Por Isel Quintana Freyre
Hay brazos que nunca se rinden, y el de Angelina Caterino de Castro fue, hasta el último domingo 14 de junio, un refugio tibio en medio de la intemperie.
A los 91 años, esta Madre de Plaza de Mayo de la filial Mendoza, dejó el plano terrenal, pero no sin antes haber completado el círculo sagrado que la dictadura intentó romper: logró abrazar a su nieta.
Hoy la despedimos con la certeza de que su historia ya pertenece a la memoria de su pueblo, porque Angelina no solo fue buscadora: fue sembradora de esperanza donde todo parecía arrasado.
