Por Marilys Suárez Moreno
Aunque fue el 14 de marzo la fecha de su nacimiento, no quisimos dejar correr más tiempo sin recordar a una patriota cubana que tuvo una participación activa en la última de nuestras guerras independentistas y cuyo aniversario 165 de nacimiento conmemoramos este año.
Gabriela de la Caridad Azcuy Labrador, Adela, como se hacía llamar, nació en el hermoso Valle de Viñales y no había cumplido los 35 años cuando después de romper con su segundo esposo, un peninsular con el cual contrajo matrimonio tras varios años de viudez, tomó el camino de la manigua.
Era el 10 de febrero de 1896 y ya para entonces la pinareña se había distinguido por su cultura y convicciones patrióticas. Sus estudios y conocimientos sobre medicina natural le sirvieron a la patriota para alistarse como miembro de la Sanidad Militar, pese a la resistencia inicial de admitirla en las filas insurrectas por su condición de mujer.
En su juventud, Adela Azcuy, una mujer hermosa, culta y excelente conversadora, dedicaba largas horas a cabalgar y a la práctica del tiro por las tierras de la finca familiar. Ávida de conocimientos y de carácter inquieto, gustaba de la poesía y era ferozmente patriota.
Deseosa de participar en la lucha, la temeraria mujer se presentó ante una tropa que operaba en la zona. Inconforme con la negativa recibida por el jefe insurrecto y a pesar de las reticencias por su condición de mujer, Adela aceptó colaborar como enfermera, pero tan pronto podía se presentaba en el campo de batalla.
Tal era su destreza con las armas que pronto fue trasladada a las tropas del coronel Miguel Venegas, quien al ver a la nueva combatiente hizo un comentario del que renegaría después: “El valor de esta mujer es falso y vanidoso”. Pronto se enorgulleció de ella.
Se cuenta de Adela Azcuy, que a veces, en plena ofensiva, se bajaba del caballo para curar heridos. La ilustre Capitana era distinguida también por su valor combativo y gran altruismo. Y algo que la destacaba era que la intrépida mujer nunca abandonaba su morral con los medicamentos y pasaba del frente de batalla al auxilio de los caídos, alternativamente.
Al armar sus tropas para un combate inminente, el coronel Venegas las dividió en dos; combatientes a un lado y la llamada impedimenta al otro. Ahí pretendió acomodar a Adela, quien lo enfrentó: “He venido a la guerra a pelear, y si tengo que morir, quiero morir como los valientes, peleando”.
Al coronel no le quedó más remedio que aceptar y tras la actuación de la heroica mujer en la batalla, confesó después: “Yo no podía imaginar a una mujer tan valiente, desde ese momento he sentido admiración por ella”.
Adela se mantuvo 13 horas luchando en el combate de Loma Blanca, uno de los más importantes de la epopeya mambisa en el occidente del país.
La heroica mujer participó en más de 50 combates, entre ellos, Ceja del Negro, Tumba de Estorino y Cacarajica. Ascendida a capitana del Ejército Libertador, combatió bajo las órdenes de Venegas y en todos estos enfrentamientos ocurridos en la región de Pinar del Rio, era el Mayor General Antonio Maceo quien comandaba las tropas.
“No goza de ninguno de los privilegio a que le da derecho su sexo. Posee su destacamento y lo dirige durante la batalla, pero también ayuda frecuentemente a vendar y curar a los heridos..” dijo de ella un periodista ruso simpatizante de la causa mambisa y la prensa norteamericana la llamaron la Juana de Arco cubana.
Ya finalizada la guerra y en su residencia de la Quinta de los Molinos, el Generalísimo Máximo Gómez, recién llegado a La Habana, recibía de visita a un grupo de combatientes que quería presentarle sus respetos.
De entre ellos destacaba una mujer. Tendría unos 40 años y no era precisamente bella, pero sí muy atractiva. Al reparar en ella, Gómez se volvió con discreción y preguntó a uno de sus ayudantes: ¿Quién es esa señora con tantas estrellas? Era Adela Azcuy y lucía los grados de capitana del Ejército Libertador.
Una veintena de mujeres alcanzaron ese grado y muchas más se distinguieron como combatientes, en la línea de fuego o como enfermeras y correo.
Adela sobrevivió a la guerra y fue miembro de la Junta Patriótica de La Habana, constituida con el objetivo de oponerse a las intenciones anexionistas nacidas al calor de la segunda intervención norteamericana en Cuba.
En 1911, de regreso a Viñales ocupó por primera vez un cargo público al ocuparse de la secretaría de la Junta de Educación en la región y dedicarse por entero al mejoramiento de las escuelas y de las condiciones de vida de su pueblo.
La patriota pinareña, personalidad insigne del hoy municipio de Viñales, donde se le honra perennemente, falleció en la Habana, en 1914.

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