miércoles, 4 de febrero de 2026

Aportes del Buen Vivir al horizonte feminista en Cuba


Por Marilys Zayas Shuman

El Buen Vivir no es una teoría distante ni un concepto reservado para la academia. Es una experiencia que se percibe en lo cotidiano: el anhelo de vivir con dignidad, de cuidar y ser cuidados, de compartir lo que tenemos y de que nuestras comunidades florezcan en armonía con la naturaleza.

En Cuba, donde la vida se sostiene en la solidaridad de los barrios, en la mano extendida de una vecina y en el esfuerzo de tantas mujeres que cargan múltiples responsabilidades, el Buen Vivir aparece como un horizonte cercano. No es un sueño abstracto, sino una invitación a reconocer lo que ya hacemos y a pensarlo como parte de un proyecto colectivo más amplio.

Los feminismos latinoamericanos insisten en que el Buen Vivir no se limita a leyes o políticas: implica transformar la manera en que nos vinculamos con la vida, los cuerpos y los territorios. En ese camino, Cuba tiene mucho que aportar y también mucho que aprender.

Filosofía ancestral resignificada por los feminismos

El Sumak Kawsay, en lengua quechua, es una forma de entender la existencia que nace de los pueblos indígenas andinos y propone armonía con la naturaleza, la comunidad y una misma. Invisibilizado durante siglos por modelos coloniales y capitalistas que privilegiaron el crecimiento económico sobre la vida, este pensamiento ha sido retomado y resignificado por los feminismos latinoamericanos, que lo convierten en práctica política y cotidiana.

La socióloga ecuatoriana Yuderkys Espinosa Miñoso lo sintetiza: “El Buen Vivir feminista no es una utopía abstracta, sino una práctica cotidiana de cuidado, reciprocidad y defensa de la vida en todas sus formas”. Es decir, se encarna en los gestos diarios: cuidar a alguien, compartir lo poco que tenemos, defender el derecho a vivir en un entorno sano y justo.

El Buen Vivir feminista nos recuerda que la vida no puede reducirse a cifras ni indicadores de mercado. Nos invita a mirar lo que realmente sostiene el mundo: vínculos, afectos, cuerpos y territorios. Y en esa mirada, las mujeres —con su historia de lucha, cuidado y organización comunitaria— han sido protagonistas.

Economía del cuidado: sostener la vida en el centro

El Buen Vivir coloca la vida en el centro, y desde ahí emerge la economía del cuidado. La economista feminista Magdalena León lo expresa con claridad: “El Buen Vivir exige una economía para la vida, no una vida para la economía”.

El cuidado abarca las tareas que sostienen la existencia: criar, acompañar a personas mayores, atender a quienes enferman, cocinar, limpiar, organizar la vida doméstica y comunitaria. Son labores invisibles, casi siempre realizadas por mujeres, pero imprescindibles para que el mundo funcione. Históricamente relegadas a la esfera privada, hoy se reclama su reconocimiento como trabajo con valor económico y social, su redistribución entre géneros y generaciones, y su reorganización para que la vida pueda vivirse con dignidad.

En Cuba, este debate es urgente. La crisis económica, el envejecimiento poblacional y la migración han intensificado las responsabilidades de cuidado, que recaen de manera desproporcionada en mujeres mayores. La investigadora Mayra Espina advierte: “La justicia social en Cuba debe incorporar las dimensiones del cuidado, la equidad intergeneracional y la sostenibilidad ambiental como parte de un nuevo pacto civilizatorio”.

Aun así, existen fortalezas: la red de consultorios médicos, la escolarización universal, la labor de la FMC y las experiencias comunitarias de apoyo mutuo. Todo ello constituye un terreno fértil para una política pública del cuidado con enfoque feminista, capaz de dignificar lo invisible y sostener la vida en toda su diversidad.

Mujeres cubanas que encarnan el Buen Vivir en sus comunidades

El Buen Vivir se manifiesta en prácticas concretas que laten en los barrios y proyectos comunitarios. Muchas mujeres en Cuba lo ejercen sin nombrarlo, pero con la misma esencia de reciprocidad y defensa de la vida.

En Artemisa y Mayabeque, campesinas agroecológicas lideran cooperativas y huertos familiares, preservan semillas criollas y enseñan que producir alimentos es también un acto de soberanía y de amor por la comunidad.

En La Habana, promotoras de salud organizan talleres de prevención, acompañan a personas mayores y crean redes de apoyo que demuestran que el cuidado comunitario es tan vital como cualquier política pública.

En Santiago de Cuba, educadoras populares integran saberes ancestrales y espiritualidades en la enseñanza, recordando que educar es sembrar valores de equidad y respeto.

En Matanzas, proyectos de permacultura y reciclaje liderados por mujeres jóvenes convierten patios y solares en laboratorios de sostenibilidad, donde se mezclan creatividad, conciencia ambiental y participación comunitaria.

Estas experiencias muestran que el Buen Vivir ya está presente en Cuba. Son prácticas que dignifican la vida, ponen el cuidado en el centro y enlazan nuestra realidad insular con los feminismos latinoamericanos.

Feminismos latinoamericanos: cuidado, territorio y despatriarcalización

Los feminismos de la región han enriquecido el Buen Vivir con una mirada crítica y situada. El feminismo comunitario, impulsado por Julieta Paredes en Bolivia, recuerda que la despatriarcalización no es solo tarea del Estado, sino también de la vida cotidiana. El feminismo territorial, representado por Lorena Cabnal en Guatemala, enseña que los cuerpos y la tierra son inseparables, y que defender uno implica defender el otro.

Estas propuestas se articulan con luchas por la soberanía alimentaria, la justicia ambiental, la defensa de los bienes comunes y la revalorización de saberes ancestrales. Como afirma la Red de Mujeres Defensoras de la Vida y el Territorio: “No hay Buen Vivir sin cuerpos libres ni territorios libres”.

En Cuba, estas resonancias encuentran eco en mujeres que defienden la tierra desde la agroecología, sostienen la vida desde el cuidado comunitario y educan desde la solidaridad. El diálogo con los feminismos latinoamericanos abre la posibilidad de pensar un Buen Vivir cubano, insular y continental a la vez, arraigado en nuestra historia pero conectado con las luchas de la región.

Territorio y sostenibilidad: una mirada insular desde el Buen Vivir

El Buen Vivir invita a concebir el territorio no como recurso a explotar, sino como espacio de vida y memoria. Desde los feminismos latinoamericanos, esta idea se amplía al reconocer que los cuerpos también son territorio, y que defender uno implica defender el otro. La pensadora maya-queqchí Lorena Cabnal lo expresa con fuerza: “La recuperación del territorio cuerpo-tierra es una apuesta política y espiritual de las mujeres indígenas feministas comunitarias”.

En Cuba, el territorio adquiere una dimensión insular singular. La historia de resistencia frente al bloqueo, la defensa de la soberanía y la organización comunitaria han generado prácticas de resiliencia que dialogan con el Buen Vivir. La agroecología, impulsada por cooperativas campesinas, redes de mujeres rurales y movimientos como la ANAP y la FMC, es una de sus expresiones más vivas. No se trata solo de producir alimentos, sino de regenerar suelos, preservar semillas, fortalecer vínculos comunitarios y recuperar saberes ancestrales.

La investigadora María Caridad Cruz lo resume: “La agroecología en Cuba no es solo una técnica, es una ética de vida que articula producción, equidad y sostenibilidad”. Esa ética se refleja en proyectos comunitarios de permacultura, iniciativas de reciclaje y prácticas educativas que enseñan a cuidar la tierra como parte de la formación ciudadana.

Pensar el territorio desde el Buen Vivir en Cuba implica reconocer estas prácticas como estrategias de soberanía y justicia ambiental, fortalecer la participación de las mujeres en la gestión territorial e integrar saberes populares y espirituales en la educación y la salud. En cada semilla preservada, en cada huerto comunitario, en cada gesto de respeto hacia la tierra, se encarna esta filosofía que nos recuerda que cuidar el territorio es también cuidar la vida.

Resonancias para Cuba: hacia una ética del cuidado y la sostenibilidad de la vida

En Cuba, donde la equidad de género y la justicia social han sido pilares del proyecto revolucionario, el Buen Vivir puede abrir un horizonte más integral. Nos invita a mirar la vida no solo desde los grandes planes institucionales, sino desde lo que sostiene el día a día: el cuidado, la participación comunitaria y la relación respetuosa con la naturaleza.

La economía del cuidado, la agroecología, la educación popular y las redes de solidaridad son prácticas que ya existen en nuestro país y que pueden fortalecerse si se reconocen como parte de un nuevo pacto social. El Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres y las experiencias de base de la FMC tienen mucho que ganar en este.

 

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