suspiros de Sara, el sol nos permitió un paseo por la finca. Allí, entre postes que se habían rendido al aguacero y lonas rescatadas de la madrugada, el primer Encuentro de Saberes del Proyecto de Desarrollo Local Alevines Carcache se alzó como un pequeño milagro.
El equipo de la Editorial de la Mujer compartió con entusiasmo este evento liderado por Sara Carcache, conocida con respeto como La Patrona de Caimito, que reunió a un auditorio mayoritariamente femenino.
Participaron profesores y estudiantes de la Universidad de Artemisa, documentando todo para un portafolio de evidencias, junto al respaldo del Centro Universitario Municipal (CUM) en Caimito y la Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC).
Este primer taller del proyecto representó un hito tras años de esfuerzo y dificultades. Sara Carcache describió ese momento como la superación de una etapa de estancamiento: "Ya, como dicen los guajiros, rompimos la inercia." Este logro, según nos contó después muy cerca de donde nadaban los alevines, fue el resultado de una perseverancia inquebrantable frente a muchos obstáculos, guiada por la convicción de que era un proyecto deseado desde hacía aproximadamente tres años.
Para enfrentarse en cuerpo y alma a los contratiempos está Sara La Patrona. Horas antes, una fuerte lluvia inundó el terreno, no pudo hacerse parte del montaje y estaba sin electricidad la zona.
Sara relató la angustia de esa noche: "Sí lloré, lloré de decepción, de amargura, lloré de días intensos de trabajo porque todo saliera bien bonito". A pesar de la adversidad, continuó trabajando hasta altas horas de la madrugada para garantizar que el taller se llevara a cabo.
Y se pudo. El proyecto Alevines Carcache se define como una iniciativa abarcadora y en constante evolución, que ha tenido que adaptarse a un contexto socioeconómico cambiante.
La propia Sara explicó que, aunque el proyecto se diseñó hace tres años, las condiciones actuales, marcadas por un bloqueo recrudecido, han obligado a replantear estrategias.
En sus palabras, el proyecto "es ambicioso y busca integrar la ceba de peces en la presa La Coronela con el apadrinamiento de la colindante escuela de remo y canotaje, siempre manteniendo el uso deportivo de la presa.
Más allá de la producción acuícola, el proyecto tiene un fuerte componente social y comunitario, enfocado en el empoderamiento femenino y la mejora de la calidad de vida en zonas vulnerables.
Sara detalló que la iniciativa incluye la creación de una loza sanitaria para la matanza legalizada de animales y la gestión de dos bodegas para la circunscripción 13 de Costa Norte. El objetivo es claro: "ofrecer mejor calidad de vida a esas personas que viven un poco más intrincado y que tienen una situación de vulnerabilidad".
El testimonio de Milay Sierra Castillo, artesana y gestora cultural de Caimito, aporta una perspectiva complementaria sobre el valor del acompañamiento entre mujeres.
"Yo me siento como si fuera yo misma. Como si fuera parte de mi casa". Su visión sobre la sororidad es clara: "Las mujeres somos más fuertes. Somos más persistentes, te sientes apoyada, porque es tu mismo género".
Además, vislumbra nuevas alianzas, como vincular la artesanía con las materias primas del territorio, y deja un mensaje contundente: "Las mujeres no tenemos límites. Mucho horizonte, que hagamos todo lo que queramos, sin límites".
La estudiante Marisol González Rodríguez, de la carrera de Gestión Superior en Innovación Agraria, ofrece la perspectiva de una generación que se suma al proyecto.
Para ella, estudiar esta carrera en el contexto actual es crucial: "nuestro país está pasando por una situación difícil y entonces este técnico superior de Innovación Agraria es muy importante porque nos ayuda a incrementar la agricultura en la localidad".
Sobre Sara, no escatimó elogios: "es una insignia de Caimito, es una representación del empoderamiento femenino, es un ejemplo de la mujer cubana, de verdad que sí".
Conocemos a Sara desde su dimensión más personal, y no podemos ocultar nuestra admiración porque su tenacidad revela el profundo costo humano de su liderazgo y el motor que la impulsa.
Su rol como cuidadora de su madre anciana y su vínculo con sus hijas y, sobre todo, con su nieta, son una fuente de amor". De esta misma fortaleza familiar y del legado de mujeres como Mariana Grajales, Celia, Haydee y Vilma, nos deja un mensaje final: "Creo que no porque seamos mujeres seamos menos, la mujer ha sabido siempre crecerse ante las dificultades. Si yo lo puedo hacer, yo creo que todas podemos".
La Editorial de la Mujer continuará visibilizando el liderazgo femenino rural y el diálogo de saberes entre las academias y las comunidades. En próximos reportajes ofreceremos más vivencias de este momento, en nuestro proyecto la Casa Violeta; como ejemplo de cuánto hacen las mujeres rurales en la Cuba de hoy, creciendo y persistiendo junto a la tierra que nos sigue enamorando.


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