miércoles, 4 de febrero de 2026

Temor


Por Marilys Suárez Moreno

La palabrita, por sí sola, infunde respeto, miedo, y deviene factor negativo en la crianza y educación infantil. El empleo del temor no es conveniente para obtener obediencia, tenerlos bajo amenazas y órdenes estrictas. 

Antes de orientarles alguna cuestión es necesario meditar acerca de lo que es más correcto. De manera que evitemos contradecir nuestras propias indicaciones y no perder autoridad, evitando así la posibilidad de educarlos bien.

Muy importante resulta el dominio de los impulsos. El aprender a auto controlarnos, a fin de brindarles una educación firme y dulce a la vez. Se impone, pues, la reflexión, el análisis y recordar siempre que es imprescindible tener en cuenta la edad y sus necesidades, incluso, sus singularidades, pues no todos los infantes son iguales, aun siendo hermanos.

Algunos padres cuando fracasan en sus intentos de educar como desean se empeñan en buscar los motivos en causas que no son las verdaderas. 

Que si no nos alcanza el tiempo, que si el trabajo o los muchos problemas que les agobian y hasta le atribuyen la culpa. "Son difíciles de controlar", "no puedo con ellos".

De hecho, la educación infantil no se realiza de manera directa o lineal, sino también indirecta. Educamos cuando somos amables con los demás, mostramos cariño y respeto hacia el prójimo y los que nos rodean y hablamos de nuestras cosas con respeto y amor.

Todas las acciones y reacciones de los padres son captadas por el menor. Por eso las actitudes incorrectas les son tan dañinas a su formación.

La educación, del mismo modo que la crianza, comienza desde el nacimiento, y dura toda la vida. No importa cuántos años acumule ya, siempre es válido un buen consejo. Este es un proceso colectivo que debe enfrentarse con responsabilidad y optimismo.

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