Por Marilys Suárez Moreno
Se les califica de adultos mayores, pertenecientes a la Tercera Edad, ancianos, pero también se les dice viejos, vejetes, viejuca o viejuco, Mayor, Padre, Madre, Abuela y otras muchas denominaciones. Muchas despectivas, algunas respetuosas, la mayoría, no tanto.
En términos demográficos, Cuba es un país envejecido, entre los más envejecidos de América Latina, con provincias como Villa Clara y municipios como Plaza de la Revolución, entre los mas avejentados y según los especialistas la situación para el futuro no va a cambiar mucho.
Las tasas de natalidad seguirán siendo bajas, tanto como la salud reproductiva. Viéndolo de este modo, pronto tendremos más ancianos que niños.
Traemos el tema a colación porque iniciando Octubre, el primer día se dedica a los Adultos Mayores.
Un asunto de tremenda trascendencia a nivel familiar y de la sociedad en su conjunto. Una jornada para respetar, cuidar, querer y comprender a nuestros mayores. También para amarlos y agradecerles.
Ello demanda prepararse muy bien para atender a los abuelos. Si, porque un cubano o una cubana de 60 años tienen una esperanza de vida de dos décadas más, salvo circunstancias complejas como las que se viven hoy en día y que convierte a esta masa etaria en seres vulnerables.
En un contexto tan grave y complejo como el que vivimos, las personas de más edad son las que más sufren las carencias, la desidia, la dejadez, el mirar sin ver que detrás de un cuerpo encorvado, unos ojos apagados, una silla de ruedas o un bastón, hay un ser humano que sufre.
Muchos y muchas de ellas, una vez jubilados, se recontratan o buscan en que emplearse para mantenerse activos e incrementar con su salario una pensión que cada vez alcanza menos, dados los precios en vuelo. Así, estará jubilado, pero activo y necesitados también de los cuidados de su familia y de la sociedad.
Cariño, afecto, comprensión, respeto a su sabiduría son valores necesarios de toda la vida. Y duele ver el abandono de muchas de estas personas que mendigan o venden lo que tienen a mano para buscarse unos pesos.
Algunos de ellos han perdido la memoria, no tienen familia o estas los han abandonado y quizás dependan o no de una ayuda estatal.
Y recalco una preocupación que crece en nuestra algo convulsa sociedad, las interminables colas que deben de hacer estas personas para cobrar sus jubilaciones en los bancos. Un tema al cual nos hemos referido en ocasiones.
Amor, respeto, comprensión, ayuda, gratitud son valores de toda la vida. Todos necesitamos de estos valores, más las y los abuelos, a los que no hay que ver como una carga insoportable. Tener esto presente y recordar que los jóvenes de hoy serán los abuelos del mañana.

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