miércoles, 11 de febrero de 2026

Valores que identifican

 

Por Marilys Suárez Moreno

Estamos en la era de la globalización, del  Internet, de las computadoras, las tabletas y los celulares. Y son muchos los padres y madres que carecen del mínimo conocimiento científico y pedagógico para que puedan formar al hijo o hija que desean, como ciudadanía honesta, decente, íntegra que la familia y la sociedad quiere y demanda.

No hablamos de niños y niñas criados como probetas, sino de un clima educativo efectivo, pacífico, amoroso. Existen libros, muchos, de diversa índole sobre el tema, pero la mayor respuesta está en la propia educación  y crianza que, como familia, debiéramos entronizar en casa, porque es dentro de la familia, donde se forman los hábitos básicos que nos caracterizan como buenas personas, porque son los padres los que tienen el poder casi absoluto para generar ciudadanos  creativos, decentes, honrados y éticos. Simplemente, porque lo que un infante vive en los primeros años de su vida, lo marca para siempre.

Como hemos dicho alguna vez, la honestidad no viene en el ADN, por lo que tempranamente debemos inculcarle al menor el sentido de la responsabilidad, del respeto por las pertenencias ajenas y, algo muy importante, por la propiedad social.

Y es que la honestidad debe prevalecer en todos los espacios de la vida, porque la persona honesta aúna en su ser grandes valores y, con seguridad, es mucho más feliz que muchos de sus semejantes.

El escolar que llega a la casa con cosas ajenas a lo que conocemos propias, hay que preguntarle su procedencia. A veces, casi sin darnos cuentas, pequeñas incidencias en la vida familiar inicia a la criatura en la deshonestidad y el irrespeto.

Es posible que cometa errores a causa de su lógica inexperiencia o de ejemplos negativos, pero si no se procede a tiempo, puede generarse una conducta antisocial y surgir un niño o una niña que haga del embuste y la  irresponsabilidad, una razón de ser.

Los hábitos se forman en los tres primeros años de vida. Los  pequeñines hacen lo que ven en los adultos que le rodean. Un aprendizaje que abarca desde la forma de respetarse a sí misma y a los demás hasta la manera en que se percibe el mundo y la relación con los que lo rodean.

Los paradigmas son esenciales en la infancia y resultan básicos para futuros procederes personales. De hecho, mientras más temprano se despierte en los niños esa sensibilidad hacia lo que enaltece a la persona, mayores serán las posibilidades de hacer de ellos y ellas  hombres y mujeres de bien. Estas son probabilidades que han de cultivarse constantemente, aprovechando desde la lectura de un libro, una historieta o una película, hasta el momento de reunirnos en la casa o de participar juntos en algún paseo o actividad.

No es alentando conductas egoístas y deshonestas en los hijos, sino educándolos en la modestia, la ética, la responsabilidad, el civismo y la bondad que serán felices.


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