Por Marilys Suárez Moreno
El suyo es un nombre respetado y querido por las cubanas y los cubanos, aunque ni siquiera la conocieran o solo escucharan hablar de ella por referencias o alguna lectura.
Muchas fueron las bondades que adornaron a Celia Sánchez Manduley y que honraron sus raíces cubanas. Recordarla en el aniversario 106 de su nacimiento el 9 de mayo de 1920 en Media Luna, provincia de Granma, es como mostrar un pedazo de la historia revolucionaria y sentir la huella que ha dejado entre nosotros.
Como dijo el desaparecido investigador Pedro Álvarez Tabio, Celia está tan imbricada en la historia misma de la Revolución y de Fidel, que resulta imposible separar una de otra.
Combatiente de la clandestinidad y de la Sierra, fue también la persona que con más celo resguardó cada instante de la historia insurreccional cubana.
A iniciativa suya y por su afán de salvar el más ínfimo papelito, se creó la Oficina de Asuntos Históricos, en cuyas bóvedas se guardan miles de documentos originales de la lucha revolucionaria.
Antes de que Celia Sánchez conociera a Fidel ya era uno de los cuadros más destacados de la clandestinidad en el Oriente del país, para ella resultó vital la lectura de la primera edición de La historia me absolverá, en cuya distribución en Manzanillo participó activamente, pues le reveló el alcance programático del Movimiento gestado en el Moncada y cuya acción valerosa galvanizó su espíritu de combate y le hizo renacer nuevas expectativas.
De hecho, después del reagrupamiento del grupo guerrillero comandado por Fidel en Cinco Palmas, Celia se volvió una pieza clave. Fue ella quien incorporó los primeros campesinos a la incipiente tropa guerrillera. Desde ese momento, no hubo episodio alguno de la lucha en la que ella no estuviera presente.
Huérfana de madre a los seis años, fue criada por su padre, el prestigioso médico manzanillero Manuel Sánchez, quien le inculcó el amor a Martí y a la historia patria.
Ejecutiva y enérgica, Celia impulsó legislaciones de Seguridad Social para las trabajadoras y campañas por la incorporación femenina al trabajo y el estudio.
Fue artífice de cientos de obras sociales y asumió con amor e indulgencia cuanta solicitud le llegaba. Y aunque no tuvo el privilegio de la maternidad, su instinto materno fue prodigo, pues acogió como suyos 10 muchachos campesinos a los que crío y formó para la vida.
Privilegiada como “La flor mas autóctona de la Revolución”, la recordamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario