sábado, 18 de abril de 2026

Historias de Alejandro (Parte 2)

                                       

                                                                ***

Artículo escrito a partir de la transcripción de la conferencia magistral impartida por la escritora y periodista cubana, Katiuska Blanco Castiñeira, el 14 de enero del 2026 en el espacio Cátedra de Estudios Históricos del Centro Fidel Castro Ruz, que durante todo el 2026 estará recordando la vida y obra del Comandante en Jefe en el año de su Centenario. 


Fidel Castro Ruz: 1926-1945

Por Katiuska Blanco Castiñeira

Escenario

Si usted lee las escrituras de posesión de tierras y sobre las características del territorio donde nace Fidel el 13 de agosto de 1926, pronto harán 100 años -aparecen en el capítulo “Escenario” en el libro Todo el tiempo de los Cedros-, numerosas empresas y posesiones extranjeras en nuestro territorio, la dependencia neocolonial, el carácter monoproductor, monoexportador y atrasado tecnológicamente de la agricultura o la inexistencia de una estructura de protección o desarrollo social de la población cubana, por ejemplo. 

En Alto Cedro se encuentra el paradero de la Cuban Rail Road Company, por allí sale Fidel al mundo, digo yo, de aquella estación parte en viaje a la capital para ir a estudiar al Colegio de Belén, en 1942. En esa zona opera la Altamira Sugar Company, propietaria de la única institución de salud medianamente próxima a Birán, y de centrales azucareros en Alto Cedro y Marcané. 

La Nipe Bay Company tiene ferrocarril particular en el territorio. La Spanish American Iron posee minas sin explotar en La Juliana, Cedro, Guaro y Nipe, montes vírgenes y en menor medida caballerías de tierra cultivadas. 

La United Fruit Company controla latifundios cañeros e inmensos terrenos ociosos. Con la Warner Sugar Corporation, sociedad anónima constituida y domiciliada en New Jersey, Estados Unidos de América, el padre de Fidel, don Ángel Castro Argiz, establece, por un período de 20 años o zafras -comenzando por la de 1924-1925 y culminando por la de 1944-1945-, un convenio o contrato de servidumbre de paso, molienda de caña, refacción agrícola y otros que regulan los vínculos con el central Miranda para el cual, don Ángel tiraba cañas, es decir, mantenía el suministro de cañas. 

Así les puedo mencionar varias empresas norteamericanas y también entidades financieras como el Banco Español de la Isla o The Royal Bank off Canadá, a través de los cuales, su padre Ángel realizaba transacciones, solicitudes de créditos y depósitos. 

Por otra parte, las únicas y más importantes instituciones docentes -distantes, por supuesto, del natal Birán y ubicadas en las ciudades- eran colegios religiosos dependientes de órdenes francesas, españolas o procedentes de Estados Unidos. 

De todo ello, le viene a Fidel el conocimiento de lo que acontece en Cuba y de lo profundo del alma cubana, de lo que la presencia de las compañías foráneas, la mayoría norteamericanas, implicaba para nuestro país en términos estructurales de supeditación económica y política.

El 10 de octubre de 1968, describió con datos precisos la apropiación de nuestros recursos y tierras por compañías extranjeras, muchas de las cuales, formaban parte del entorno de su infancia.

Pero el hecho fue que los yanquis se apoderaron de nuestra economía. Y si en 1898 poseían inversiones en Cuba por valor de 50 millones, en 1906 eran unos 160 millones en inversiones, y 1 450 millones de pesos en inversiones en 1927.  

No creo que haya otro país donde se haya producido en forma tan increíblemente rápida semejante penetración económica, que condujo a que los imperialistas se apoderaran de nuestras mejores tierras, de todas nuestras minas, nuestros recursos naturales; que explotaran los servicios públicos, se apoderaran de la mayor parte de la industria azucarera, de las industrias más eficientes, de la industria eléctrica, de los teléfonos, de los ferrocarriles, de los negocios más importantes, y también de los bancos.  

Al apoderarse de los bancos, prácticamente podían empezar a comprar el país con dinero de los cubanos, porque en los bancos se deposita el dinero de los que tienen algún dinero y lo guardan, poco o mucho. Y los dueños de los bancos manejaban aquel dinero. 

De esta forma, en 1927, cuando no habían transcurrido 30 años, las inversiones imperialistas en Cuba se habían elevado a 1 450 millones de pesos. Se habían apoderado de todo con el apoyo de los anexionistas o neo-anexionistas, de los autonomistas, de los que combatieron la independencia de Cuba. Con el apoyo de los gobiernos interventores se hicieron concesiones increíbles.  

Un tal Preston compró 75 000 hectáreas de tierra en 1901, en la zona de la bahía de Nipe por 400 000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la hectárea de esas tierras. Y los bosques que cubrían todas esas hectáreas de maderas preciosas, que fueron consumidas en las calderas de los centrales, valían muchas veces, incomparables veces esa suma de dinero.  

Vinieron con sus bolsillos rebosantes a un pueblo empobrecido por 30 años de lucha, a comprar de las mejores tierras de este país a menos de seis dólares la hectárea.  

Y un tal McCan compró 32 000 hectáreas ese mismo año al sur de Pinar del Río. Y un tal James —si mal no recuerdo— ese mismo año compró en Puerto Padre 27 000 hectáreas de tierra.  

Es decir, que en un solo año adquirieron mucho más de 10 000 caballerías de las mejores tierras de este país, con sus bolsillos repletos de billetes, a un pueblo que padecía la miseria de 30 años de lucha. Y así, sin derramar sangre y gastando un mínimo de sus riquezas, se fueron apoderando de este país.

En el libro Guerrillero del Tiempo, si ustedes lo buscan lo van a encontrar, hay un pasaje donde Fidel hace un análisis antropológico del batey de Marcané, de cómo existe allí un área a donde solo acceden y donde viven en excelentes condiciones los más elevados empleados de la compañía norteamericana, un área exclusiva y por fuera, desde lejos, miran los excluidos ¿Qué sufrimiento implica todo ello para los obreros del central, para los campesinos cubanos pobres contratados como macheteros y que no poseen ni siquiera un pedazo de tierra, para los braceros antillanos que laboran de sol a sol en las plantaciones?

En 1913 se autorizó la entrada a Cuba de los haitianos y jamaicanos, aunque realmente ya hacía mucho tiempo de manera velada -ilegal y clandestinamente-, tal explotación estaba teniendo lugar en la economía de Cuba; en 1913 un decreto presidencial autoriza a la Nipe Bay Company a contratar mano de obra antillana, mil trabajadores con destino al central Preston. 

Copia del original aparece en Documentos para la Historia de Cuba de la siempre reverenciada e insigne para mí, maestra Hortensia Pichardo Viñals . Son cinco tomos, unos libros de análisis y presentación de documentos de la historia de Cuba que considero debieran publicarse otra vez, porque contienen la reproducción de originales de esta historia que va quedando como atrás en el tiempo y que muchas personas ya no recuerdan, incluidas ilustraciones y caricatura política extraordinarias, expresivas de lo que implicó en términos de usurpación y humillación, la presencia de los Estados Unidos en Cuba desde los comienzos del siglo XX.

Y quiero decirles que esa presencia tiene mucho que ver en la vida de Fidel por la expansión azucarera norteamericana de centro a oriente del país, -los grandes centrales azucareros en época colonial no estaban hacia la zona donde vamos aproximándonos al Oriente de Cuba, estaban sobre todo en la zona occidental-.

La expansión azucarera, inversión de capitales norteamericanos, a fines del siglo XIX y, sobre todo, a principios del XX. Fidel vive en el contexto a que ha dado lugar esa expansión en la región de Oriente, conoce esa historia por su papá que se convirtió en contratista de la United Fruit para la construcción de ferrovías de los centrales azucareros, conoce lo que ello significa -además de la explotación de cubanos y antillanos- en términos de supeditación de intereses del país a los extranjeros, lo que representa, por ejemplo, como impacto negativo en la naturaleza, para los bosques de Cuba. 

Bosques

Ha hablado en múltiples ocasiones Fidel, de cómo los bosques fueron desmontados y las maderas preciosas de Cuba se utilizaron como leña en las calderas de vapor en los nuevos y más modernos ingenios azucareros de entonces. 

En 2016, se refirió al tema con la excelencia literaria propia de él, porque era un gran escritor. Empleaba magistralmente cuanto recurso literario es bien ponderado. Fidel Castro escribía con calado conceptual y belleza. No solo empleaba recursos de la narrativa, sino también de la poesía.

En una crónica titulada “El cumpleaños”, Fidel habló de los árboles de la zona de Pinares de Mayarí. Él los vio: pinos, cedros, de más de 400 años. En una ocasión, cuando tenía ocho o nueve años, acompañó a su papá, un arrendatario de tierras allí. 

Siempre recordaba a su papá usualmente callado en casa y, sin embargo, muy conversador en aquellos trayectos a los campamentos forestales de Las Bahamas, como se denominaba la empresa explotadora y transportadora de madera desde los Pinares. El 26 de septiembre de 1966, en un discurso pronunciado allí, evocó los bosques muy nítidamente:

En un principio, durante cientos de años, naturalmente, quién sabe desde cuándo, miles de años, la naturaleza lo que produjo aquí fue casi exclusivamente pinos, de manera que antes de que se comenzara a explotar, esta meseta era un inmenso bosque, diría que un inmenso y maravilloso bosque. Es difícil hacerse una idea de lo que era esto, que yo llegué a ver una parte cuando todavía no habían cortado los árboles aquí; pinos inmensos, había también muchas aves, por ejemplo, los caos —que ustedes deben haber oído algunos por ahí—, pericos, aves de todas clases por aquí, y le daban a esta región un colorido muy especial, aparte de aquel bosque de pinos que era realmente precioso.

Luego, Fidel, a lo largo de su vida, hizo numerosas exploraciones a la meseta La Mensura, en el centro mismo de los Pinares de Mayarí. Algunos de los árboles de aquellos bosques, databan de cuando Colón llegó a Cuba. 

Siempre se dice que Colón nos descubrió sin mencionar a los pobladores originarios, algunos de ellos habitaron el Archipiélago aproximadamente cinco mil años atrás. Los más remotos procedían de Yucatán, y más tarde, por el Oriente, descendientes de los de la selva amazónica navegaron el Caribe rumbo a las islas del arco de Las Antillas, de una en otra hasta llegar aquí. 

En el relato publicado el 13 de agosto de 2016, el mismo día que cumplía 90 años de edad, Fidel transita de la interpretación de lo observado en su niñez a los grandes desafíos actuales de la humanidad.

Fidel es un hombre a quien numerosas personas y estudiosos definen como un humanista al estilo del Renacimiento, por su sabiduría integral y porque es antropocéntrico en el sentido de que encuentra como referencia de todas las cosas al ser humano, eso es verdad.

Y yo agrego: no sólo como referencia, sino como objeto, como fin; los seres humanos como referencia y destino de todo cuanto se pueda hacer en el mundo. Pero Fidel incluso supera esa filosofía porque no se detiene en la contemplación. 

Su humanismo es transformador, radical, revolucionario; define su práctica a partir de la justicia y, además, supera al antropocentrismo tradicional, porque al mismo tiempo, pondera la trascendencia del planeta y la naturaleza como hábitat de la especie, de la humanidad. Es partidario de una relación armónica entre los seres humanos y la naturaleza. 

Fidel se apertrecha a lo largo de los años de los instrumentos de lucha, de las ideas más avanzadas, de las doctrinas más radicales, de las más, pudiéramos decir, subversivas, en función del humanismo socialista, del amor a los seres y en ello radica precisamente además, el profundo carácter subversivo de sus luchas, estas se desarrollan, incluso con las armas en la mano, pero también con visión crítica de la realidad siempre, de la consecución de las luchas y de la propia obra transformadora, con sentido de humanidad y sentido de clase, en favor de los pobres de la tierra como diría José Martí; de los proletarios y campesinos, en la visión marxista y leninista; de los condenados de la tierra como lo definiría Franz Fanon.

En la ciudad pesquera de Tomé, Concepción, en el sur chileno, el 18 de noviembre de 1971, Fidel afirmó:

Los caminos son diferentes. Las aspiraciones son las mismas. El propósito es el mismo: luchar por la independencia del país, por consolidarla; luchar por la economía del país; luchar por la justicia; luchar por el bienestar del pueblo; luchar por poner fin a la explotación de la patria por los monopolios extranjeros; y luchar por poner fin a los privilegios y a las injusticias sociales ; luchar por el futuro del país; luchar por los niños, por las mujeres, por los ancianos; luchar por las escuelas, por la educación; luchar por la salud pública. En fin: ¡luchar por el pueblo!

El objetivo de nuestra lucha es el hombre, es el pueblo. El objetivo de nuestra lucha no son intereses extranjeros, no son intereses particulares, no son intereses de minorías. El objetivo de nuestras luchas es el pueblo. Y no se puede luchar por una causa más justa, no se puede luchar por una causa más noble. Y en aras de esa causa, todos debemos estar dispuestos a dar nuestra energía, nuestro tiempo, nuestro sudor, y si es necesario también nuestras vidas.  

El amor a la Revolución tiene ese fundamento, el amor a los seres humanos y la aspiración de hacer justicia, de tornar plenas sus vidas, de emanciparlos de la dominación del sistema opresor que sea, en el caso de Cuba serían el neocolonialismo y el capitalismo. Fernando Martínez Heredia, intelectual revolucionario preclaro lo definió con exactitud en 2017: 

Las revoluciones que amamos y por las que estamos dispuestos a todo son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que pretenden transformaciones prodigiosas, liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran ni puedan volver a vivir su vida en sociedades de dominación y violencia […].

Siempre debemos distinguir entre las motivaciones, las causas y los instrumentos, los métodos, las herramientas, los caminos de lucha y la interpretación del momento histórico, de las propias luchas.

Entonces una cosa no excluye la otra, es como si uno, al hablar del amor y el humanismo y de su sensibilidad, estuviera quitándole a Fidel su carácter combativo, es todo lo contrario. 

Es una razón esencial la que mueve a Fidel a luchar y lo expresé, lo escribí el otro día en un trabajo, Fidel se preocupaba por el drama humano. Lo he reiterado en otras oportunidades aquí, hablando sobre Los miserables, un día me pregunto “¿qué parte de Los miserables te gustó?” Y yo le respondí: “¡Ay! Comandante…” -era una jovencita de 25, 26 años, no tenía experiencia, ni remotamente podía comprender en toda su dimensión lo que él me estaba diciendo, y además toda la vida he sido muy romántica- y le comenté: “A mí me dolió mucho cuando Cosette, con tal de irse tras un amor, prácticamente se olvida de Jean Valjean, quien la había cuidado como un padre por largos años. Y entonces lloré mucho”, y él me dijo: “A mí la parte que más me impresionó fue la descripción de la batalla de Waterloo”.

De pronto, se quedó así… pensando y exclamó: “¡Mira eso!, yo estaba en las grandes batallas de la historia y tú estabas en el drama humano”.

Les confieso, no tenía madurez para comprenderlo. Muchos años después entendí hasta qué punto elevó mi sentimiento sencillo de muchacha jovencita romántica a una cuestión conceptual elevada. 

Porque el drama humano era lo que movía a Fidel en todas sus luchas, como causa justa contra la explotación, la dominación, la supeditación, el egoísmo y el individualismo generados por la sociedad capitalista.

El drama colectivo: el de los pueblos, de los trabajadores, de los que producen la riqueza y son despojados del decoro en su vida material y espiritual, pero también el drama individual. 

Fidel deseaba que cada uno de nosotros fuéramos felices sobre la faz de la tierra en el escaso tiempo de existir en la historia del tiempo. Por eso su afán de que la educación fuera integral y que la vida en la Tierra fuera la suma de los valores positivos de todas las civilizaciones y la globalización de la educación para la solidaridad, todo ello desde una crítica al carácter capitalogénico del hambre, las guerras -convencional, nuclear, económica, cognitiva, multidimensional, entre otras definiciones-; el cambio climático y del posible colapso climático, todos los problemas que actualmente significan un verdadero peligro para la sobrevivencia de la humanidad en nuestro planeta.

La historia del tiempo, ¿qué es? Ya sabemos sobre los universos infinitos del tiempo, pero no solo, y eso lo aprendí con Fidel a partir del libro que me obsequió de Stephen Hawking: Breve historia del tiempo, del Big Bang a los agujeros negros, lo infinito en el espacio, la inmensidad y la infinitud del universo radican también en lo mínimo, en las partículas, las antipartículas, el bosón de Higgs, en un punto diminuto e interminable. 

Orígenes

Fidel era un hombre fruto del amor entre seres humanos extraordinarios como su papá y su mamá, gente sencilla, gente trabajadora; el 30 de julio de 2003, le pregunté a Raúl, ¿cómo usted recuerda a su papá, a su mamá? Rotundo me respondió: “Como gente de trabajo”.

Se levantaban al amanecer y se acostaban al oscurecer. Prácticamente después de las partidas de dominó en Birán, donde siempre la pareja de Ángel era Lina. Ahí jugaban los gallegos, algunos republicanos, otros a favor de Franco.

El papá de Fidel, a mí nunca se me olvida que, en el libro del periodista español Ignacio Ramonet, este se impresiona ante la sinceridad de Fidel, porque Fidel le dice: “no, no, mi papá, de los franquistas”, porque el papá de Fidel era conservador, claro, jamás habría sido un fascista con los sentimientos que tenía, al punto que un guajiro de allí, de Birán, aseguró que Ángel era un capitalista sentimental. Y yo digo, bueno, eso parece una paradoja, ¿no? Pero sí, la historia tiene capitalistas sentimentales como aquel señor Peter Cooper de quien nos hablaba José Martí y a quien Nueva York quería “como Grecia quiso en un tiempo a sus ancianos”… son la excepción, pero existen.

Fidel, a lo largo de todos estos años, 1926-1945, vive acontecimientos relacionados con las guerras, que lo ubican en el bando a favor de quienes luchan por las causas de los pueblos.

Y se identifica, él lo explica, señala que tenía tanta simpatía por el gallego cocinero en su casa, que deseaba los acontecimientos fueran a favor de los republicanos. Y entonces, cuando las noticias de la guerra civil eran malas, porque beneficiaban a los rebeldes, tal como denominaban a los franquistas, él edulcoraba los reportes para que el gallego no sufriera. Fíjense hasta qué punto le importaba que las personas no sufrieran.

Pertenencia

Latinoamericanista y caribeño, imagínense ustedes. Para los santiagueros, no sé si aquí habrá alguien de Oriente, ¿aquí hay alguien de Oriente? Tienen más cerca a Puerto Príncipe que a la Habana; mucho más cerca a Haití, a Santo Domingo, y en esa época en que Fidel nació y creció, tenían más cerca a Veracruz, a Maracaibo, a La Guaira, porque las goletas que pasaban por Santiago de Cuba comunicaban a Oriente con lugares del Caribe y de Sudamérica. 

Incluso García Márquez ubica en el Caribe a Nuevo Orleans y a Recife, en Bahía, allá en Brasil, él lo concibe así desde una dimensión geocultural, geoidentitaria, incluso geoecónomica, relaciona al espacio Caribe con el cultivo de plantaciones cañeras, bananeras, algodoneras, cafetaleras.

Y como nos referimos a los comienzos, está lo vivido, lo cercano como punto de partida. Para Fidel, esa identidad es desde la pasión y del cariño, la pertenencia, no olvidemos nunca que su padrino, cónsul, cuando a Fidel lo mandan a Santiago de Cuba a estudiar -que al principio no estudió nada, lo tenían en una habitación, repasando las tablas de multiplicar y operaciones de suma y resta que aparecían en la parte de atrás de unas libretas, y él dice que fue una pérdida de tiempo, que no considero tal, porque allí escuchó de Belén, la hermana de la maestra de Birán, la interpretación al piano de la música de Chopin, en especial La Polonesa, que después, a lo largo de los años, le gustaba tanto. 

Fue ahí donde la escuchó, aprendió palabras en francés, que después le permitieron en Argelia entender prácticamente lo que se publicaba en los periódicos, porque tenía conocimientos básicos de francés, algo bastante desconocido. Raúl también tiene esos conocimientos desde pequeño. 

Hay quienes ubican en la Sierra Maestra las primeras lecciones de francés que recibe Raúl. No, es algo anterior. En los fondos de los Archivos de la Oficina de Asuntos Históricos se conservan cuadernos de Raúl de cuando estudiaba en la Academia Abel Santamaría, en el mal llamado Presidio Modelo de la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud. Una de las libretas registra anotaciones de Raúl dedicadas al estudio del idioma francés. 

Pero incluso, las nociones acerca de tal lengua son anteriores, de cuando estudiaba junto a Fidel y Ramón, en el colegio religioso de los franceses Hermanos de La Salle.

Entonces, con esto les digo que después, con el paso de los años, una cosa que empieza por una vivencia personal de identificación con los haitianos del batey de Birán, pero también con todos los haitianos y los antillanos después, cuando se aplica la ley de la nacionalización del trabajo auspiciada por Guiteras con el objetivo de evitar la discriminación de los cubanos, en el acceso al empleo, frente a los hijos o parientes de los españoles que venían de España, sobre todo a trabajar en los comercios.

Esa ley, a la hora de su aplicación, se aplica por el lado más débil, desgraciadamente, y Luis Alcides Hibbert, el cónsul haitiano en Santiago de Cuba, matrimoniado con Belén, la hermana de la maestra de Birán, Eufrasia Feliú, lleva consigo a Fidel a la Alameda, adonde acude a despedir a los haitianos que están siendo extraditados forzosamente de Cuba. 

Les digo: una cosa que empieza así, termina siendo luego, en el espíritu y las ideas de Fidel, cuando estudia los procesos históricos y autores prominentes, una admiración profunda y una adhesión solidaria perenne. 

En su memoria permanecerá vivo el recuerdo de la larga fila de haitianos que esperaban en la Alameda para ser repatriados forzosamente, quienes a su vez le hicieron pensar entonces en sus amigos, los trabajadores de Birán, a quienes vivían más allá de la valla de gallos, en unos bohíos muy pobres. 

En esa experiencia hay un componente que hace a Fidel identificarse a lo largo de su vida con los seres humanos sin distinguir origen étnico ni color de la piel. 

En la Universidad de La Habana lee mucho a Bolívar y a José Martí, sus campañas liberadoras, y comienza a admirar a los próceres de Nuestra América. Y entre las primeras naciones admiradas y entrañablemente cercanas y queridas, figura para siempre, de manera muy especial: Haití, escenario de la primera revolución social en nuestra región, la de los esclavos contra sus amos, líderes como Toussaint Louverture, y la República solidaria con la causa independentista de nuestros pueblos, apoyo imprescindible para Simón Bolívar, y al paso de los siglos, país brutalmente empobrecido por los colonialistas franceses y los imperialistas norteamericanos. 

Él se define como alguien antirracista, anticolonialista, antimperialista.   Y ya en la Universidad entre sus primeras simpatías figuran también los espacios próximos de Puerto Rico y Santo Domingo [República Dominicana] -no olvidemos su participación en la expedición de Cayo Confites para luchar contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo-.

Entonces, de todo ello, hay después lecturas también, bueno, en Birán, las relaciones con los campesinos del lugar, casi todos veteranos de las guerras de independencia. Gente que él comprobó que habían luchado por muchos años y que después de la guerra no tenían nada, desde el punto de vista material, y sufrían, trabajaban de forma agotadora y vivían en unas condiciones paupérrimas.

En aquella zona, en esa época, muchos niños morían de gastroenteritis. Ellos, en el campo, lo denominaban acidosis. Fidel también vivió de cerca el atropello de la Guardia Rural y las compañías norteamericanas, a los antillanos, a los caribeños, a los jamaicanos, a los dominicanos, sobre todo a los haitianos. 

Hay reportes en la prensa de que en las compañías se asesinaba y después los reclamos judiciales nunca llegaban a nada, simplemente se archivaban. Como decía, las audiencias no daban crédito y todo el abuso y la explotación se pasaban por alto.

Todo eso lo vivió Fidel en su infancia. Y cuando llega el momento de que, pudiéramos decir, ocupe a lo largo de su vida una posición de clase, hablando ya de marxismo, Fidel asume la de quienes no tienen nada. Y él lo explica mucho en el libro Fidel y la religión de Frei Betto -una verdadera maravilla-, en el libro Guerrillero del Tiempo, en Cien horas con Fidel de Ramonet y en tantos otros.


No hay comentarios:

Publicar un comentario