Por Yamylé Fernández Rodríguez
Fotos: de la autora y tomadas de internet
Garantizar una vejez activa, digna y acompañada por la comprensión familiar constituye uno de los principales retos para las mujeres, especialmente en una sociedad cada vez más envejecida, tal y como sucede hoy en Cuba.
En opinión de la doctora Yoanne Fonseca Rodríguez, especialista de Primer Grado en Geriatría y Gerontología del Servicio Provincial de Geriatría del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Amalia Simoni, en Camagüey, entre las cuestiones que actualmente enfrenta de manera silenciosa este grupo poblacional está la sobrecarga psicológica, pues no son pocas las adultas mayores de 60 años de edad que se han convertido en cuidadoras de otros ancianos, incluso de sus padres longevos, así como de nietos cuyos progenitores han emigrado o por otros motivos.
“Esta situación representa un desafío porque además de todos los cambios propios de la tercera edad en la mujer -que no son pocos al ocurrir transformaciones a nivel fisiológico y psicológico- se encargan de otra responsabilidad más.
“Muchas veces esta es una las causas fundamentales de que surja en ellas el síndrome de la sobrecarga del cuidador, lo que afecta el fenómeno normal del envejecimiento porque entonces esa mujer tiene algo más que agregarle a su organismo que ya se encuentra en un proceso de involución.
“Esto ocasiona que sean más frecuentes los episodios depresivos y ansiosos y otras dinámicas desde el punto de vista psicológico que resultan fundamentales, porque no se trata solo de tener en cuenta el aspecto biológico que ocurre normalmente como parte del envejecimiento, sino también del componente psicológico.
“Estas mujeres llegan a verse muy afectadas al ocupar dichos roles y en varios casos no tienen ayuda externa al no recibir apoyo de otros familiares y muchas veces socialmente tampoco encuentran cómo solucionar gran parte de estos problemas, lo que provoca que la sobrecarga psicológica sea mayor”.
A la conversación se sumó la doctora Leonor Porto Franco, especialista de Primer Grado en Geriatría y Gerontología, especialista en Medicina Familiar y Máster en Longevidad Satisfactoria y en Neuropsicología Clínica y Educativa, quien enfatizó en la importancia del entorno familiar para la salud emocional de la adulta mayor, en tanto subrayó que uno de los principales retos consiste en aprender a prepararse para el envejecimiento.
“Hay que tener la percepción de que no es entrar al envejecimiento, sino preparase para transitar por esa etapa de la vida y desgraciadamente nos falta esa cultura de preparación. Aquí las mujeres nos creemos -y me incluyo- que vamos a ser eternamente jóvenes y bellas, activas y “todopoderosas”, y no es así.
“El éxito está en la capacidad y en la creación de herramientas que nos faciliten asumir los cambios de roles durante ese período de tiempo en el que pasas por ser esposa, madre, hija, suegra, abuela, o sea, que todo eso tiene una serie de valores específicos y un peso específico que tenemos que asumir, pero debemos hacerlo con inteligencia y con una capacidad de resiliencia que permita afrontar todos los cambios de manera que no nos enfermemos.
“Hoy por hoy generalmente las parejas jóvenes dicen “vamos a dejarle el niño a abuela” y es cierto que la vida está intensa, pero es que esa no es la solución del problema porque la abuela también necesita vivir y no solamente está para cuidar al niño ni para ir a comprar los mandados cuando puede.
“La familia tiene que aprender a respetar las edades y los roles. Los abuelos y, específicamente la abuela, está para disfrutar y ayudar en la crianza de los nietos, pero no para criarlos y eso se ha confundido eternamente en la sociedad cubana.
“La mujer adulta mayor que todavía está activa se puede reincorporar a trabajar, sentirse útil, seguir aportando a la sociedad y a la familia, pero si la misma familia no se lo permite porque la ahoga en el rol de mujer jubilada que tiene que dedicarse a las cosas del hogar, entonces esa señora se asfixia en todos estos problemas y al final se enferma, y es ella misma quien debe poner freno.
“Siempre he dicho que la persona para que sea respetada y querida tiene que respetarse y quererse a sí misma primero para que después la respeten y la quieran. No se puede dar amor sin recibir amor, por lo que la mujer tiene que asumir su edad con responsabilidad”.
En opinión de la también profesora auxiliar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey, más allá de las obligaciones domésticas la adulta mayor debe reservar tiempo para sí misma como un elemento esencial para preservar su salud mental y para ello existen varias técnicas que ayudan a “refrescar”.
“Hay que aprender a meditar, hacer ejercicios físicos y respiratorios, porque cuando estamos muy tensa esos ejercicios alivian el estrés y nos sentimos mejor. Hay que buscar espacios para el disfrute personal porque cuando comenzamos a arrastrar estrés, sensaciones de abandono, carencias, necesidades económicas, espirituales y no somos capaces de crear esos momentos para nosotras mismas podemos enfermarnos y no estamos hablando de la hipertensión y la diabetes, sino de enfermedades psicosomáticas, trastornos de ansiedad, trastornos del sueño y depresiones que dañan de igual manera que las otras enfermedades”.
Por otra parte, la doctora Porto Franco subrayó que el amor y las relaciones de pareja no desaparecen con la edad y defendió el derecho de las personas mayores a enamorarse, establecer nuevas relaciones y disfrutar plenamente de su vida afectiva, libres de estigmas sociales.
“Todo el mundo tiene derecho al amor y no solamente al amor espiritual, sino al amor de pareja, carnal, sexual, porque la persona envejece, pero uno nace y muere con un sexo identificado y la sexualidad se expresa en la conducta diaria, no solamente en la relación íntima, y las relaciones sexuales entre las personas mayores no tienen que estar restringidas a la penetración.
“La relación sexual puede tener toda la capacidad de fantasía que pueda tener la pareja y eso no tiene límites. Todo lo que ocurra en una pareja es válido y es permitido siempre y cuando sea consensuado y proporcione placer a las dos partes. Claro que existe amor a esta edad y tengo pacientes que han venido a mi consulta porque se van a casar. O sea, que eso no debe ser un problema”.
En sentido general ambas especialistas exhortaron a desterrar prejuicios y estereotipos que persisten en relación con el envejecimiento femenino y reiteraron que muchas de las mujeres mayores de 60 años de edad que cuidan hoy a integrantes de sus familias también necesitan ser cuidadas y autocuidarse.
Es este un tema en el que aún quedan aristas por tratar, sin embargo algo sí resulta clave y es que el apoyo familiar, el respeto y las oportunidades para el bienestar personal son decisivos para que el envejecimiento femenino transcurra con mayor calidad de vida, bienestar y dignidad.
Vea además: https://mujeresfmc.blogspot.com/2026/10/desafios-del-envejecimiento-femenino-en.html?m=1




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