Por Yamylé Fernández Rodríguez
Fotos: De la autora
“Por un hijo siempre se sufre, por un hijo todo se hace, todo se puede. Por un hijo se mueve el cielo o la tierra”.
Con estas palabras la doctora camagüeyana Yanet González Michel, especialista en Geriatría y Gerontología Clínica en el policlínico José Martí de la ciudad de Camagüey, resume la fuerza que la ha acompañado desde que su hijo Elcides Román fue diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA) a los dos años y 9 meses de edad.
Aunque su formación profesional le permitió reconocer señales tempranas de que el niño no marchaba a la par de los demás, recibir la evaluación definitiva de TEA fue un golpe emocional.
“Es muy de difícil vivir con el diagnóstico especial de un hijo. Es muy fuerte levantarte todos los días y luchar por ese hijo porque no es con él solamente el problema, el problema es la sociedad, el mundo afuera, la aceptación y la inclusión. Por mi parte y por parte de mi familia siempre lo vamos a querer”.
La entrada de Yanet y Elcides a la Escuela Especial Héroes del Moncada, donde reciben tratamiento socioeducativo niños y adolescentes con autismo en la capital camagüeyana, marcó un antes y un después en la vida de ambos.
“Allí la experiencia fue mágica y maravillosa. Llegamos a ese centro procedente de un círculo infantil donde, por decirlo de alguna forma, éramos incomprendidos y no se sabía mucho sobre el autismo, mientras que en esta escuela de inmediato encontramos un entorno de comprensión y apoyo. Siempre estaremos en deuda con los maestros que nos acompañaron”.
Fue justamente en ese tiempo cuando Yanet pasó a formar parte de una red de Madres Azules, como se conocen a las mamás de niños autistas por el ser ese el color que mundialmente identifica a esta condición.
“Hubo que estudiar mucho y fueron noches de desvelo buscando información, interactuando y haciendo dinámicas grupales. Cuando dejábamos a nuestros hijos en la escuela de autismo nos reuníamos. En aquel momento no estaba tan desarrollada la tecnología como ahora, pero buscábamos libros, recortes de periódicos, computadoras, teléfonos…, no puedo explicarte todo lo que hicimos para adentrarnos en el tema.
“Lo que yo no había averiguado, ya lo había investigado otra madre y así fueron años de terapias juntas y es que después que tienes a un hijo diagnosticado con TEA tienes una familia mayor, tienes una familia azul, y no hay una Madre Azul que no luche por su hijo”.
Luego de varios años de ardua labor en la Escuela Especial Héroes del Moncada, Elcides logró incorporarse a la enseñanza regular en el seminternado de educación primaria Renato Guitart Rosell de la capital agramontina.
Recuerda Yanet que fueron recibidos con gran aceptación y comprensión por parte de los docentes y, sobre todo, de los niños, lo que ayudó mucho al proceso de inclusión social.
“Hoy, con 14 años de edad, mi hijo continúa su formación en un entorno de enseñanza regular en la Secundaria Básica Mártires de Camagüey y allí también es muy respetado y marcha a su ritmo, como debe ser”, enfatiza esta madre camagüeyana, quien confiesa que la adolescencia de Elcides impone ahora un nuevo reto para ella:
“Adolescencia y autismo es un capítulo nuevo que estoy descubriendo y dicen que es tan difícil o más que la niñez, pero en mi caso no lo veo así. Él es muy dócil y amoroso porque lo que uno da es lo que recibe de vuelta y en este caso ha sido mucho amor, mucha comprensión y mucha estimulación”.
Justamente Elcides está motivado a convertirse en una persona con independencia económica y su madre lo apoya a hacer realidad el sueño de abrir en el futuro un punto de venta de jugos y pasteles.
“Tiene esa idea fija y ya quiere aprender a hacer los jugos y está averiguando las medidas exactas que se necesitan y detalles de ese tipo porque es muy riguroso con cada cosa que se propone”, dice Yanet con la alegría de ver a su muchacho enfocado en una meta posible.
A partir de su experiencia, esta “Mamá Azul” envía un mensaje claro a otras mujeres que vivan una situación similar a la de ella: “No se cansen y no pierdan tiempo. El diagnóstico puede ser cualquiera, pero la estimulación es una, la que tú le des, lo que tú hagas por tu hijo siempre cuenta, siempre vale y es lo más importante”.
El conmovedor testimonio de la camagüeyana Yanet González Michel trasciende fronteras, pues su experiencia refleja los desafíos de las familias que ahora mismo conviven con hijos autistas en cualquier parte del mundo y luchan por un entorno más inclusivo y de mayor aceptación.




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