viernes, 17 de julio de 2026

¿No pienso, luego no existo?



En un escenario de lucha a favor de la igualdad de género, persisten los actos de odio, desprecio y aversión hacia las mujeres que toman su peor forma con el llamado feminicidio.


Por Erika Hernández Conesa, estudiante de Periodismo.

“(…) Hoy, en el siglo XXI, todavía hay una necesidad urgente de consolidar la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de vivir sin violencia ni discriminación. 

Los asesinatos por razones de género se dan en todas las regiones, en todos los países y en todas las culturas (…)”, alertaba Michelle Bachelet, quien era secretaria general adjunta de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y directora ejecutiva de ONU Mujeres, en discurso el 12 de marzo de 2013.

Los feminicidios, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, son la forma más extrema de violencia de género y se traducen en asesinatos intencionales de mujeres por el solo hecho de serlo. 

Los últimos datos recogidos por el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe del año 2024, poco más de una década después del discurso citado, demuestran el aumento de estos tipos de homicidios en la región con más de 3800 víctimas, sin contar las cifras que se quedan en la oscuridad. 

¿Con qué derecho un ser “humano” puede prescindir de otro, de su espíritu, de sus pensamientos, de sus conocimientos? Lo peor del fenómeno es la impunidad que lo acompaña. Se crea entonces, una cultura de tolerancia a estos crímenes que deriva en el aumento de los casos y en la desesperanza. 

Esta tragedia mundial de proporciones pandémicas, como lo definió Morris Tidball-Binz, relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias de la ONU, tiene antecedentes en el siglo XVI con el genocidio de las mujeres indoeuropeas y junto con ellas, el de sus conocimientos, amplios por cierto, en diferentes ámbitos como la astronomía, la medicina, la biología, la ética, entre otros. 

Este, junto con otros tres genocidios (contra la población de origen judío y musulmán) en la conquista de la hoy conocida como península ibérica, contra los pueblos indígenas en la colonización del continente americano y contra los africanos raptados y esclavizados en dicho continente), fueron planteados por Ramón Grosfoguel como determinantes de las estructuras de poder y epistémicas raciales/sexistas, en el artículo Racismo/sexismo epistémico, universidades occidentalizadas y los cuatro genocidios/epistemicidios del largo siglo XVI.  

Las mujeres, quienes fueron quemadas vivas por su liderazgo y capacidad para la organización económica, política y social, constituían una amenaza a la teología cristiana, la autoridad de la iglesia y el poder de la aristocracia, por ende, su persecución fue una estrategia para consolidar el patriarcado cristiano-céntrico, de acuerdo con Grosfoguel. 

Al destruir, junto con sus cuerpos, sus pensamientos e ideas, el hombre occidental se erigía como único ser superior. De este modo, podía aplicar su propio sistema de ideas por sobre todo y todos, y como resultado, los conocimientos de las mujeres, quienes ya eran consideradas seres inferiores, también se supusieron menores.

Queda en la imaginación sus posibles contribuciones a la humanidad y al desarrollo científico-técnico, cultural y social. Tal vez, hubiésemos tomado otro rumbo, experimentado otros procesos sociales y relatado otras historias.  

Incontables son las huellas de las mujeres a lo largo del tiempo como la lucha contra la segregación racial de Rosa Parks, la fundadora del movimiento por los derechos civiles; o el arte y las ideas políticas revolucionarias de Frida Kahlo. 

¿Qué sería de las comunicaciones actuales sin Hedy Lamarr, quien desarrolló la teoría del espectro ensanchado, precursor del WiFi? ¿Conoceríamos el Radio y el Polonio sin Marie Curie, primera persona en recibir dos premios Nobel en distintas especialidades (física y química)?

Son solo algunos ejemplos de personalidades que rompieron barreras, enfrentaron la brecha de género y lograron materializar sus conocimientos. ¿Quién sabe los grandes logros que pudieron haber alcanzado todas esas mujeres asesinadas?

Nelson Maldonado Torres en su artículo Against War: Views from the Underside of Modernity, planteó la estructura racista/sexista del no pienso, luego no existo, como contraparte al yo pienso, luego existo del filósofo francés René Descartes, que no incluía a las mujeres. Expresa una colonialidad del ser donde todos los sujetos considerados inferiores no piensan y no son dignos de la existencia.

Los hombres y las mujeres tienen las mismas capacidades mentales para desarrollar sus conocimientos en beneficio de la sociedad. Es inaplazable el impulsar cambios en las creencias y comportamientos que consienten o eternizan la violencia, especialmente en las comunidades económicamente desfavorecidas con bajos niveles de educación y desarrollo.

Somos testigos, además, de la necesidad de aumentar las investigaciones referentes al tema y endurecer las sanciones a los responsables de los actos. “Aspirar, protestar, combatir, derribar hoy un obstáculo, mañana otro”; como alentó Enrique José Varona en su artículo Feminismo, publicado en la Revista de Avance. 

¿Es tan difícil entender que no existe superioridad en cuanto al sexo? ¿Será que algún día se logrará la igualdad en toda su expresión y sin excepciones?


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