Por Marilys Suárez Moreno
Su nombre es sinónimo de sencillez, cariño y humildad. Juan Almeida Bosque era un cubano de humildísima cuna que, de albañil, devino revolucionario ejemplar. Fidel supo siempre que Almeida cumpliría cualquier misión que se le encomendase, como lo hizo en el Moncada, la prisión, el exilio, el Granma y en las semanas que siguieron al doloroso revés de Alegría de Pío.
Revolucionario de raigambre y leal compañero, el capitán de pelotón en la travesía del Granma, se convirtió en el más resuelto comandante del Ejército Rebelde.
Por eso, a los 15 meses de iniciada la lucha armada, Fidel consideró llegado el momento de ascenderlo a comandante y, con la orden: una nueva misión.
Era el 27 de febrero de 1958 y se le asignó la dirección de la Columna tres. Emocionado y alegre, el flamante comandante releía la orden de ascenso firmada por Fidel, sus atribuciones y el territorio a operar.
Iba a operar en el área de la Sierra Maestra, situada al este del poblado de María Tomasa, debiendo extender el campo de acción lo más lejos posible.
En su mente, estaban nítidos los detalles de la reunión en la que el líder de la Revolución le dio las instrucciones sobre la nueva misión y el ataque a la refinería de petróleo de Santiago de Cuba.
La primera acción combativa la libró Almeida ocho días después contra la refinería Texaco para evitar que el régimen lanzara sus efectivos contra la Columna Frank País, bajo el mando del también ascendido a comandante Raúl Castro.
La columna dirigida por Almeida fundó oficialmente el Tercer Frente Mario Muñoz Monroy en una zona de operaciones que abarcó el centro-sur de la provincia oriental y prosiguió estructurando la organización civil de su zona y ganando nuevos combates, apegado a lo orientado por Fidel.
Numerosos pueblos conocieron de su arrojo y el de sus hombres, hasta la victoria en Maffo que prácticamente determinó el fin de la guerra.
Protagonista él mismo de la historia, insertó en su libro La Aurora de los Héroes, testimonios en el que el Héroe de la República de Cuba ampliaba hechos vividos por él, en particular, la última fase de la guerra revolucionaria que culminó con el triunfo de la Revolución.
Político, escritor, compositor, diputado desde la primera legislatura y Presidente de la Asociación de Combatientes de Cuba, entre tantos títulos, cargos y responsabilidades que asumió, el Comandante de la Revolución Juan Almeida.
Fue una figura relevante en toda la lucha revolucionaria y en la posterior, tras la victoria de enero. Pero también un hombre de pueblo, campechano, alegre, amigo, padre y esposo, revolucionario hasta el fin de sus días.
Autor de más de 300 composiciones de temas imprescindibles como la Lupe y de más de una docena de libros, el Premio Casa de las Américas 1985, Juan Almeida, nos dejó su huella de héroe entre fusiles, versos y música.
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