En aquellos días de prueba en que el Apóstol de la independencia cubana recurría la inmigración para laborar por la libertad de Cuba, los Clubes Revolucionarios Femeninos fueron un factor clave para la lucha emancipadora.
Por Marilys Suárez Moreno
El tema ya lo hemos tratado, en alguna que otra ocasión, pero creemos que aún hay mucho desconocimiento sobre esta página de nuestra historia, valga pues, recordar, en fecha tan relevante como el 130 Aniversario de la caída en Dos Ríos del Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, qué fueron y qué rol jugaron en aquellos años de lucha emancipadora los clubes femeninos revolucionarios.
El año 1895 en Cuba, marcó el inicio de las hostilidades contra el ejército colonialista español. Artífice de aquella Guerra Necesaria, como él mismo la llamara, fue José Martí muerto en combate el 19 de mayo de ese mismo año, apenas recién comenzada la contienda.
Para esta nueva etapa de lucha independentista, los llamados clubes patrióticos de la emigración, jugaron un papel predonderante en todo el proceso organizativo de la guerra, con asiento en Tampa y Cayo Hueso fundamentalmente.
El primero de ellos fue creado por una patriota puertorriqueña en Nueva York, pocos días después de la creación por Martí en esa ciudad del Partido Revolucionario Cubano, en abril de 1892 y pronto se multiplicaron, no solo en territorio de los Estados Unidos, sino en muchos otros países, como muestra fehaciente de las simpatías que despertaba la lucha independentista que desarrollaba Cuba.
La guerra de emancipación contra el poder español, desde 1868, cuando estalló el 10 de octubre de ese año la llamada Guerra Grande, involucró a familias enteras que marchaban al monte a incorporarse a la contienda guerrera iniciada por otro grande de la patria cubana: Carlos Manuel de Céspedes.
La gesta continuada el 24 de febrero de 1895, organizada por Martí, tuvo otra forma de lucha y muchas mujeres, desde la emigración y agrupadas en los clubes revolucionarios femeninos apoyaron la guerra, no solo realizando colectas y envío de medicamentos a los que luchaban en Cuba, sino como correos.
Un ejemplo de ello es la artista y patriota cienfueguera Ana Aguado Andreu, quien ofreció su arte a la causa cubana y colaboró con donaciones y ayudas materiales. Fue tan loable la labor desempeñada por esta reconocida cantante lírica, que fue invitada por Martí a cantar en la velada artístico-literaria del Hardmann Hall, de Nueva York.
Máxima inspiradora de la labor de estos clubes patrióticos femeninos y fundadora del primero de ellos creado en el exilio, fue Inocencia Martínez de Santaella, quien en febrero de 1897 estableció otro de estos clubes, al que puso el nombre de su compatriota, el general puertorriqueño Rius Rivera, a quien Martí tuvo en gran estima.
La labor del Club Patriótico Femenino Mercedes Varona, también tuvo el apoyo y el reconocimiento de Martí. En carta fechada en 1893, el Maestro expresó:
“Si el Club Mercedes Varona pudiera morir, pudiese faltarnos su ejemplo, su espíritu; de seguro que permanecería vivo en la memoria”.
Otra activa colaboradora de estos clubes patrióticos femeninos fue Inocencia Valdés Fraga, La Niñita, secretaria del Club Mariana Grajales y una activa luchadora independentista y gremial.
Muchas otras cubanas exiliadas con sus familias en los Estados Unidos apoyaron de disímiles maneras la lucha independentista cubana. Nombres como Amalia Simone, María Cabrales, Mariana Grajales, la madre heroica de los Maceos, Marta Abreu, Isabel Rubio, quien contactó con José Martí y sirvió de enlace entre los patriotas de dentro y de fuera de Cuba y Paulina Pedroso, la llamada Madre negra de Martí, sobresalen entre muchos más.
Aún hoy día, en Ibor City, localidad tampeña de muchos cubanos y cubanas asentados en la Florida, una tarja recuerda el nombre de esta mujer y hay un pedacito de Cuba, de su tierra, de las tabaquerías en la que la mayoría de sus operarios eran cubanos, y un recuerdo imperecedero para Martí.
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