Por Isel Quintana Freyre
El Ministerio de Comercio Interior (Mincin) impulsa una estrategia para incorporar a diferentes actores económicos a la gestión de los comedores del Sistema de Atención a la Familia, como parte de la implementación de las Transformaciones Económicas y Sociales del país.
La iniciativa busca ampliar la capacidad de respuesta del programa y mejorar la atención que reciben las personas más vulnerables, en un contexto donde el cuidado y el acompañamiento se vuelven pilares indispensables para la sociedad.
El Mincin tiene a su cargo divulgar la iniciativa, recibir los proyectos y gestionar su tramitación. Sin embargo, para extender esta modalidad no basta con disponer de locales ni con atraer a personas interesadas: es necesario garantizar que los establecimientos puedan sostener el servicio en el tiempo y que quienes se incorporan reciban la atención prevista con la calidad y la calidez que merecen.
La experiencia acumulada hasta el momento apunta a que la participación de nuevos actores económicos puede contribuir a mejorar la vida de los beneficiarios.
Las complejidades económicas que enfrenta Cuba repercuten directamente en la sostenibilidad de los programas sociales.
Ante ese escenario, buscar alternativas para mantener los servicios y ampliar la participación de los actores económicos constituye una vía para responder a las crecientes necesidades de la población.
Los Sistemas de Atención a la Familia prestan servicios a unas 70 000 personas en situación de vulnerabilidad, una cifra que, según los especialistas consultados, continúa en aumento.
A esta red se suman 1 250 hogares de alimentación comunitaria en zonas rurales y 3 000 comedores de asociaciones sin fines de lucro y religiosas, todos bajo la supervisión del Mincin.
Detrás de cada uno de estos números hay una historia de vida, una familia que necesita apoyo y, muy a menudo, mujeres que desde el anonimato sostienen la labor de cuidar.
El restaurante-cafetería Loipa es un ejemplo de cómo la atención puede trascender la simple entrega de alimentos.
En este espacio, la atención a los adultos mayores va más allá del plato de comida: celebrar un aniversario de bodas, compartir una fecha especial o simplemente recibir un trato afectuoso.
Se contribuye a que quienes acuden al lugar se sientan acompañados y respetados. Son gestos que demuestran que el cuidado integral reconoce la dignidad y la historia de cada persona.
Experiencias como esta confirman que la participación de los actores económicos puede fortalecer el Sistema de Atención a la Familia.
Pero extender el modelo exige recursos, compromiso y mecanismos que permitan sostener el servicio a lo largo del tiempo, sin improvisaciones que pongan en riesgo la atención.
Respaldar a quienes más lo necesitan es una responsabilidad compartida. Conseguir que esa voluntad se traduzca en una atención estable y digna constituye el verdadero desafío.
Con información de Granma Digital

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