miércoles, 11 de febrero de 2026

Laura Magda López: la psicóloga que defiende al feminismo desde Cienfuegos



Por Aime Sosa Pompa  (I parte)

Casi a las once de la noche, cuando el cansancio del taller se siente en cada gesto y cada palabra sale más lenta, aparece Laura Magda López Angulo dispuesta a darme una entrevista y todo cambia. No es solo su presencia serena, ni siquiera su mirada firme: es la forma en que habla del dolor sin perder la esperanza, del sistema sin caer en el cinismo, de la violencia sin rendirse a ella; con sus ojos brillantes y su corto pelo canoso libre. 

Me cuenta que nació en Morón, Ciego de Ávila, pero llegó a Cienfuegos en 1974, como parte de aquella política que ubicaba a los graduados universitarios casados según la provincia del esposo. “Fíjate ya como teníamos una posición de subordinación… un patriarcado”, dice con naturalidad, cero rencor pero sin olvido. 

Periodista frente a ella, apenas logro disimular la admiración: esta mujer no solo ha vivido la historia de Cuba desde la salud y el género, sino que ha ayudado a escribirla.

Tengo ante mí a una reconocida sicóloga que ha recibido en sus manos el Premio Anual de la Academia de Ciencias de Cuba, y es fundadora de la Cátedra Género, Salud y Sexualidad de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, que preside desde el 2005. Posee hasta físicamente una aguda mirada destinada a analizar todo lo relacionado con el género.

Podría pedirle que me hablara del Cuestionario Violencia Recibida, Ejercida, Percibida, Revisado que realizó en una versión cubana junto a un equipo hasta convertirse en un instrumento de medida breve, fácil de aplicar, fiable y válido para medir la violencia en el noviazgo; un aspecto inexistente hasta ahora en Cuba.

Quería saber más del protocolo para prevenir, evitar y actuar ante situaciones de violencia basada en el género en la universidad cienfueguera que presenta en sus artículos o sobre el taller. “¿Qué puedo hacer para prevenir la violencia en el noviazgo?”, resultado de una investigación con más de 350 estudiantes, 35 docentes y 13 expertos de cinco universidades cubanas.

Ella tiene mucho que agregar sobre el bienestar de las mujeres durante el climaterio, de aquel manual para la ayuda psicológica a las víctimas de violencia de género mediante la línea CONVIDA que nació en 2020. Atesora incontables experiencias al estar fielmente dedicada a la consulta multidisciplinaria de protección a las sobrevivientes y a las que denuncian la violencia íntima.

Pero la noche espera por otras confesiones, que quizás solo se han dicho en este escenario lleno de colores violetas.



Desde el primer minuto, Laura desarma la ilusión fácil: “Uno dice: "Ah, con esto ya se va a arreglar el mundo". Y nada”. Se refiere a las normas, a los marcos legales que, por sí solos, no transforman realidades. Pero en lugar de quedarse en la crítica, ella construye. 

Durante 25 años ejerció la asistencia psicológica en atención primaria y secundaria: “Asistí tanto en policlínico como en hospital”, cuenta, y añade con humildad: “Tuve la dicha de transitar por diferentes sistemas de salud desde los policlínicos integrales, comunitarios, médico de familia”.

Fue allí, mientras formaba a especialistas en medicina, pediatría, ginecoobstetricia y medicina familiar, que comenzó a estudiar “desde diferentes vertientes” el tema de la violencia hacia la mujer. Pero su mirada nunca fue individualista.

Lo que más conmueve es su capacidad para ver los patrones invisibles: “A veces yo llegaba después a encontrarme mujeres que habían sido hospitalizadas por lesiones graves… y a los años vi a sus hijos. Entonces me decían: ‘¿Se acuerda cuando me atendió a mí?’”.

Esas palabras la llevan a una reflexión profunda: “Estos niños se criaron en hogares sísmicos… ver relaciones abusivas en las parejas se reproducen en ellos después. Porque fue un modelo para ellos que ese era el tipo de relación”. Y lo dice con claridad científica y dolor humano: “Este es el primer factor de riesgo para que una persona sea violenta”.

Sin embargo, Laura no se detiene en el diagnóstico del problema. Celebra los avances con la misma intensidad con la que denuncia las carencias. “No creo que haya más violencia”, afirma con convicción. “Lo que pasa es que ahora se revelan más personas. Antes no rompían, no acudían cuando había amenazas… ahora sí lo hacen”. Y subraya un pilar fundamental: “El Código Penal vigente ha sido una fortaleza que ayuda a las mujeres a tomar la decisión de: basta ya”.

Tal parece que para Laura, el conocimiento no es posesión, sino herramienta de transformación. Uno de sus deseos es que la cátedra de la Universidad de Cienfuegos mantenga un proyecto institucional con el propósito de transversalizar el enfoque de género a todas las 10 carreras de las ciencias médicas.

Su vida profesional —entre la clínica, la docencia, la investigación y la gestión— demuestra que el feminismo en Cuba no es un discurso importado, sino una práctica arraigada en la realidad cotidiana de mujeres que sufren, resisten y construyen. 

Con Laura al lado, no hay muros, todas las puertas se abren a las esperanzas, y si las vestimos juntas de violeta, mejor.

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