Por Marilys Suárez Moreno
No tendría más de nueve años, pero parecía absorto. En varias ocasiones el padre le habló algo y hasta le tocó un hombro, pero el pequeño ni cuenta se daba, tan embebido estaba en el juego que proyectaba la imagen de su móvil, incluso cuando el padre se adelantó unos pasos y lo conminó a seguirle, el chico se quedó estático, con la cabeza doblada ante el celular. Posición, por demás, que al parecer le estaba provocando cierta deformación en el cuello, dada la manera en que se sentaba y caminaba.
No es nada extraño hoy en día ver a un niño o niña con un celular en la mano, hechos unos expertos en su manejo, pero era tanta la concentración de aquel pequeño en el móvil que parecía estar en un universo ajeno, a pesar de lo ruidoso de su entorno.
Y no pude dejar de pensar en Arturito, el hijo de la protagonista de la novela cubana Ojo de Agua en trasmisión actual, cuya adicción comportamental ha llevado a sus padres a buscar ayuda psicológica.
Arturito, se fuga de la escuela, no hace sus deberes, inventa pretextos para evadir la más mínima responsabilidad y se encara constantemente con su madre cuando esta le quita como castigo el móvil y le exige que cumpla con sus deberes escolares.
Llegó a robarle al padre para comprar juegos. Y lo que resulta más peligroso parece que se ha convertido en todo un experto en mentir y manipular a los demás, con tal de conseguir sus fines.
Ficción, historia, novela, no lo creo, el asunto va mas allá. La pregunta es qué pasa si el uso continuado e indiscriminado del celular, principalmente en las infancias y adolescencias puede llegar a convertirse en una adicción, como parece ser el caso de Arturito y el niño del que les cuento.
He visto infantes comiendo y haciendo otras actividades encomendadas por sus padres, que no sueltan el aparato ni para dormir. Muy pequeñines también juegan y juegan, mientras mamá, que se los da para que la dejen tranquila, se ocupa de otras actividades.
No voy a hablar de las ventajas que representa este maravilloso invento, pues incluso en escuelas y universidades se valen de ellos para sus planes de estudios, citas con los grupos, repasos, etc., Todo lo cual es válido y necesario en los tiempos que vivimos.
Hay polémicas sobre el uso del lenguaje en la población más joven, que realiza un ejercicio de síntesis y destaca como lo más importante la función comunicativa, que nadie pone en dudas.
Otros consideran que el modo de expresión de los adolescentes, empobrece y reduce el vocabulario, ya que solo se utilizan las palabras que se pueden contraer.
Una cuestión debe quedar clara para los padres y demás familiares, el uso del celular debe estar controlado y no puede interferir en hábitos de vida y estudios.
Además, resulta importante saber qué consumen nuestros hijos e hijas, y alertarlos sobre las muchas situaciones en que se pueden ver envueltos, sin desearlo, con el uso indiscriminado que INTERNET pone a su alcance.

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