El Buen Vivir no es una teoría distante ni un concepto reservado para la academia. Es una experiencia que se percibe en lo cotidiano: el anhelo de vivir con dignidad, de cuidar y ser cuidados, de compartir lo que tenemos y de que nuestras comunidades florezcan en armonía con la naturaleza.
En Cuba, donde la vida se sostiene en la solidaridad de los barrios, en la mano extendida de una vecina y en el esfuerzo de tantas mujeres que cargan múltiples responsabilidades, el Buen Vivir aparece como un horizonte cercano. No es un sueño abstracto, sino una invitación a reconocer lo que ya hacemos y a pensarlo como parte de un proyecto colectivo más amplio.
Los feminismos latinoamericanos insisten en que el Buen Vivir no se limita a leyes o políticas: implica transformar la manera en que nos vinculamos con la vida, los cuerpos y los territorios. En ese camino, Cuba tiene mucho que aportar y también mucho que aprender.
