Por Marilys Suárez Moreno
No tendría más de nueve años, pero parecía absorto. En varias ocasiones el padre le habló algo y hasta le tocó un hombro, pero el pequeño ni cuenta se daba, tan embebido estaba en el juego que proyectaba la imagen de su móvil, incluso cuando el padre se adelantó unos pasos y lo conminó a seguirle, el chico se quedó estático, con la cabeza doblada ante el celular. Posición, por demás, que al parecer le estaba provocando cierta deformación en el cuello, dada la manera en que se sentaba y caminaba.
No es nada extraño hoy en día ver a un niño o niña con un celular en la mano, hechos unos expertos en su manejo, pero era tanta la concentración de aquel pequeño en el móvil que parecía estar en un universo ajeno, a pesar de lo ruidoso de su entorno.
Y no pude dejar de pensar en Arturito, el hijo de la protagonista de la novela cubana Ojo de Agua en trasmisión actual, cuya adicción comportamental ha llevado a sus padres a buscar ayuda psicológica.

