viernes, 7 de agosto de 2026

Regalo de amor

 




Por Marilys Suárez Moreno

Estamos en la semana Mundial de la Lactancia Materna, una jornada que no pasa inadvertida para Cuba que este año renueva su compromiso con la salud materno-infantil. Una jornada que cuenta con la colaboración de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el acompañamiento a las madres lactantes, según ha destacado la secretaria general de la FMC, Teresa Amarelle Boue.

Amamantar al bebé no debe verse solo como la interrelación madre-hijo. Ese acto repetido durante siglos contribuye a trasmitirle a la criatura confianza y seguridad; sí, pero también esa especie de complicidad íntima, mágica, que se establece con el intercambio recíproco de caricias y miradas y que ayuda mucho al bebé emocionalmente. 

Lo recomendable es comenzar a lactar al recién nacido a los pocos minutos después de haber nacido, pues la succión de la criatura logra que baje el calostro, la primera leche, muy escasa, densa y amarilla, verdadero extracto de alimento, con elevado valor nutricional, que proporciona gran protección contra las infecciones y que en esos momentos asegura los nutrientes necesarios para el nuevo ser. 

Pero no solo resulta enriquecedor para el bebé sino que estimula en la madre la liberación de una hormona llamada Oxitocina que ayuda a contraer el útero, expele la placenta y reduce el sangrado de posparto.

Amamantar al niño o niña no solo es un acto de supervivencia, es cumplir con otro de sus derechos, por el cual se esfuerzan en nuestro país el Ministerio de Salud Pública, organizaciones como la FMC y, a nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Precisamente, estas dos últimas organizaciones aprobaron en 1990 la propuesta de la Alianza Pro Lactancia Materna (WABA) de celebrar cada año del 1 al 7 de agosto la Semana Mundial de Lactancia Materna, como vía para fomentar el amamantamiento como la mejor opción de salud. La leche materna, por demás, resulta suficiente y está disponible a cualquier hora.

Un niño o niña alimentada con leche de la madre hasta los seis meses, está recibiendo un pasaporte de supervivencia, salud y crecimiento. Se sabe, que la gran mayoría de los lactantes, tienen menos riesgos de contraer algunas enfermedades crónicas. Además de hacerlos menos vulnerables a las infecciones diarreicas y respiratorias, fundamentalmente, por los anticuerpos y sustancias protectoras que posee esa leche, netamente natural.

Como la leche de la madre será siempre la más saludable para el bebé, esta alimentación evita la morbilidad y mortalidad y promueve su desarrollo físico y cognitivo, sumado a ese contacto físico único que se genera entre madre e hijo, proporciona un estímulo psicosocial que va más allá del simple hecho de alimentarlo para convertirse en la más íntima de las complicidades. Todo un regalo de amor.

Muchos de los especialistas que intentan explicarse al ser humano y sus comportamientos aceptan que los primeros años de vida son fundamentales para el equilibrio emocional. 

Durante esos meses, el recién nacido aprende dos aspectos vitales: la dificultad que existe entre él y el resto del mundo y a confiar o desconfiar de los seres que lo rodean. Ambos comportamientos son esenciales para lo que será una personalidad armónica, sana, desde el punto de vista psicológico.









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