miércoles, 30 de abril de 2025

Género y discapacidad: por una inclusión sin excepciones




Por Zucely Almarales

La discriminación, los tocamientos indebidos, el maltrato físico, el acoso sexual por Internet y la presión constante sobre su autoestima; son parte del amplio abanico de manifestaciones violentas que enfrentan las  mujeres en situación de discapacidad. Estas manifestaciones solo se podrán solucionar con educación y reconocimiento. 

En Cuba y en el mundo, la lucha por los derechos de las mujeres ha dado pasos importantes, sin embargo, hay una verdad que todavía se pasa por alto: cuando el género se cruza con discapacidad, la desigualdad se profundiza. 

En esa intersección, existen mujeres que continúan sin ser reconocidas por muchas políticas públicas y los medios de comunicación, además de las barreras creadas para su plena inclusión en la sociedad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Personas con Discapacidad (ENDIS-2016), en Cuba hay más de 770 mil personas con algún tipo de discapacidad, de ellas, más de la mitad son mujeres. Muchas, según investigaciones realizadas por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y organizaciones como ACLIFIM (Asociación Cubana de Limitados físico-motores), han vivido situaciones de discriminación múltiple.

En la mayoría de los territorios cubanos, las mujeres en situación de discapacidad enfrentan dificultades para acceder a servicios ginecológicos adaptados, participar en actividades comunitarias e incluso trasladarse a los espacios donde se toman decisiones. 

Si bien existen avances legales, como el nuevo Código de las Familias aprobado en 2022, que reconoce el derecho a la autonomía personal y la no discriminación por motivos de discapacidad, los obstáculos estructurales y culturales siguen siendo profundos.

Lucía de la Caridad García Ajete, pedagoga cubana, señala que las violencias hacia las mujeres en situación de discapacidad están profundamente arraigadas en narrativas que las desvalorizan y limitan sus derechos. 

Todo ello se traduce en prácticas que van desde la infantilización hasta la negación de su autonomía, pasando por la falta de accesibilidad en espacios públicos y servicios esenciales. 

En barrios marginados del país, las mujeres en situación de discapacidad dependen completamente de sus familias. Esa dependencia, aunque a veces está sostenida por el amor, también las mantiene lejos de una vida autónoma y las hace más vulnerables a otros tipos de violencia. 

Las estadísticas sobre violencia de género en Cuba aún no reflejan con claridad cuantas de estas mujeres han sido o son víctimas de violencia de género.

No obstante entrevistas del Observatorio Social de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO-Cuba) confirman que muchas han sufrido abuso psicológico, económico y físico. 

La falta de datos desglosados y estudios específicos sobre las mujeres en situación de discapacidad en Cuba dificulta la implementación de políticas públicas efectivas. 

El reto, entonces, es colectivo. Implica transformar la mirada que se tiene sobre la discapacidad, superar el paradigma médico-asistencialista y construir un enfoque verdaderamente interseccional. 

Se impone garantizar el acceso físico a los espacios, pero también el simbólico, emocional y político. Asimismo, implica entender que la única manera de cambiar la mentalidad, con la que hasta ahora se ha analizado la realidad de las mujeres en situación de discapacidad, es que ellas mismas hablen de sus experiencias, en vez de verlas interpretadas por extraños. 

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