viernes, 21 de agosto de 2026

Resistencia al eurocentrismo: una mirada al feminismo descolonial (II parte)



El feminismo descolonial aboga por una perspectiva que tenga en cuenta los temas históricamente ignorados por el feminismo hegemónico tradicional.


¿Por qué es necesario?

La historia de los pueblos latinoamericanos está marcada por una herida que, a pesar de los años, sigue teniendo consecuencias: la colonialidad. Desde la llegada de los imperios europeos, se impuso una jerarquía que clasificó a las personas según raza, género y posición, estableciendo una línea divisoria entre los considerados civilizados y quienes debían ser ¨salvados¨.

Hoy, la economía, los imaginarios públicos y culturales, siguen atravesados por ese punto de vista que privilegia lo europeo. Entonces, la colonialidad no constituye solo un hecho histórico, sino una forma de organizar las estructuras. Comprender este hecho ha sido fundamental para abrir el camino de la resistencia a la hegemonía eurocentrista. 

María Lugones, una de las principales exponentes de la rama, expuso en el trabajo ¨Hacia un feminismo descolonial¨: ¨Le llamo al análisis de la opresión de género racializada y capitalista, la colonialidad del género. Le llamo a la posibilidad de vencer la colonialidad del género feminismo descolonial¨.

El libro ¨Una mirada al feminismo decolonial en América Latina¨, de Ana Marcela Montanaro Mena, habla de cómo la hegemonía del mundo blanco penetra en la periferia desde la política y los discursos de los privilegiados.

¨Desde la crítica, tanto teórica como de praxis política del feminismo hegemónico, la necesidad de crear un feminismo autónomo lejos del feminismo institucional, se levanta como un feminismo que es reapropiado por las mujeres que han sido construidas como las otras, constituyendo una resistencia al feminismo occidental¨, formuló Montanaro Mena.

En palabras de Adriana Guzmán, ¨El feminismo europeo seguro que sirve para Europa, pero en Abya Yala no alcanza el feminismo eurocéntrico y reproduce complicidades racistas y coloniales con el sistema¨, por tanto, ¨Descolonizar el feminismo o los feminismos es comprender, nombrar y caracterizar el patriarcado que vivimos las mujeres originarias, negras, empobrecidas, desobedientes con la imposición heterosexual, comprenderlo para acabarlo¨.

En el espacio Concordancia, la educadora popular feminista Yohana Lezcano Lavandera hizo énfasis en la importancia del conocimiento y del reconocimiento de que no se compite entre las opresiones y que ¨siempre hay unas y unos que van a estar peores en la escalada de la dominación¨.

Diana Gómez Correal, en su publicación ¨Los feminismos de(s)coloniales como política disruptiva de la modernidad-colonialidad: aportes a la producción del conocimiento y al cambio social¨, expone: ¨Los feminismos descoloniales prestan ya no solo atención a la dominación macro, sino también a la micro, contribuyendo a repensarla micropolítica, al tiempo que la sitúan como un espacio de necesaria incidencia¨.

¨Se replantean la investigación social con aproximaciones epistemológicas, metodológicas y pedagógicas novedosas, contribuyendo a la luchas onto-epistemológicas del Sur Global¨, incorporó Gómez.

Ojeada en América Latina

En la escena pública, apareció durante los años 80 un ¨movimiento negro¨ en Brasil que buscaba encontrar un lugar dentro de la corriente antirracista y de la feminista.

¨El feminismo afrobrasileño fue pionero en la región en la apertura a pensar la relación entre género, raza y clase¨, relató Yuderkys Espinosa en su libro. 

En el orden de los hechos, a principios de la década del 90 nació un movimiento de mujeres negras en el territorio, liderado por feministas de color y, además, varias de ellas lesbianas. A ello le siguieron la consolidación de corrientes comunitarias y los aportes teóricos de varias representantes del pensamiento, como lo es María Lugones.  

Asimismo, la región cuenta desde el año 2008 con la Red de Feminismos Descoloniales de México y con los feminismos comunitarios de Guatemala y Bolivia. 

Esta iniciativa responde al llamado de la antropóloga Sylvia Marcos de crear un espacio de reflexión y acción política que partiera de la autocrítica al racismo y al colonialismo.

Más tarde, los debates sobre neocolonialismo y feminismos plurales siguieron creciendo y expandiéndose en el continente, articulando redes comunitarias. 

Del mismo modo, se ha consolidado un campo de acciones que no solo cuestiona al patriarcado, sino también a las nuevas formas de dominación global.

Es importante reconocer que esta corriente no se limita al ámbito académico, sino que se expresa en movimientos sociales, artísticos, en educación popular y en la defensa de la tierra. 

Conviene especificar que su fuerza radica en la no búsqueda de incluir a las mujeres latinoamericanas en un feminismo global, sino en redefinir el feminismo desde sus propias raíces culturales e históricas.

Espinosa Miñoso declara en su ensayo que:

¨Ellas, ustedes, nosotras, estamos aquí no porque ocupemos lugares exclusivos de opresión o privilegio; estamos aquí porque estamos comprometidas a combatir aquello que produce estos lugares diferenciados en los que nos encontramos; estamos aquí quienes estamos porque estamos dispuestas ̸ os a perder, en muchos casos, los lugares de privilegios que sostienen nuestra propia enunciación¨.

Desde las voces de mujeres indígenas, afrodescendientes y latianoamericanas, este enfoque desmonta y cuestiona las estructuras que han silenciado sus voces y aporta a la construcción de saberes desde la memoria, el territorio y la comunidad. Simultáneamente, constituye el cobrador de una deuda histórica para con las suyas. 

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