miércoles, 12 de agosto de 2026

Fidel y la revolución de las cubanas: gratitud infinita a quien cambió nuestro destino





Por Aime Sosa Pompa e Isel Quintana Freyre

En todas las etapas de la lucha revolucionaria, las cubanas contamos con la confianza, la comprensión y la guía de Fidel. Así lo recordó Yolanda Ferrer, fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), durante su intervención en el foro “Fidel y la Revolución de las Mujeres”, como un recorrido emocionante por décadas de lucha, conquistas y amor a la patria, conducido por la voz de quien vivió cada batalla desde la primera línea.

En el marco del I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”, su ponencia, titulada “Fidel y la Revolución de las cubanas en la Revolución Socialista”, Ferrer comenzó agradeciendo a la organización de mujeres por la posibilidad de participar en un espacio que, más que recordar, reafirma el compromiso de las cubanas con los tiempos que vivimos. 

Enseguida trazó la esencia del legado fidelista: "Como parte de su concepción revolucionaria y de su afán por conquistar toda la justicia, también fue una prioridad para él poner fin a la discriminación de las mujeres". Esa convicción acompañó a Fidel desde el Moncada, cuando defendió su derecho de combatir junto a sus compañeros, y se consolidó en la Sierra Maestra, donde venció resistencias para crear el pelotón Mariana Grajales y entrenó personalmente a aquellas muchachas que demostraron, como dijo él, que "nunca fue puesto en lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana".

El triunfo de 1959 fue el disparador de una transformación radical. En su primer discurso al pueblo desde Santiago de Cuba, Fidel señaló entre las prioridades poner fin a la discriminación de la mujer, a la que calificó como "víctima de la discriminación en el trabajo y en muchos otros aspectos de la vida". 

Eran entonces las más discriminadas entre los discriminados: solo el 12 % de la fuerza laboral, mayoritariamente en el servicio doméstico, con altos índices de analfabetismo y unas cien mil mujeres sin otra salida que la prostitución. La Revolución les abrió las puertas y ellas no dudaron en cruzarlas.

La fundación de la, FMC el 23 de agosto de 1960, fue un proceso impulsado por las propias mujeres y acompañado de cerca por Fidel. 

"Unidas en esa palabra, cubanas, y unidas en esa bandera que llevan en sus manos", dijo entonces el Comandante, subrayando que aquella unificación constituía "una fuerza entusiasta, una fuerza numerosa, una fuerza grande y una fuerza decisiva para nuestra revolución". 

Vilma Espín, con inteligencia, valentía y audacia, condujo esa revolución dentro de la Revolución, y Fidel le asignó tareas concretas: estudiar los problemas de las mujeres, crear círculos infantiles, organizar a las campesinas, preparar a las muchachas que ni trabajaban ni estudiaban, y constituir la organización en cada rincón del país.

Ferrer destacó la genialidad de Fidel para involucrar a todos los cuadros del Partido, el Estado y el Gobierno en la batalla por la igualdad. No se trataba de una lucha sectorial, sino de un compromiso de toda la sociedad. "Nosotros creemos que esta lucha contra la discriminación de la mujer, que esta lucha por la igualdad de la mujer y por la integración de la mujer debe realizarla toda la sociedad", afirmó Fidel en 1974, y añadió: "Tienen que luchar juntos mujeres y hombres. Tienen que tomar conciencia seria y profundamente las mujeres y los hombres". 

Esa concepción integral, que vinculaba teoría y práctica, permitió que el concepto de lo femenino y lo masculino se transformara en Cuba de la mano de Fidel y de Vilma.

La ponencia recorrió hitos imborrables: la creación de las escuelas de campesinas Ana Betancourt, por donde pasaron unas 110 mil muchachas; la irrupción de las mujeres en oficios no tradicionales; la incorporación masiva a las milicias y la creación del servicio militar voluntario femenino; la partida de las artilleras hacia Angola, que Fidel despidió calificando aquella misión como "una necesidad moral, una necesidad revolucionaria". 

En cada congreso, en cada plenaria, Fidel estudiaba los documentos, escuchaba a las federadas y debatía con ellas los problemas más complejos, desde la necesidad de que los hombres compartieran el cuidado de los hijos hospitalizados hasta los desafíos del empleo en los nuevos contextos económicos.

En 1990, cuando se iniciaba el período especial, Fidel alertó sobre las dificultades que se avecinaban y convocó a las mujeres a guardar la ropa elegante porque los tiempos cambiarían. Pero también aseguró: "La lucha por la igualdad de la mujer en todos los aspectos es tarea prioritaria de nuestro partido (...), fue, es y será tarea prioritaria de nuestra revolución".

En el mensaje del 8 de marzo de 1997, sintetizó lo que todo el pueblo sabe: "Sin la mujer, la obra ingente de la revolución no habría sido posible. (...) Nadie como ella ha hecho los mayores sacrificios en el período especial que estamos aún viviendo, ni se ha empinado tanto hasta convertir en hazaña el esfuerzo cotidiano".

Yolanda Ferrer cerró su intervención con las palabras que Vilma envió a Fidel en su 70 cumpleaños y que hoy, en su centenario, resuenan con más fuerza que nunca: "¿Qué hubiera sido de nosotras, de nosotros sin ti, Fidel? (...) De ti recibimos el fuego de la revolución y siempre unidos, hombres y mujeres de hoy y del mañana, sabremos mantener y transmitir tu llamarada".

La ponencia de Yolanda Ferrer no fue solo una evocación histórica, sino un acto de amor y de compromiso. 

Las cubanas, que vieron transformado su destino gracias a la visión de Fidel y al trabajo incansable de Vilma, ratifican hoy que la revolución de las mujeres sigue su marcha, con la misma certeza de que la igualdad no se mendiga, se conquista. Y se defiende, cada día, con la fuerza de quienes saben que sin ellas no hay patria, ni Revolución, ni futuro.

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