Por Isel Quintana Freyre
Treinta y cuatro años después de su última visita, Chico Buarque aterrizó en La Habana para reencontrarse con su amigo Silvio Rodríguez, figura esencial de la Nueva Trova Cubana. La invitación, nacida de una amistad de más de cinco décadas, se convirtió en símbolo de la unión cultural entre Brasil y Cuba.
El motivo central de la visita fue la grabación de una nueva versión de “Sueño con serpientes”, tema emblemático de Silvio Rodríguez.
En la sesión participaron músicos cubanos como Niurka González, en la flauta, y Jorge Reyes, en la percusión, reafirmando la riqueza colaborativa de la música latinoamericana.
Más allá de la música, Buarque entregó una donación de medicamentos al Ministerio de Salud Pública, gesto que subraya su compromiso con el pueblo cubano en un contexto de recrudecimiento del bloqueo económico y energético.
Su visita fue acompañada de mensajes en redes sociales donde expresó que su presencia era una forma de solidaridad activa.
El artista también se reunió con intelectuales y músicos en Casa de las Américas, espacio histórico de intercambio cultural. Allí compartió reflexiones sobre la importancia de mantener viva la hermandad entre los pueblos a través del arte y la palabra.
Al concluir su estancia, Chico Buarque se despidió con un mensaje de amor desde el Malecón habanero, acompañado de su esposa Carol Proner y músicos populares de la ciudad. El gesto, sencillo y humano, reflejó la conexión profunda que mantiene con Cuba y su gente.
La visita de Chico Buarque no fue un espectáculo mediático ni un acto aislado: fue un puente de solidaridad y cultura, un recordatorio de que la música y la amistad pueden desafiar bloqueos y distancias.
En tiempos de dificultades, su presencia reafirma que la hermandad entre los pueblos se construye con gestos concretos y con canciones que nunca pierden vigencia.

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