Por Redacción FMC Pinar del Río/ Revista Mujeres
En Pinar del Río, la madrugada no llega de golpe: se desliza. Primero un resplandor tímido sobre los mogotes, luego el olor a tierra húmeda que sube desde los surcos y finalmente el murmullo de la vida que despierta. Hay provincias que se definen por su geografía; Vueltabajo, en cambio, se define por su memoria. Y quien se detiene a escucharla descubre que esa memoria tiene un timbre femenino.
La historia pinareña no es una línea recta: es un tejido. Un tejido hecho de manos que curan, que siembran, que organizan, que conducen. Un tejido que empezó a bordarse en la manigua, cuando la patria era una urgencia y no una palabra.
