Por Aime Sosa Pompa
El acusado que nunca fue juzgado no era un vulgar literato o un invisible hombre de las Américas. Era Pablo Neruda. Los hechos han permanecido muy bien documentados. Primero: la fascinación ante una mujer bella perteneciente a un sistema racista y execrable de castas, en el eslabón mas débil, el de paria. Segundo: era la sirvienta que le vaciaba la letrina que usaba a diario, un recipiente que llevaba en la cabeza con sus desechos sólidos y líquidos. Tercero: el acoso manifiesto, reiterado, llamarla, dejarle regalos; mientras recibía un mutismo solo equiparable con la anulación a la que podría estar acostumbrada. Cuarto: conducirla a la cama con fuerza física, despojarla de la ropa, violarla a pesar de que era para él una estatua; y admitir que haciéndolo, era él mismo despreciable.
