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martes, 17 de marzo de 2026

Mariposas en resiliencia: cuando el lupus se multiplica en silencio

 


 Por Marilys Zayas Shuman

El lupus no se limita a los síntomas que aparecen en análisis médicos o consultas de reumatología. Quienes conviven con esta enfermedad saben que el dolor, la fatiga y los brotes no se quedan en el cuerpo: se trasladan a la mente y a las emociones, creando un círculo difícil de romper. Ese círculo cuerpo–emoción es una de las dimensiones más invisibles del lupus y, sin embargo, una de las más determinantes en la vida cotidiana.

El dolor constante desgasta. La fatiga extrema obliga a detenerse. Y esa pausa, muchas veces inevitable, se convierte en frustración. El ánimo decae, el estrés aumenta y, como señalan especialistas, el propio estrés puede intensificar la actividad de la enfermedad. La reumatóloga cubana Yanelis Pérez lo explica con claridad: “El lupus no es solo inflamación. Es también el impacto emocional que, si no se atiende, termina amplificando la enfermedad”. Estudios recientes del American College of Rheumatology confirman que el manejo del estrés y la atención psicológica reducen la frecuencia de los brotes y mejoran la calidad de vida.

En Cuba, este círculo se hace más complejo en tiempos de crisis. La escasez de medicamentos, las dificultades de transporte y los problemas energéticos agravan la carga emocional. La llamada “neblina lúpica” —ese bloqueo mental que provoca olvidos, confusión y dificultad para concentrarse— se intensifica cuando la vida cotidiana está marcada por colas, apagones y la incertidumbre de conseguir lo básico. 

martes, 3 de marzo de 2026

Mariposas en resiliencia: la batalla invisible entre el cuerpo y las emociones


 Por Marilys Zayas Shuman

El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune que afecta a millones de personas en el mundo. La Lupus Foundation of America estima que al menos cinco millones conviven con algún tipo de lupus, y que la gran mayoría son mujeres en edad reproductiva, entre los 15 y los 44 años.

En América Latina, los estudios epidemiológicos muestran que la prevalencia es similar a la de otras regiones, aunque con particularidades: se ha observado mayor severidad en mujeres jóvenes y una frecuencia más alta de complicaciones renales en comparación con Europa o Estados Unidos. En Cuba, investigaciones realizadas en hospitales docentes han confirmado que la mayoría de quienes viven con lupus son mujeres y que los síntomas más comunes incluyen fatiga, dolor articular y manifestaciones cutáneas.

Más allá de las cifras, el lupus es una experiencia que toca el cuerpo y las emociones. Quien convive con esta enfermedad sabe que no se trata solo de dolor físico o brotes inflamatorios. Es también la incertidumbre de no saber cómo amanecerá el cuerpo, la frustración de sentir que las fuerzas no alcanzan, el miedo a un futuro incierto. La psicóloga clínica madrileña, Adriana López lo resume en una de sus redes dedicadas a la atención de pacientes con Lupus: “Vivir con lupus es levantarse cada día sin saber cómo responderá el cuerpo”. Esa incertidumbre genera ansiedad, tristeza y, en ocasiones, enojo. No son signos de debilidad, sino parte del proceso de adaptación a una condición que exige resiliencia diaria.

martes, 24 de febrero de 2026

Tres signos para nombrar la resistencia

 

Por Marilys Zayas Shuman

El lupus es una palabra que viene de lejos. En la Edad Media, los médicos llamaron lupus —lobo en latín— a las lesiones que devoraban la piel como mordidas invisibles. Era un término duro, marcado por el miedo y la incomprensión. Con el tiempo, la ciencia lo transformó en diagnóstico, pero la palabra quedó como recordatorio de la ferocidad de una enfermedad que no se ve, pero muerde desde dentro. El lobo, símbolo de amenaza, se convirtió en metáfora de una batalla silenciosa que se libra en el cuerpo.

La mariposa llegó después, como símbolo inesperado. El eritema malar, esa erupción que tiñe las mejillas y el puente de la nariz, dibuja la silueta de unas alas abiertas. Lo que era marca de dolor se convirtió en emblema de resiliencia. La mariposa, frágil y fuerte, habla de transformación: de cuerpos que se reinventan, de mujeres que vuelan aun con el peso de la enfermedad. En América Latina y Cuba, la mariposa se ha vuelto también un signo de comunidad: un recordatorio de que, aunque el lupus marca, también permite desplegar alas colectivas.

El color morado completa la tríada. Adoptado por las campañas globales, ilumina monumentos cada 10 de mayo, Día Mundial del Lupus. Es un color de dignidad y esperanza, de lucha silenciosa y colectiva. El morado es también un color de duelo y memoria, pero aquí se resignifica como símbolo de vida y resistencia. En Cuba, se mezcla con los tonos de la cotidianidad: colas, apagones, sobrecarga. Y aun así, brilla como un hilo de esperanza que une a quienes conviven con la enfermedad.