viernes, 19 de junio de 2026

Presenta la Marcha Mundial de las Mujeres de las Américas el libro: Nuestro camino. Textos sobre mujeres migrantes

 


Por Marilys Zayas Shuman

En la tarde de este jueves 18 de junio se presentó por video conferencia el libro Nuestro camino. Textos sobre mujeres migrantes, una obra coral que se levanta como testimonio y denuncia, pero también como ejercicio de memoria colectiva de la Marcha Mundial de las Mujeres en América.

El texto, publicado en 2025, reúne voces de distintos países de la región para narrar, analizar y poetizar la experiencia migratoria desde una perspectiva feminista. 

No es un texto académico en sentido estricto, aunque aporta reflexión; tampoco es solo un compendio de relatos, porque se articula como manifiesto político. Es, más bien, un tejido de géneros y voces que se entrelazan para mostrar que la migración femenina es un fenómeno atravesado por la violencia estructural del capitalismo, el patriarcado y el colonialismo, pero también por la resistencia cotidiana de quienes sostienen la vida en medio de la ausencia.

En su introducción plantea con claridad que migrar no es el problema, sino las condiciones en que se migra: la criminalización, la precariedad, la violencia en tránsito y las razones estructurales que obligan a salir del lugar de origen. 

Desde ahí, el libro se organiza en tres apartados: Vivir el camino, donde se recogen testimonios íntimos de mujeres cubanas que enfrentaron la migración en los años 90, mostrando cómo la ausencia transformó hogares y afectos; Pensar el camino, que ofrece el análisis sobre el trabajo precario, sindicalización y feminización de las migraciones; y Cantar el camino, donde la poesía y el cuento resignifican la experiencia migrante desde la memoria y la creatividad.

La diversidad de géneros es parte de la fuerza del libro: cada relato, cada ensayo, cada poema, aporta un ángulo distinto de una misma realidad.

Los testimonios desde Cuba son especialmente conmovedores. Historias como la de Elena, que a sus 85 años se quedó sola mientras su hija emigraba, o la de Miriam, que convirtió una cortina en altar para resistir la ausencia, revelan cómo la migración no solo afecta a quienes parten, sino también a quienes se quedan. 

“La cultura no se guarda en maletas: se borda en gestos, se canta, se llora en silencio y se vive desde la solidaridad” (p. 8), se afirma en uno de los textos, y esa frase resume la idea de que la identidad se sostiene en lo cotidiano, incluso cuando el cuerpo está lejos. 

En Chile, Argentina y otros países, los análisis muestran cómo la migración femenina se enfrenta a la pérdida de derechos, a la precarización laboral y a la imposibilidad de ejercer las profesiones aprendidas en el país de origen. 

La investigación de Elpidia Moreno sobre médicas e ingenieras cubanas que no pudieron ejercer durante años en el extranjero es un ejemplo de cómo la migración implica también un despojo de saberes y trayectorias.

El estilo del libro es profundamente político, pero también íntimo. La denuncia se combina con la ternura, la reflexión con la poesía. 

Esa mezcla permite a quienes lo leen acercarse tanto a la dimensión estructural como a la humana de la migración. No se trata solo de cifras —aunque se mencionan, como los 281 millones de personas migrantes en 2024, de las cuales el 48 % son mujeres—, sino de vidas concretas, de cuerpos que cuidan y sostienen, de familias que se reinventan en la distancia. 

La obra insiste en que no existe una “crisis migratoria” aislada, sino una crisis global y estructural que obliga a desplazarse, y defiende tanto el derecho a migrar como el derecho a no migrar.

La recepción del libro se inscribe en la tradición de publicaciones feministas de la MMM de las Américas que buscan articulación, reflexión y acción.

Es una herramienta de formación y debate, útil para movimientos sociales, espacios académicos y medios de comunicación que quieran comprender la migración desde una perspectiva de género. 

Su carácter colectivo, con colaboraciones de autoras de distintos países, refuerza la idea de que la migración es un fenómeno regional y global, y que solo puede abordarse desde la solidaridad y la organización.

Destaca su riqueza coral, no es una voz única, sino un entramado de experiencias que revela la dimensión colectiva de la migración. 

Al narrar las ausencias, los cuidados y las luchas, las autoras convierten la migración en un espacio de denuncia y de construcción política. 

El libro aporta una mirada feminista que desnaturaliza la idea de migrar como elección individual y la sitúa en el marco de las violencias estructurales. Al mismo tiempo, rescata la capacidad de las mujeres para sostener la vida, para convertir la espera en resistencia, para transformar la memoria en acción.

Nuestro camino es un manifiesto de resistencia y memoria. Al reunir testimonios, análisis y poesía, convierte la migración en un espacio de reflexión-acción, donde las mujeres migrantes aparecen no solo como víctimas de un sistema injusto, sino como sujetas políticas que sostienen la vida y transforman la historia.

Es una obra para comprender cómo la migración femenina atraviesa cuerpos, hogares y territorios, y cómo desde la diáspora y la espera se construye un camino colectivo hacia la dignidad y el buen vivir.

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