Por Mariacarla de Guadalupe Quincosa Guerra
(Estudiante de periodismo de 3er año)
El parto respetuoso emerge en Cuba como un cambio de paradigma que busca devolver a la mujer el protagonismo en uno de los momentos más trascendentales de su vida.
Este proceso se desarrolla en un esfuerzo conjunto entre el sistema de salud y la cooperación internacional para superar la medicalización excesiva y abrir paso a un modelo más humano del nacimiento.
Frente a un modelo obstétrico tradicionalmente enfocado en la intervención médica, Cuba ha iniciado un camino hacia la humanización del nacimiento. Este proceso cuenta con el acompañamiento técnico del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y no representa una moda pasajera, sino una necesidad que busca garantizar una experiencia de parto digna y respetuosa para las mujeres cubanas.
¿Qué es el parto respetuoso?
El concepto de parto respetuoso representa un giro radical frente a la atención convencional. Según la Guía de actuación para la atención al parto respetuoso, publicada en 2022 por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), esta práctica clínica surge de la necesidad de introducir modificaciones sustanciales al modelo principalmente medicalizado de atención durante la gestación, el parto y el puerperio.
El objetivo fundamental es crear condiciones que favorezcan el respeto a la fisiología del proceso y prioricen una atención expectante, donde la mujer y su familia se convierten en los verdaderos actores de la vivencia.
En esencia, se trata de generar un espacio cálido donde la madre y el recién nacido sean el centro, y donde el nacimiento se desarrolle de la manera más natural posible. La meta es clara: que la madre viva el parto como una experiencia tranquila y no como algo doloroso o traumático.
Un modelo que se construye desde la base
Para garantizar un cambio real, el proyecto no se limita a las salas de hospital. Su enfoque es integral y comienza en la atención primaria de salud. Junto a los hospitales seleccionados, se han involucrado policlínicos, consultorios del médico de la familia y hogares maternos, con el propósito de que la preparación de las embarazadas y sus familias comience mucho antes del momento del parto.
Iniciado formalmente en 2022, el plan piloto se implementa actualmente en tres centros: el Hospital Docente Ginecobstétrico “Ramón González Coro” y el Hospital General Universitario “Camilo Cienfuegos” en Sancti Spíritus, a los que se ha sumado más recientemente el Hospital Pediátrico “Octavio de la Concepción y de la Pedraja” en Holguín.
La ginecobstetra Elizabeth Navarro, del hospital González Coro, explicó que el propósito es “que la embarazada se sienta protagonista del proceso, siempre desde el acompañamiento y la vigilancia médica para evitar complicaciones”. La especialista enfatiza que el principal campo de batalla está en la transformación de la cultura médica: “Pretendemos trabajar en lo que no depende de recursos, como la comunicación, la empatía y el cambio de mentalidad de todos los que intervienen en el parto”.
Este cambio de mentalidad resulta crucial en un contexto donde la jerarquización del saber médico ha llevado, en muchos casos, a que los equipos de salud asuman el control sobre el cuerpo de las mujeres durante el proceso reproductivo.
Desafíos
A pesar de los avances, las autoridades reconocen que la generalización del parto respetuoso en todo el país aún enfrenta obstáculos importantes, entre ellos la falta de capacitación sistemática y las limitaciones de recursos.
A esto se suma una arraigada cultura de medicalización: la tasa de cesáreas en Cuba ronda el 40%, muy por encima de la horquilla del 10-15% recomendada por la OMS. Incluso algunas mujeres solicitan la cesárea por considerarla un procedimiento “más cómodo”, lo que refleja cuánto queda por avanzar también en la educación de la población.
No obstante, existe una firme voluntad de cambio. Anahy Velázquez, jefa del departamento de Enfermería del MINSAP, asegura que se busca “seguir fortaleciendo el parto fisiológico”.
El camino está trazado: continuar la capacitación del personal de salud y construir, desde la empatía y el respeto, una nueva forma de nacer en Cuba. El reto es enorme, pero la convicción institucional y la demanda creciente de las propias mujeres hacen de este proceso un avance difícilmente reversible.

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