sábado, 24 de octubre de 2026

Se necesita una tribu




Por Dailene Dovale de la Cruz

Entre sus manitas de niño, mi barriga de nueve meses de embarazo luce enorme. Descomunal. “Hola, Fabio David. Te quiero”, dice mi sobrino y deja un pequeño beso sobre mi ombligo. 

Cada noche antes de dormir, hablo con ese futuro chiquillo, ese nené en formación que se alimenta de mí y a la par obliga a la esperanza. Le cuento de la larga lista de personas que esperan su arribo: la mamá, el papá, la abuela de Zapote y la de Cienfuegos, los abuelos, el primito, las amigas, los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos. 

Fabio David no rebasaba el primer trimestre y ya había muchas manos para crear, organizar y sentirlo suyo. El bebé del pueblo será mi hijo, digo, parte en broma y otra en serio, por la cantidad de personas que se han acercado para brindar su ayuda, para construirle un pedacito de futuro que, en medio de la oscuridad circundante, le alumbre esa primera etapa, tan frágil, de recién nacido, que se estrena en el mundo, y yo también, pero como mamá.

Más allá del chiste de un niño que será cargado y consentido por muchos brazos, esta circunstancia de mujer embarazada en un contexto de asedio y policrisis me lleva a pensar esa frase de que para criar a un niño hace falta una tribu. 

Una tribu para sostener a la nueva madre, para aconsejar, para acompañar ese proceso inicial y todo lo que ocurre después del parto. Una tribu para espantar la soledad y la desesperanza, para en medio de cambios y dificultades crecientes ahuyentar los miedos y los escollos. 

La tribu es la canastilla construida entre muchos, el consejo sobre cómo llevar con más tranquilidad el parto, recomendaciones sobre lactancia materna y mil historias propias y ajenas sobre ese cambio definitorio que implica dar a luz.

Una amiga que fue querida y admirada, Yadira Álvarez Betancourt, hablaba sobre esa gente buena que llega, como ella, llena de flores en las manos para regalar, sobre la importancia de la comunidad y una red de apoyo, tejida de un modo fino y resistente, para dar saltos al vacío como ese de ser madres.

La tribu es también mi abuela, mi abuelo, mi tía que aunque al igual que Yadi no están acá físicamente, dejaron un legado en el modo en que entendemos la familia y el amor.

La tribu puede verse en unas manos minúsculas que se posan sobre una barriga enorme y al hacerlo dicen a un futuro niño; “eres amado”.

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