Por Aurika Rubio García
La forma natural e instintiva de expresar el enojo es responder de manera agresiva. El enojo es una respuesta natural que se adapta a las amenazas, e inspira sentimientos intensos, con frecuencia agresivos, y conductas que nos permiten luchar y defendernos cuando nos sentimos atacados.
La ira está ligada a pensamientos distorsionados y negativos, que surgen en situaciones estresantes, agobiantes y momentos que nos hacen sentir en peligro. Cuando dicha emoción se presenta de manera frecuente o desproporcionada, quien la padece valora el contexto como algo terrible, aun cuando en realidad no lo sea.
La misma no está asociada a ninguna enfermedad concreta pero puede ser indicadora y predisponer a trastornos afectivos y de la personalidad.
Los órganos que se dañan con la ira son el corazón y el sistema digestivo. El cambio más inmediato que notamos en un episodio de ira es en el sistema cardiorrespiratorio, ya que aumentan la presión sanguínea, la frecuencia del pulso cardíaco y la frecuencia respiratoria.
Para controlar la ira sigue estos consejos:
- Piensa antes de hablar.
- Una vez que te hayas calmado, expresa tu malestar.
- Haz algo de ejercicio.
- Tómate un descanso.
- Identifica posibles soluciones.
- Recurre a las declaraciones en primera persona.
- No guardes rencor.
- Recurre al humor para liberar la tensión.
- Practica habilidades de relajación.
- Saber cuándo buscar ayuda.
La ira es una emoción normal, incluso saludable, pero es importante lidiar con ella de manera positiva. La ira descontrolada puede dañar su salud y sus relaciones. Mantener el temperamento bajo control puede ser desafiante.

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