viernes, 2 de mayo de 2025

Una vida de trabajo y luchas


Por Marilys Suárez Moreno

A Inocencia Valdés Fraga la conocían por La Niñita y por ser una obrera destacada. Habia nacido en Güines, en 1868, apenas unas sermanas después del estallido de La Demajagua. 

Hija de un obrero tabalacero, vivió en un ambiente de luchas y amor a la patria,  sufrió el desprecio a los suyos y la miseria de su época.

El ejemplo de su familia unida, negra y pobre guiaron sus pasos en la vida, amén del destierro obligado de su padre, quien era perseguido por su contribución a la lucha independentista, lo cual obligó a la familia a vivir separados por unos años.

Casi un lustro después, la madre de Inocencia Valdés partió con sus hijas hacia la ciudad floridana de Tampa, donde radicaba su esposo. Allí se instaló la familia en una pequeña casa, conocida en el barrio como La casa de la bandera, por ondear siempre allí la enseña patria. 

En su exilio de Tampa, la familia Valdés-Fraga apoyó cuanto pudo la labor patriótica de los emigrados y La Niñita, a pesar de su corta edad, fue capaz de realizar y cumplir con éxito numerosas tareas, tanto apoyando a sus padres como en misión de correo y enlace entre Tampa y Cayo Hueso, donde radicaban el grueso de los cubanos emigrados, cuya comunidad había crecido considerablemente. 

La casa familiar era visitada con frecuencia por José Martí, quien en ocasión de sus visitas a esa ciudad, se alojó allí, como también lo hizo el Lugarteniente General Antonio Maceo. 

La Niñita perteneció al Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí y fue una activa colaboradora de la organización Auxiliadoras de la Revolución y la secretaria del Club Mariana Grajales. 

Le tocó la dolorosa misión de divulgar entre los clubes de emigrados, la inesperada muerte de Martí en Dos Ríos, y de seguir recaudando fondos en apoyo a la causa emancipadora, aunando fuerzas y voluntades. 

De regreso a Cuba, comenzó a trabajar como lectora de tabaquería y por su destaque y combatividad fue elegida para dirigir el gremio de las despalilladoras, colaborando  con Lázaro Peña en la creación de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). 

Organizó numerosas huelgas, exigiendo beneficios salariales y de Maternidad para las obreras del sector tabacalero y toda su trayectoria laboral estuvo ligada  a las luchas sindicales de este ramo.

Sus últimos días de vida hasta su fallecimiento en 1952 los dedicó también al trabajo, ahora en el Retiro Tabacalero,  sector al que dedicó toda su existencia.


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