lunes, 17 de agosto de 2026

Alejandra Laprea: feminismo, solidaridad y resistencia desde Venezuela





Por Mayra Fátima Amador y Marilys Zayas Shuman

La Feria Internacional del Libro de La Habana es siempre un hervidero de voces, ideas y encuentros. Entre los pasillos llenos de libros y conversaciones, el stand de la Editorial de la Mujer se convirtió en escenario de un diálogo especial: Alejandra Laprea, activista venezolana y coordinadora de la Marcha Mundial de las Mujeres en América, llegó con un poema en las manos y un dibujo como obsequio. 

Su presencia, marcada por la fuerza del internacionalismo feminista, abrió un espacio de reflexión sobre la solidaridad entre pueblos, la resistencia de las mujeres y la defensa de proyectos sociales que apuestan por la vida en medio del asedio.

No es la primera vez que visita Cuba. ¿Qué significa para usted regresar en este momento histórico y qué la motivó a participar en la cuarta asamblea del ALBA movimientos?

—Vine a participar en la cuarta asamblea del ALBA. La Marcha Mundial de las Mujeres forma parte de las articulaciones aliadas de este espacio, tanto a nivel global como continental. Además, varios capítulos nacionales integran el ALBA, como Brasil, Cuba, Honduras o República Dominicana. Así que mi presencia responde a esa articulación, y también a la oportunidad de disfrutar de la Feria Internacional del Libro.

La Marcha Mundial de las Mujeres nació con un eje anticapitalista y antineoliberal. ¿Cómo se traduce ese principio en acciones concretas de solidaridad con pueblos como Cuba y Venezuela?

—Uno de nuestros principios fundacionales es el internacionalismo feminista. Como decían Chávez y Fidel, ni los pueblos ni las personas nos podemos salvar solas. Por eso, la solidaridad feminista y socialista es parte esencial de nuestra acción y se manifiesta en actos de solidaridad bien concretos, que incluso van más allá de lo material. 

La Marcha mantiene informadas a organizaciones de más de 68 países sobre las agresiones contra Cuba y Venezuela, a organizaciones de más de 68 países que regularmente nos reunimos en puntos tan distintos como Nepal o tan cercanos como República Dominicana, a hacer actos de solidaridad y exigir a nuestros gobiernos que tomen posiciones más activas y beligerantes ante el genocidio silencioso que se le está imponiendo a Cuba desde hace más de 60 años. 

Igual pasa con mi país. Ante un discurso mediático internacional que ha impuesto un bloqueo comunicacional y que impone subjetividades y narrativas, solo en el trato directo con otras compañeras, con otras hermanas, con otros pueblos, es que nosotras y nosotros podemos ampliar su visión de lo que vivimos en países como los nuestros y también llevarles nuestra verdad. Y así mismo, pedirles a ellas que se conviertan en multiplicadoras exigir a los gobiernos posiciones firmes frente al bloqueo y la violencia imperialista.

La mediática internacional impone narrativas que distorsionan la realidad. Solo el contacto directo entre compañeras y pueblos permite compartir nuestra verdad y multiplicar la solidaridad.  

No es solo que yo venga a Cuba: en pocos días me reuniré con delegadas continentales y luego con representantes de las cinco regiones. Ese efecto multiplicador fortalece el abrazo, de la solidaridad la comprensión y la resistencia frente al capitalismo en su fase más agresiva de los tiempos tan complejos que vive Cuba y de los tiempos tan nefastos que nos están imponiendo el capitalismo en esta fase.

En su experiencia, ¿qué papel juega el feminismo popular en la construcción de alternativas políticas frente al capitalismo y el imperialismo?

—El feminismo popular es inseparable de la defensa de la vida. No se trata solo de reivindicar derechos de las mujeres, sino de transformar las estructuras que sostienen la explotación y la violencia. 

El socialismo feminista es el único proyecto que garantiza la vida de todas y todos en esta tierra. Por eso, nuestra lucha no es aislada: está vinculada a la soberanía alimentaria, a la justicia social y a la defensa de los pueblos frente al saqueo.

¿Qué impresiones se lleva de Cuba en esta visita y cómo las conecta con su propia experiencia en Venezuela?

—De Cuba ahorita creo que lo que más me llevo es el compromiso de organizar, la rabia y la indignación profunda que siento en este momento, por lo que le están haciendo pasar. Yo vine a Cuba la primera vez durante el período especial, y también vine cuando el pueblo cubano sentía un respiro, una esperanza. Y lo que nos están imponiendo a nuestros pueblos, al pueblo cubano, al pueblo venezolano, por nombrar, e inclusive a los pueblos de América, porque haber militarizado como está militarizado ahorita el Mar Caribe, no es una cosa que solo nos afecta al pueblo cubano o al venezolano. Nos afecta a todos. 

Es una amenaza para todos los pueblos del continente. Entonces me llevo el compromiso, toda esta indignación, esta rabia y esta furia que no se convierta en cosa vana o en un arrebato, sino que tenga la fuerza para organizar a más gente en torno a la defensa del socialismo feminista como un proyecto que tiene derecho no solo a existir, sino que es el único proyecto en este momento que garantiza la vida de todo el mundo en esta tierra.

¿Qué mensaje desea transmitir a las mujeres cubanas que enfrentan cotidianamente las consecuencias del bloqueo y la crisis?

—Ay, compañeras, de verdad que para mí es muy difícil porque yo sé, yo sé qué estar sin luz, sin agua, sin gas. Yo sé el hartazgo que deben sentir, el cansancio, y tampoco me gusta que nadie me venga a decir lo que siento o no siento. 

¿Qué les puedo decir? Que muy cerquita de aquí hay un montón de mujeres que estamos pasando por lo mismo, y que sentimos su dolor, que sabemos por lo que pasan, quizás no tanto, porque no son 60 años, son solo 28 que nos montaron el pie. Pero nada: muchas de esas mujeres que sufrimos este hartazgo también hemos tomado la decisión de que no nos van a doblegar, que no son las únicas que tienen ese capricho loco de no dejarse doblegar, y que no son las únicas que tienen la certeza de que lo que ofrece el otro es solo muerte y destrucción. Entonces, un abrazo. Un abrazo desde el hermano pueblo de Venezuela que de verdad las tiene en el corazón.

Al concluir la entrevista, Alejandra volvió a sacar el poema que nos había mostrado al llegar y lo leyó en voz alta. Su voz y sus versos fueron un regalo para Cuba:

“Tu bandera echa un mar de flores sobre manos de hermanas y hermanos. Tu bandera, barras azules de esperanza, trenzadas con los puños de todas y todos. Tu bandera, flores rojas derramadas sobre el Caribe azul destellante. Tu bandera arropa y vuelve cálido y fresco nuestros caminos. Esa estrella en tu bandera no está sola. Esa flor blanca no será deshojada.”



Desde el stand de la Editorial de la Mujer, el abrazo de Alejandra Laprea llegó en forma de poesía: un recordatorio, en medio del asedio, de que no estamos solas.

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