jueves, 12 de junio de 2025

Elna, la maternidad como resistencia: la historia de Elisabeth Eidenbenz


Por Lianne Garbey Bicet

El 12 de junio de 1913 nacía en Wila, Suiza, Elisabeth Eidenbenz, una mujer que, lejos de imaginarse el destino que la aguardaba, acabaría encarnando uno de los ejemplos más imperecederos de la resistencia humanitaria en la Europa sacudida por la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.
Elisabeth creció en la neutral Suiza, donde se formó como maestra y enseñó en varios colegios y centros para personas adultas de su país natal y Dinamarca, hasta que decidió que quería ayudar de una manera diferente. Fue entonces cuando se enroló en los movimientos sociales que, en 1936, organizaron ayuda para la población civil atrapada en la Guerra Civil Española. Como parte de esta inciativa, aprendió primeros auxilios sanitarios, y en su condición de miembro de la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra, llegó a Madrid el 24 de abril de 1937 para auxiliar a mujeres embarazadas, niñas y niños afectados por el avance fascista.

Cuando la República cayó y miles de españoles cruzaron la frontera francesa en busca de refugio, Eidenbenz fue testigo de las condiciones infrahumanas en las que vivian los inmigrantes en la zona francesa de los Pirineos Occidentales. Allí, las mujeres embarazadas, muchas de ellas republicanas exiliadas, carecían de cualquier asistencia médica digna y se veían obligadas a dar a luz en la miseria, expuestas al frío, la desnutrición y la muerte.

Esta díficil situación la motivó a convertir le Château d'En Bardou, un palacete abandonado próximo a la localidad de Elna, en la región del Languedoc-Rosellón, en un hogar de maternidad. Con la aprobación de la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra y alrededor de 30 000 francos que le donaron, junto a varias personas voluntarias la “señorita Isabel”, como le llamaban, acondicionó el palacete y quedó, sola, a cargo de ese centro sanitario.

Según consta en la lista de Eidenbenz, registro de las niñas y niños que nacieron en aquel castillo, el 7 de diciembre de 1939 tuvo lugar el primer parto: el niño se llamaba José Molina. Este fue el primero de los 597 bebés que nacieron en la institución entre 1939 y 1944. Datos de la época revelan que en ese período lograron atender a más de 600 mujeres, españolas republicanas, judías y gitanas perseguidas por el nazismo, brindándoles la posibilidad de dar a luz en condiciones de higiene y seguridad, lejos de la violencia y la humillación de los campos.

Además de la atención médica, Elisabeth y sus colaboradores, ayudaban a estas mujeres con alimentos, ropa y, sobre todo, esperanza al conseguirles documentos y visados para escapar de la persecución, arriesgando su propia vida. Su labor fue interrumpida en 1944, cuando la Gestapo clausuró la instalación. No obstante, su legado perduró en el tiempo como un ejemplo de resistencia al revindicar la maternidad como un derecho de todas las mujeres, contrario a la idea nazi de relegarlas al papel de madres sumisas al servicio de la patria o la raza.

Durante casi 60 años, la historia de Elisabeth Eidenbenz y la Maternidad de Elna, estuvo olvidada en los anales de la historia .No fue hasta 2001 cuando Guy Eckstein, francés de ascendencia judía, nacido en la maternidad, y Nicolás García, nieto de refugiados españoles y alcalde de Elna, decidieron buscarla para rendirle un merecido homenaje. Luego de este noble gesto, fueron muchas las inicativas de este tipo, entre ellas la entrega de la medalla Justos entre las Naciones, que le confirieran en el 2002 y que enaltece a aquellas personas de confesión no judía que ayudaron de manera desinteresada a las víctimas de la persecución nazi.

Elisabeth Eidenbenz falleció en Zúrich en 2011, a los 97 años, tras recibir otros reconocimientos como la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social, la Cruz de San Jordi y la Legión de Honor francesa. Pero su mayor legado son las vidas salvadas y el ejemplo de que, incluso en los peores momentos, la compasión y la valentía pueden abrir caminos de esperanza donde solo parecía haber desesperación.

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