Por Marilys Suárez Moreno
En la lucha por la independencia de Latinoamérica, la mujer tuvo una participación relevante. Patriotas colombianas, venezolanas, peruanas, bolivianas, chilenas, mexicanas, ecuatorinas y argentinas, por mencionar solo algunas, no solo se enfrentaron resueltamente al enemigo con las armas en la mano, como la propia Manuelita Saenz, la bien nombrada Libertadora del Libertador. Muchísimas otras se valieron de la lucha clandestina o fungieron como correos y espías en la necesaria labor de ayudar a las tropas libertarias en batalla contra el colonialismo español.
En Cuba y el continente, fueron manos femeninas las que confeccionaron por primera vez, la enseña de la Patria, mitigaron los dolores de una herida e hicieron llegar al frente de batalla, a riesgo de sus propias vidas, armas, medicinas y alimentos necesarios para poder continuar el combate, al que muchas mujeres se sumaron también.
Es precisamente, sobre las ansias de libertad de las argentinas, que trata este pasaje. El complot de los fusiles, llevado a cabo por un grupo de mujeres en el siglo XIX, es una página más, en la larga historia por la independencia de ese país sudamericano.
El hecho ocurrió en una elegante residencia argentina y fue dirigido por Remedios de Escalada, esposa del general José de San Martín, quien sabedora de que su estado de salud no le permitía marchar al campo de batalla como eran sus deseos, convocó a un grupo de mujeres a una singular reunión.
Esta se llevó a cabo el 30 de mayo de 1812. Les dijo a sus amigas más cercanas que era necesario el aporte de ellas al incipiente ejército libertador de su país, que acababa de obtener su primera victoria al mando de San Martín, y propuso hacer una donación de armas con vistas a engrosar el escaso arsenal de los patriotas argentinos en lucha. La idea de Remedio de Escalada, por supuesto, recibió pronta acogida.
En el reducido grupo de mujeres reunidas por Remedio en su casa, se encontraba su gran amiga Mariquita Sánchez de Thompson, a quien se le ocurrió una feliz idea. Ella propuso elaborar un mensaje que reiterara la disposición del grupo a la lucha y, a la vez, sirviera de presentación al donativo.
Dicho y hecho. Trece fusiles llegaron al campo de batalla acompañados de una nota que expresaba los fuertes sentimientos independentistas de tan valerosas argentinas. La propia Mariquita escribió el documento, en una de cuyas partes se leía:
Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró gloria y nuestra libertad.
A 213 años de aquella insólita reunión que devino en El complot de los fusiles, como se le conoce en la historia de esa nación, aún parece escucharse por las callejuelas argentinas esas palabras como un canto de esperanza y victoria a la lucha librada por las hueste de San Martín contra el colonialismo español.
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