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Artículo escrito a partir de la transcripción de la conferencia magistral impartida por la escritora y periodista cubana, Katiuska Blanco Castiñeira, el 14 de enero del 2026 en el espacio Cátedra de Estudios Históricos del Centro Fidel Castro Ruz, que durante todo el 2026 estará recordando la vida y obra del Comandante en Jefe en el año de su Centenario.
Fidel Castro Ruz: 1926-1945
Por Katiuska Blanco Castiñeira
Aproximaciones
Siempre me preguntan, ¿cuál es el libro que hay que leer? Yo les sugiero: “A quien hay que leer en primer lugar es al propio Fidel”. Porque en todos los discursos, recuentos, crónicas, cartas, manifiestos y reflexiones, Fidel da señales y explica el recorrido de su vida, los fundamentos, las causas y el carácter justo y noble de sus luchas. Pero también hay que leer los libros de otros autores.
Si alguien quiere conocer bien a Fidel, tiene que leer todo lo anterior, y además leer a filósofos como Fernando Martínez Heredia y Armando Hart, a biógrafos como Reginaldo Ustariz Arze, George Galloway, Claudia Furiatti, Sebastian Balfour, Roniwalter Jatobá,Tad Szulc, Volker Skierka, Nestor Kohan y Lionel Martin; a historiadores y periodistas como Arturo Alape, Heberto Norman y Pedro Álvarez Tabío, a Marta Rojas, Mario Mencía, Luis Báez, Aldo Isidrón, Ciro Bianchi, Luis M. Busch, Reinaldo Suárez y Manuel Pevida Pupo, por solo mencionar algunos; leer o ver las entrevistas concedidas por Fidel a cineastas y realizadores de televisión o reporteros de prensa, a Lee Jonathan Lockwood y Saúl Landau, o al egipcio Simon Malley, a Dan Rather, Barbara Walters, María Shriver, Jacobo Sabludovsky y tantos otros.
En fin, a numerosos autores de biografías, relatos históricos y entrevistas, de una lista extensísima. Conversaciones en La Habana, de Alfredo Conde, es un título poco mencionado y para mí constituye una verdadera joya literaria.
Tesoro
Entonces, como les decía ¿por qué Fidel lo hace? Fidel dice que en su casa había acumulada una determinada cantidad de riqueza. No era tanta como la gente se imagina. El viejo tuvo muchas deudas y pasó por momentos difíciles realmente.
Una vez me preguntaron en Birán, ¿cuál era el tesoro que don Ángel tenía allí? Algunos lo afirmaban. Y les respondí: sí, tenía un tesoro: sus hijos, los cedros humanos que plantó, que -amalgamados con el pueblo, es decir, como parte de él- le cambiaron el curso a la historia del país que a su vez Ángel creía iba a cambiar su destino. Ese es también un círculo que se cierra en la historia.
Hambre física
Entonces, por ejemplo, cuando Fidel va para Santiago de Cuba, a la casa de las maestras, además de todo lo que les mencioné, Fidel recibe algo, la experiencia de vida quizás más definitoria para colocarlo al lado de los humildes; allí pasó hambre física. Yo digo: no es solo hambre emocional.
El techo de la casa donde fueron a vivir en El Tivolí, estaba en muy malas condiciones, y goteaba en días de lluvia, en tal sentido, la casa padecía desolación. Él no era consciente ni del hambre física, ni de la tristeza que lo invadía.
Él percibía que anteriormente, estando en Birán, nunca sentía deseos de comer, ni apetito. Siempre andaba comiéndo maíz asado y harina con azúcar en los bohíos de los haitianos. O en su casa, dulces en almíbar enlatados.
Su mamá le peleaba a él y a sus hermanos, porque después no almorzaban. Pero en Santiago, a él la comida se le convirtió en algo prodigioso y en una especie de obsesión. No dejaba de pensar todo el tiempo en esta. Y era porque estaba pasando hambre. Estuvo en el lugar de los que no tienen un bocado para alimentarse. Pinchaba -se lo contó a Frei Betto-, el último granito de arroz en el plato.
Eso coloca a Fidel al lado de los pobres, de manera, pudiéramos decir, de hecho, de experiencia vívida. Pero por otra parte y antes de todo esto, en su casa de Birán, a pesar de que su papá había acumulado cierta cantidad de riqueza y cierta posición como hacendado, en su casa no existía una cultura excluyente. No había una cultura aristocrática.
Él decía, reivindico mi carácter de nieto de labriegos, campesinos. Y además como el lugar era tan aislado, tampoco existió la oportunidad de crear en la familia y en ellos como sus hijos, una posición en la cual, compartieran con hacendados y sus familias de un mismo nivel económico, lo cual habría llevado, eso lo explica él en Conversaciones en La Habana, habría llevado a que ellos tuvieran un ámbito que los alejara de la gente común, de los vaqueros, de los trabajadores, del lechero, del que ha ordeñado las vacas en los bajos de la casa. No ocurrió así.
Él se percataba de que sus amigos en Birán siempre tenían apetito y les escaseaba la ropa, pero aún no podía comprender por qué sucedía eso, lo cierto es que siendo hijo del hacendado nunca lo separaron o alejaron de ellos.
En su casa nunca existió ese tipo de relacionamiento excluyente. Algo esencial que define la vida de Fidel al lado de los que no tienen nada. Luego -y eso también lo explica él mismo- va a la escuelita rural -de formación patriótica-, los colegios religiosos, ustedes saben que primero va al de los hermanos franceses de La Salle, donde mejora también su francés, y luego a Dolores, de los jesuitas españoles, que tienen un rol determinante en la forja del carácter y la preparación de Fidel, ya incluso científica, porque acordémonos que quienes disponían de observatorios meteorológicos en Cuba, eran precisamente los hermanos jesuitas en Santiago y en La Habana.
Sin embargo, en tales instituciones, a las que asisten hijos de las clases privilegiadas, percibe y vive con más nitidez las diferencias sociales, pero no a su favor, sino por el contrario.
Huracanes
Conversaba hace unos días con el profesor Luis Enrique Ramos, historiador de la Meteorología en Cuba… de toda la teoría de los huracanes en nuestro archipiélago y el Caribe, el primero que la enuncia, que los denomina, es un padre jesuita español Benito Carlos José Viñes Martorell del siglo XIX y de quien le hablaban a Fidel en el Colegio Belén. Fidel recibe por esa vía otra vertiente de lo que él mismo es, en el sentido integral de su personalidad.
Y lo que hace que Fidel supere la visión antropocéntrica tradicional tiene que ver con su amor y conocimiento de la naturaleza, porque Fidel es un ser que se preocupa no sólo por la humanidad, sino por la naturaleza que nos circunda y analiza como imprescindible una relación armónica entre humanidad y naturaleza. Fidel se encuentra en la vanguardia de quienes, a nivel internacional, responsabilizan al sistema capitalista del cambio climático y del probable colapso climático.
Fíjense que distingo, son fenómenos y procesos interrelacionados pero diferentes. Un investigador mexicano, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, John Saxe Fernández, describe muy bien la postura de Fidel, en un libro titulado Yo soy Fidel que agrupa artículos sobre el Comandante de intelectuales de toda nuestra América, pero en especial que está prologado por el compañero Roberto Fernández Retamar, el gran, el ilustre, intelectual, con quien Fidel tuvo también una relación muy especial.
Un día, me acuerdo que estando en la Asamblea Nacional, Fidel polemizó sobre unos versos, creo que eran de Gustavo Adolfo Bécquer, con Retamar. Y bueno, mandaron a preguntar a las secretarias que se encontraban en sus oficinas en el propio Palacio de las Convenciones.
Siempre estábamos allí, veíamos las sesiones por televisores y mandaron a preguntar. Quien tenía razón era Retamar. Y entonces, le llevan a Fidel la noticia públicamente y Fidel expresa: “nada más se me ocurre a mí polemizar con un poeta”. Nunca olvido ese pasaje, ambos se tenían un gran respeto. Entonces, bueno, para no desviarnos, aunque la poética, esa es otra vertiente, se dice que Fidel, en el discurso de 1992, en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, al expresar sus ideas, se coloca está en la vanguardia de los que atribuyen al sistema capitalista todo lo que le ocurre a la humanidad, los peligros, los desafíos que estamos viviendo.
Y, por supuesto, lo estamos viviendo ahora mismo también en la forma brutal a la que ha llevado, no ya el capitalismo, sino el neoliberalismo, que es liberalismo extremo, brutal en exceso.
La brutalidad es parte de toda la historia imperialista, incluso después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y creada la Organización de las Naciones Unidas. Fue brutal el ataque del 3 de enero, eslabón más reciente de hechos precedentes: asesinato de Patricio Lumumba en el Congo, invasión a Vietnam, Girón, Crisis de Octubre, invasión a República Dominicana, patrocinio de dictaduras en Sudamérica, guerra en Centroamérica, invasiones a Granada, Panamá, Iraq, Afganistán y más recientemente a Yugoslavia, como actos brutales. Fidel lo señaló en 1999, que la agresión a Yugoslavia barría el derecho internacional y creaba un nefasto precedente en nuestro tiempo.
Ese mismo año, en una cumbre Unión Europea, América Latina, Fidel emplaza a los europeos diciendo, bueno, qué ocurriría si ese mismo conflicto tiene lugar en nuestra América, cuál es la posición de los países de Europa, de la OTAN.
Estamos viendo la situación en Palestina, el genocidio en Palestina, la absoluta impunidad de Estados Unidos e Israel y la absoluta inoperancia de la ONU. Y, por último, lo acontecido en Venezuela. Además de amenazas a México, Panamá, Canadá, Groenlandia.
Es decir, que incluso cuando hablamos del quiebre de todo el sistema de las Naciones Unidas, siempre hay antecedentes que señalan que no había realmente tanto orden ni tanta legalidad en este mundo en el cual vivimos. Que siempre que el capitalismo o el imperialismo lo necesitó, barrió, así como con una escoba, con todas las formas, con todas las instituciones, con todas las leyes, con todo lo que no respondiera a sus intereses y eso lo hace el fascismo.
Eso es lo que hace el fascismo. Se guardan en un bolsillo todas las llamadas instituciones democráticas burguesas. Eso lo dijo Fidel en sus discursos mientras visitaba Chile. Y si ustedes estudian esos discursos, ya desde entonces Fidel hace un análisis del fascismo, de lo que implica el fascismo.
Fanon fue crítico del humanismo liberal, sostuvo que no se puede condenar la violencia sin ver sus causas. Frente al colonialismo, la revolución crea una nueva humanidad. Fidel y la Revolución cubano se constituyen en ejemplo de esa nueva humanidad anticolonial, antimperialista, antibelicista, pero con las armas en la mano si los opresores no dejan otro camino.
Entonces, para volver a 1926-1945, Fidel pasa por las enseñanzas, además de manera muy, pudiéramos decir que es muy importante, muy trascendente, las enseñanzas de los colegios religiosos.
En este período las lecturas son trascendentes, pero solo para abordar esa arista sería necesaria otra extensa conferencia. En todas las religiones hay valores, independientemente de que en algún momento de la historia hayan tenido pasajes oscuros, por ejemplo, como la Inquisición en la Iglesia Católica.
Fidel coincidía con la doctrina social de la iglesia, con la preocupación por los pobres, con hacer del reino de este al mundo un reino de los cielos anticipado.
Era crítico de la escolástica de la religión, era crítico de la enseñanza que pondera el castigo o asume un destino trágico para el que peca. Sometía a crítica la misma visión de qué significaba pecar o sobre lo que se consideraba como pecado.
Por su amplísima erudición, Fidel Castro es una opinión de peso. Fidel es un anti dogmático por excelencia. En el encuentro Diálogo de Civilizaciones que tuvo lugar en Cuba, en mayo del 2005 consideró que todas las civilizaciones aportan valores y también que hay en el desarrollo de las civilizaciones antivalores que deben ser sometidos a crítica, que deben ser abordados y denunciados.
Estoy parafraseando, por supuesto. Sobre la enseñanza en los colegios religiosos tiene críticas referidas, por ejemplo, a la denominada por él, pedagogía de la separación que obligaba a separar a los muchachos y muchachas, pero al mismo tiempo reconoce en la carta escrita desde el Presidio, el 12 de febrero de 1954: “…sí voy a decir que la disciplina era buena, el crear hábitos de disciplina, de estudiar. Y, sobre todo, no estoy en contra del tipo de vida, con cierto sentido espartano, que tiene la enseñanza que yo recibí como interno de los jesuitas”.
Ese sentido de vida espartano es el de su propia existencia, el que puso en práctica desde el principio como luchador, con una convicción imperturbable, sin el más mínimo devaneo para permitirse frivolidades o vanidad.
Él es, en síntesis, un vivísimo ejemplo de que los jesuitas formaban gente de carácter. Por eso es importante el pensamiento crítico. Entonces, la formación religiosa tiene un peso en Fidel.
La formación de la casa de no mentir, no abusar, no robar, no atropellar, rebelarse contra la injusticia. Toda la estructura moral básica para ser solidario, rebelde, justiciero, la aprende en casa primero, en el seno del hogar y luego la desarrolla en la academia, quiero decir en los colegios religiosos primero, y luego, en la universidad.
Todos esos valores, sentimientos, esencias del ser, las aprende en la casa. Pero después, los religiosos subliman todas las enseñanzas y en el caso de los jesuitas, hacen con Fidel algo muy propio de la orden de San Ignacio de Loyola, que es propiciar la forja del carácter.
Favorecer su disposición resuelta a realizar pruebas difíciles, exploraciones a las colinas, no cejar en los empeños, enfrentar el cansancio, la adversidad, lo difícil y finalmente, vencer.
Un día estuve en un conversatorio con Ravelo, compañero que perteneció a su escolta, compañero de nosotros aquí, y Ravelo decía algo muy importante. Para ser miembro de la escolta lo enviaron primero a cumplir misión internacionalista en Angola, donde se probaba el espíritu resuelto de las cubanas y cubanos. ¿Saben por qué? Y con esto voy a terminar.
Fidel, al final de la guerra, reconoció un cierto momento de nostalgia. Al final de la guerra en la Sierra Maestra. Y hay personas que no han interpretado, por falta de información quizás, correctamente lo que Fidel dijo. Y han aseverado que Fidel era un hombre cuyo medio natural era la guerra. No, no, no, compañeros. Es cierto que de niño se apasionaba con los relatos y creaba juegos en su imaginación donde enfrentaba ejércitos de bolitas de papel, pero al crecer, Fidel fue un decidido antibelicista, estaba en favor de la paz justa, con desarrollo y derechos para todos.
Cuestionaba el gasto de recursos en armas y conflictos, en lugar de ser empleados en el desarrollo, la sanidad, la alimentación de los pueblos. En un momento dado, Fidel se percató de que, si no se asumía frente a la dictadura batistiana, el método de la lucha insurreccional, no iba a ser posible vencerla y mucho menos cambiar el statu quo político y económico de la nación. Y eso lo dice en una carta que escribe en 1954, refiriéndose a su visita a Birán.
Y, al final de la guerra, comprende que es una escuela donde se prueba el temple de los seres humanos, pero, para él, la guerra no era un fin, era el medio que permitía cambiar de manera radical el orden establecido y realizar las profundas transformaciones que necesitaba Cuba en todas las esferas.
Birán es clave porque ahí están las raíces. A mí el compañero Guillermo Cabrera Álvarez una vez me sugirió, cuenta tu aldea y contarás el mundo. Creo que es un viejo proverbio indio. Y parafraseó y me dijo: “Cuenta Birán y contarás a Fidel”. Y tenía razón, fue cuando me propuso escribir un libro sobre Fidel en Birán.
Y argumentó que era la única manera también de que Fidel aceptara el recuento, teniendo en cuenta su modestia y habitual conducta pudorosa en asuntos personales. Fue como una especie de “vamos a hacerle un homenaje a los padres, la familia, los vecinos, los amigos de la infancia, a todos los que incidieron en su formación y luego también, se sumaron a sus luchas”. Así fue como se lo presenté y fue lo que me permitió acceder a sus papeles, como decía él.
Un homenaje a todos en el pequeño poblado. A la familia, a los vecinos. A los que después se convirtieron en escopeteros y apoyaron a Raúl en el Segundo Frente, a quienes por el día eran campesinos y por la noche eran escopeteros de Ramón Castro.
Entonces, con eso les concluyo diciéndoles que no puedo en pocos minutos hacer el recuento de la existencia de Fidel entre 1926 y 1945. Hay que estudiar mucho. Hay que leer mucho.
A veces yo digo, pero cómo... Bueno, una vez me preguntó Fidel: “Katiuska, pero ¿de dónde tú sacaste tanta información?” Y les voy a responder. Él me lo estaba diciendo, porque yo había contado en Todo el tiempo de los cedros una historia de amor a una muchacha en la que él se fijó en una boda en Sao Corona, y él sabía que era cierta. Y entonces yo le digo: “Comandante, es que yo pude conversar con Clara”. ¿Clara vive? Bueno, no sé si está viva todavía en New Jersey.
Él no se imaginaba que yo había podido hablar con su prima Clara, y que ella me había contado aquella historia de Fidel enamorado. Clara era la muchacha que se estaba casando aquel día en Sao Corona. Ella vivía en la casa de Birán junto a ellos; había llegado cuando su mamá Antonia Ruz, hermana de Lina, murió de fiebres puerperales al dar a luz a una niña. Antonia murió por las cosas de ese tiempo en el campo, no había luz en Birán, no había médicos, ni siquiera había iglesia, apenas en alguna temporada la radio, una planta en determinados momentos, porque hay etapas diferentes, ¿me entienden? En ese largo periodo hay cosas distintas que se viven. Entonces, por eso es que es difícil abarcar un tiempo tan amplio. Clara recordaba bien que aquel día de su boda, su primo Fidel había quedado prendado de una muchacha invitada a la celebración del matrimonio.
El contenido moral del socialismo
Espero haberles introducido en el tema. Les recomiendo estudiar y leer a Fidel, porque no solo se aprende, se vuelve uno como con José Martí, una persona mejor, una persona más pura, una persona que se sensibiliza por los demás, que posee innumerables virtudes. Son, en definitiva, las enseñanzas de Fidel. En la ciudad de Tomé, en el frío sur chileno de la región de Bío Bío, el 18 de noviembre de 1971, Fidel definió el contenido moral y humano del socialismo. Entonces señaló:
"Hoy ustedes no trabajan en esas industrias en beneficio de nadie. Hoy ustedes, al igual que los obreros de Lota y Coronel, y al igual que los obreros de Huachipato, trabajan para Chile, trabajan para el pueblo, trabajan para ustedes".
Y ese es en esencia el contenido moral del socialismo: trabajar para el pueblo, trabajar para la patria, trabajar para el hombre y, sobre todo, trabajar para el mañana.
Pero también les voy a confesar que se disfruta, se disfruta muchísimo, porque él es maravilloso en su narrar, en su historia, en su manera de aproximarse a los tiempos. Es, pudiéramos decir, holístico, cuando, por ejemplo, como antes mencioné, analizar el batey de Marcané, no se refiere solo a las relaciones económicas, sino también a las relaciones sociales injustas establecidas casi como si se tratara de algo natural, aborda los sentimientos, la vestimenta, los ademanes de las personas, sus costumbres, tradiciones, temores… Es como cuando empieza a narrar la batalla -la primera de Las Mercedes-, el primer enfrentamiento que detiene en seco a la ofensiva de Batista, cuando Fidel escribe el parte de guerra para Radio Rebelde, se refiere a múltiples aspectos, incluso, a qué se dedicaban económicamente los pobladores de Las Mercedes, ¿entienden? Entonces, es importante tener esa visión multidimensional para analizar.
Y, por supuesto, cuando hablamos, lo hacemos del Fidel que está en la vanguardia de la lucha contra el sistema capitalista hoy, que sigue siendo, que sigue estando en la vanguardia. Fidel va a adquirir dimensiones aún mayores con el paso de los años. Va a ocurrir como con José Martí, es un árbol que crece. Su estatura se agiganta perennemente.
¿Y cómo no iba a comprender la interrelación humanidad-naturaleza, si además de la experiencia vívida, desde los años 60 había leído, por ejemplo, el bestseller Primavera silenciosa, de Rachel Carson; al experto en cultivos de caña de azúcar Roger P. Humbert, quien había realizado sus estudios en sembradíos de la gramínea en Hawái; al italiano Telesforo Bonado,profesor de Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Milán con quien sostuvo un diálogo en la rectoría de la Universidad de La Habana, y al profesor André Voisin, quien llegó invitado a Cuba a comienzos de diciembre de 1964 para dictar un ciclo de conferencias sobre la influencia del suelo en el animal a través de las plantas. Fidel era un hombre de ciencia en el sentido de la acuciosidad, búsqueda, análisis, examen profundo de los temas de interés por desarrollar. Y entonces, también habría que estudiarlo desde esa perspectiva y desde otras: Fidel abogado, periodista, historiador, orador, escritor...
Todo está en la raíz, en esos primeros años de vida cuando tuvo contacto desde lo profundo o remoto de Cuba con el alma misma de Cuba, desde el ámbito humano, económico, geográfico, demográfico, cultural, étnico, natural. Por eso, por todo eso, es el hombre de vanguardia y nos va a guiar, como José Martí, a lo largo de los años por venir. Es la dimensión de futuro de Fidel, él respondió muchas preguntas aún no formuladas por nosotros mismos.
Por ejemplo, en El diálogo de las civilizaciones habla de la manipulación de las células. Y se pregunta en función de qué intereses estarán tales avances de la ciencia y las nuevas tecnologías. Y ya vivimos en función de qué perversos intereses estuvieron estos avances en los acontecimientos del reciente 3 de enero de este año, que se inicia convulso, estremecido para los pueblos y sus justas causas.
¿En función de qué ideales tenemos que luchar en el año del Centenario de Fidel? En favor de las causas populares y las resistencias. Luchar, a brazo partido contra el imperialismo, el neocolonialismo, la barbarie, la incivilización, el fascismo.
Fidel tiene una posibilidad de la cual no disponen los niños del barrio de Birán y que él agradece. Muchos años después de haber vivido allí en Birán, el 23 de septiembre de 2003, cuando presentamos el libro Todo el tiempo de los cedros, para homenajear a Lina Ruz en su Centenario, él agradeció a sus padres la posibilidad que no tuvieron otros niños del barrio de Birán de ir a estudiar. Incluso allí revela un sentir conmovedor, expresa: “Yo, mientras las cosas son más del corazón, más las guardo”.
Entonces, por un lado, pienso que la sensibilidad, el sentimiento solidario, recibido como aprendizaje en su casa de Birán, fundamento de su humanismo revolucionario.
Para mí la casa de Birán es prodigiosa, es una casa grande de verdad, porque no solo dio lugar a una personalidad inmensa de la historia, sino a dos, porque dio también lugar al crecimiento y desarrollo de Raúl con unas convicciones, con unos valores extraordinarios. Y luego llega la academia, llega el conocimiento. Fidel lo dijo en la clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Se preguntó a sí mismo en numerosas oportunidades, por qué caminos había llegado a la lucha revolucionaria siendo hijo de un hacendado. Y la descripción que hace define las claves: por los caminos del conocimiento, de la historia y de la sensibilidad. Entonces, tú puedes ser un gran estratega, tú puedes ser un hombre que acumula conocimientos y ponerlos en función de las peores causas. O puedes ser un hombre que se conmueve con el otro, que es algo que viene de la formación de la casa, de los colegios religiosos, pero en especial de la doctrina revolucionaria, porque las revoluciones se hacen por amor a los seres humanos.
En una carta escrita desde el Presidio el 12 de febrero de 1954, Fidel anotó: “Evidentemente nací con una vocación de político, con una vocación de revolucionario”. Cuando estuvo en Francia, allí se rompieron las vitrinas en la Unesco porque llegaba Fidel, en una conferencia de prensa, dijo -yo lo he comentado aquí con otros compañeros- en qué país le habría gustado nacer en segundo lugar, si no hubiera nacido en Cuba.
Cuba en primer lugar, cubano 100%. Si no hubiera nacido en Cuba, ¿en qué lugar? Y respondió: en Francia. Las personas se quedan asombradas cuando cuento la historia. ¿Por qué? Porque ubicamos a Fidel, bueno, queriendo nacer en Venezuela por Bolívar y sus luchas, o en México, o queriendo nacer en Haití, o queriendo nacer, no sé, en otro país de nuestra América.
Sin embargo, él asegura que en Francia. ¿Por qué? Porque Francia es el país de las revoluciones, de los que inspiraron, con la Revolución Francesa y la Comuna de París, a Marx, Engels y Lenin. Entonces, es el país de los revolucionarios.
Por tal razón afirma que Francia es el segundo país donde le habría gustado nacer. No olvidemos nunca, y ahí ya no quiero abordar el tema de analizar los hechos e influencias a partir de 1945.
Fidel empieza a subirse a los bancos de la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana y a discursar como Marat, o como Robespierre, o como Danton. Y fíjense, debemos hacer de manera sistemática un distanciamiento de la Wikipedia, eludirla permanentemente.
Una vez escuché decir a alguien que Robespierre era un terrorista, un criterio tomado de la Wikipedia. ¿Saben lo que pensaba Fidel de Robespierre? Fidel dijo que hacían falta muchos Robespierre. Y, además, que hacían falta unos meses de terror para acabar con un terror de siglos. Entonces, búsquenlo, porque eso está en varios libros, aparece mencionada esa frase. Entonces, hay que estudiar. “Estudiar es luchar”, apuntó en una misiva desde Presidio, el 24 de noviembre de 1953.
No podemos creer que conocemos a Fidel. Paso la vida estudiándolo y siempre encuentro enseñanzas nuevas. Por mucho que yo quiera abarcarlo todo, nunca lo consigo. Él es inabarcable, lo dije una vez, parada frente al Océano Pacífico, en la desembocadura del río, sobre el puente que lleva a la Alameda, como narra la canción La flor de la canela, de Chabuca Granda.
Allí, cerquita de ese lugar, miré al Pacífico y dije, por mucho que mi vista pueda llegar al horizonte, no podría nunca llegar a lo profundo, a lo hondo del Océano Pacífico. Así es Fidel. En otra oportunidad lo comparé con un Tule, un árbol que unas cincuenta personas no consiguen abrazar con los brazos extendidos. El poeta chileno Gonzalo Rojas lo definió de forma magistral en Casa de las Américas:
Fidel puso a Cuba en la historia y eso lo saben las estrellas. Yo estaba en Roma aquella vez leyendo el diario esa mañana del uno del 59 del otro siglo cuando le dije al Rodrigo, primogénito mío de 15 años que iba conmigo por el mundo: - “A ver, muchacho, de las dos noticias ¿cuál?, ¿la terrestre de Fidel entrando en La Habana o la otra con el razzo [cohete] en la Luna?
-La de Fidel, me dijo, esa no va a pasar nunca.
Dio en el clavo. Nunca iría a pasar. Esa sí que era “nueva” diría Apollinaire hablando de lo nuevo, esa sí que era nueva de novedad heroica".

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