jueves, 13 de noviembre de 2025

Celia


Tomada de Granma 


Por Sheila Carbonell Hernández

La historia de Cuba no puede contarse sin las mujeres que la hicieron posible. Entre ellas, la figura de Celia se erige como símbolo de ternura, firmeza y compromiso revolucionario.

Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley (1920-1980), conocida en su natal Manzanillo y por el pueblo cubano como Celia. Entre la juventud sedienta de justicia también se hacía llamar Norma o Aly, puso su vida al servicio de la Revolución.

La influencia paterna fue decisiva en el desarrollo de su personalidad siempre sencilla, protectora, alegre y a la vez rebelde: el Dr. Sánchez Silveira inculcó en ella el amor a la patria y el conocimiento de la historia reciente de Cuba. Aquella muchacha de físico aparentemente frágil conoció al lado de su padre sobre los problemas que aquejaba la sociedad y las diferentes vías que desde el plano político fueron buscadas, todas sin solución.

Según el intelectual cubano y compañero de la clandestinidad, Armando Hart, en el prólogo del libro Celia: ensayo para una biografía del autor Pedro Álvarez Tabío, las condiciones sociales, económicas, culturales e históricas de Oriente y las familiares influyeron en su preparación cultural, política, y en su amor por la historia y los protagonistas de las luchas independentistas del siglo XIX.

Lo anteriormente expresado se demuestra en hechos como su participación junto con su padre, el Dr. Sánchez Silveira, de la colocación del busto de José Martí en el Pico Turquino a petición de un grupo de estudiantes fieles seguidores del Apóstol, en conmemoración del Centenario del Héroe Nacional. Otros hechos también muestran su apoyo constante anticipando a la futura guerrillera.

Su lugar en la memoria histórica se consolidó a partir de su labor junto a Frank País en la preparación del desembarco del Granma por Fidel Castro Ruz y los 82 expedicionarios que venían en la expedición. Es a partir de 1956 cuando en el discurso de inauguración del Hospital Clínico-Quirúrgico Celia Sánchez Manduley el 11 de enero de 1981, Fidel Castro Ruz dice que su apoyo fue decisivo incluso en los momentos más difíciles, cuando cada recurso era vital para la supervivencia del grupo expedicionario: [...] el nombre de Celia Sánchez es muy conocido. Pero especialmente aquí, en esta provincia, no podemos menos que recordar los días difíciles de aquel diciembre de 1956, cuando desembarcamos en la pequeña embarcación que después dio su nombre a esta nueva provincia, en Las Coloradas, en aquellos días muy difíciles de las primeras semanas, cuando prácticamente quedamos un reducidísimo contingente de los miembros de nuestra expedición. Es imposible olvidar lo que hizo Manzanillo por nosotros a través de la compañera Celia Sánchez, la primera en establecer el contacto entre nosotros y el Movimiento, la primera en hacernos llegar los primeros recursos, el primer dinero que nos llegó a la Sierra y que hacía mucha falta, porque nosotros, por supuesto, lo pagábamos todo; si comprábamos un pollo, cuando aparecía el pollo, pagábamos el pollo, cualquier cosa, y pagábamos si es posible más de lo que valía. Nunca, nunca, jamás dejamos de pagar cada cosa que adquiríamos. Los campesinos querían regalárnoslas, nosotros no lo aceptábamos. Hubo veces que estaban vacíos los lugares con motivo de la represión, y nosotros dejábamos el dinero allí. Ese primer dinero, tan indispensable, no solo para sobrevivir, sino para llevar adelante esta política, ese primer dinero nos llegó de Manzanillo y nos lo envió Celia [...].

Celia decidió permanecer en la Sierra Maestra a partir de 1957, asumiendo la administración de los recursos del Ejército Rebelde, como la atención a los periodistas que subían para conocer la vida de la guerrilla hasta el triunfo revolucionario a partir de una solicitud de Fidel.

Al conocer de cerca las carencias de la Cuba prerrevolucionaria, después de 1959 y hasta su fallecimiento el 11 de enero de 1980, puede considerarse que su figura estuvo presente en cada obra realizada por el Gobierno Revolucionario. Su infatigable disciplina, firme, sencilla y empática personalidad, hizo que en muchas ocasiones el pueblo cubano no la observara en actividades públicas, pero sí podía acercarse a ella en busca de soluciones ante diferentes problemas. Así fue la vida de la flor más autóctona de la Revolución.

Hoy, Celia Sánchez Manduley sigue siendo ejemplo de ternura y firmeza, recordándonos que la Revolución también se contruyó con la sensibilidad, responsabilidad y fuerza de las mujeres.

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