Por Marilys Suárez Moreno
Nacida en Santiago de Cuba, el 12 de julio de 1815 a Mariana Grajales Coello le tocó vivir una época de hiriente hostilidad e inhumana represión contra los de su raza. La que sería con el decurso de los años tronco fecundo de la familia Maceo-Grajales, fue una mujer de recia solidez cívica y extraordinario sentido de la dignidad.
El cuidado de su numerosa familia no apagó en ella sus preocupaciones por la situación del país. Le atormentaba la esclavitud que veía en su entorno y la lucha por la independencia que se gestaba ya.
Evocarla reclama de cada quien no solo la más merecida reverencia, sino el reconocimiento a una mujer que estuvo en los campos de batalla, en pie de guerra durante 10 años de encarnizada contienda por la independencia.
De verbo atinado y oportuno, “verdadera maestra”, según la fallecida historiadora Leyda Oquendo, a Mariana se le recuerda no solo por ser la progenitora de los aguerridos Maceo, sino también porque representaba el prototipo nacional de nuestra mujer heroica, ejemplo de virtud, abnegación y patriotismo.
Por Ley de la República de Cuba fue denominada "Madre de la Patria", aunque desde mucho antes el pueblo la había proclamado como tal. Parió 13 hijos, 10 de los cuales los ofreció a la causa redentora como bravos guerreros. Ellos, los Maceo-Grajales, heredaron de la madre admirable su intransigencia ante las debilidades inaceptables.
Cuando algunos jefes y miembros del gobierno y la Cámara de la República en armas, minados por el desaliento, la desorganización y el regionalismo perdieron la fe y pactaron con el enemigo, su hijo Antonio Maceo y otros prestigiosos caudillos expresaron su decisión de continuar peleando. Obligados por las circunstancias, tuvieron que partir al exilio. Mariana junto con Antonio, su esposa María Cabrales, y el resto de su prole, marcharon a Jamaica donde se establecieron.
En su exilio de Jamaica, Mariana se unió a su familia en la ingente labor de crear los clubes patrióticos. Allí falleció el 27 de noviembre de 1893 esa mujer inmensa que Cuba honra y que formó combatientes adalides de la causa independentista.
“Ella, la madre que acabo de perder, me honra con su memoria de virtuosa matrona”, escribiría Antonio en respuesta a una carta de Martí, quien había manifestado siempre su devoción por ella.
En semblanza escrita en el periódico Patria, expresó el Apóstol. “Patria en la corona que deja en la tumba de Mariana, Maceo, pone una palabra: ¡Madre!”

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