domingo, 15 de junio de 2025

Padres en su grandeza




En Cuba, el Día de los padres fue celebrado por primera vez el 19 de junio de 1938 por iniciativa de la escritora Dulce María Borrero, quien abogó por generalizar la fecha en la Isla. Su antecedente fue en los Estados Unidos, donde otra mujer propuso ,en 1905, aunque sin éxito de momento, celebrar un día a los padres y así,rendir homenaje a su papá, un veterano de la Guierra Civil.


Por Marilys Suárez Moreno

Cuando nació Melanie, su padre, un hombre de carácter introvertido que no gusta de exponer sus sentimientos, aprendió pronto a cambiar pañales, prerparar biberones y a vestir a su niña. Con el varón, un año después, ya era todo un experto, y entre caricias y juegos recurrentes, asumió, de conjunto con su pareja, la educación de su descendencia.

La paternidad entraña obligaciones, deberes, tanto comprensión como compromisos, y Michel lo entendió desde que supo que sería papá, porque al igual que las madres, los padres son imprescindibles en la vida de sus hijos e hijas, de la familia y la sociedad.

Asumir ese rol desde el amor, el desvelo, y la ternura, es cuestión de grandeza. Esa que gravita en la palabra papá y que habla de abrazos, andares juntos, de educación y dejarles crecer en el buen ejemplo.

Este domingo tercero de junio es el Día de los padres, fecha de connotación especial para la cubanía que, al igual que con las madres en su día, buscan halagar a papá en su jornada y reciprocarles cuántos se les ama, porque ellos también son imprescindibles en la vida de su descendencia, familia y sociedad.

Homenaje que pasa por reconocer en ellos su cariño, ejemplo, grandeza y su influencia bienhechora. Ser padre entraña obligaciones y deberes, a la par deviene combinación de emociones y plenitudes, de apegos y ternuras, límites y responsabilidades. Un amor que arcaicas tradiciones machistas han tratado de expropiar a los hombres con frases manidas que, a fuerza de repetirse, devienen absurdos permanentes, porque como las madres, padre no es cualquiera, es el que mima y aconseja, ama y educa con rectitud y buenos ejemplos.

La paternidad entraña obligaciones y compromisos, porque nadie como papá para labrar con regaños, consejos y besos el destino de sus hijos e hijas, aportándole coherencia al proceso formador que se deriva del ambiente familiar, poniéndole corazón y empeño por igual al abrazo, el regaño o la escapada.

Los deberes y obligaciones paternas, su ternura y comprensión, resguardan con la misma fuerza telúrica que la de una madre, cuando comparten de conjunto la existencia de los hijos e hijas, o aun divorciados, siguen presentes en sus vidas. No importa si estos no llevan su sangre o apellidos, basta con asumir esa paternidad desde el amor y el desvelo, porque la fuerza y la ternura del papá biológico o del que se adjudica ese rol, resultan inconmensurables en su grandeza.

La obra de criar y educar trae aparejado compromisos y responsabilidad, ejemplo y rectitud, tarea que se aprende a equilibrar y potenciar según los hijos y las hijas van creciendo y aprendiendo en el ejemplo y el consejo oportuno. Y sí, padre no es cualquiera, es el que nos regaló la cimiente y moldea nuestra existencia y nos dice, quizás con un gesto, que nos ama y que siempre va a estar ahí para sus hijos e hijas.

Y es que un padre está presente cuando pone el cuerpo en la relación con su descendencia, cuando toca, acaricia, juega o regaña: cuando pregunta y se interesa por las actividades de su prole, por sueños, por temores, por alegrías y tristezas. También está presente cuando encuentra tiempo para acompañarlos en sus juegos, tareas, exámenes, paso de grado y hasta en sus derrotas o victorias.

Cosas que deben aprender ensayando y cometiendo errores, creciéndose ante las circunstancias y desafíos de la vida. A la postre, esa crianza corresponsable será una fuente de motivación para que su descendencia de lo mejor sí.

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