Por Marilys Suárez Moreno
Un infante emocionalmente saludable es alegre, juega, corre, ríe, tiene buen apetito y duerme bien. Estos niños y niñas se adaptan al medio y comparten con el resto, diferentes actividades, las que realizan con alegría y entusiasmo.
Otra cosa sucede cuando los padres y madres encuentran algún tipo de alteración en la conducta, tales como tristeza, aburrimiento, agresividad, exceso de timidez, desgano, apatía y hasta mal dormir.
No conocen las causas que las motivan, pues aparentemente el niño o niña no se ve enfermo, pero ese tipo de alteración de la conducta infantil se asocia por lo general a alguna situación que debe llamar nuestra atención o a errores en la educación y crianza.
