viernes, 28 de agosto de 2026

Cuando los celos entran en la ecuación




Por Mariacarla de Guadalupe Quincosa Guerra

En el imaginario social cubano persiste una ecuación tan arraigada como peligrosa: la que iguala los celos y el control con el amor verdadero. Esta fórmula, lejos de ser un rasgo pintoresco de la cultura popular, se ha consolidado como uno de los principales mecanismos de validación de la violencia psicológica contra las mujeres, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

¿Qué dicen los números?

La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG-2016), de la ONEI y la FMC, ya apuntaba a la persistencia de roles tradicionales que ubican a las mujeres en desventaja. Pero es el estudio sobre imaginarios sociales juveniles, realizado en 2018 por el Grupo de Estudios de Juventudes del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), el que pone el foco en los celos y el control.

La investigación, con 232 mujeres, 200 hombres y tres personas trans, reveló que, tanto para muchachas como para muchachos, los celos y el control masculino sobre el cuerpo, la forma de vestir, el chequeo del móvil y los comportamientos de la pareja siguen viéndose como una expresión de amor. No como una falta de confianza, sino como una prueba de cariño. 

¿De dónde viene la idea?

La doctora María Isabel Domínguez, coordinadora del Grupo de Estudios sobre Juventudes del CIPS, explica que estas percepciones no son espontáneas. 

Se aprenden en casa, en la escuela, en la música, en las series y en las conversaciones cotidianas. El estudio del CIPS identificó tres formas de ver a las mujeres. La más extendida las define como seres delicados que necesitan protección, predestinadas a la maternidad y al trabajo doméstico. 

Otra visión, más arraigada en algunos hombres, justifica el control sobre ellas y, en el extremo, valida actos de violencia como "muestras de amor". La tercera, minoritaria, defiende la igualdad real.

Pero este entramado no es fijo. Aunque la Revolución abrió puertas a las mujeres en el estudio y el empleo, las cargas domésticas nunca se redistribuyeron del todo. 

La crisis de los años noventa, como apunta Domínguez, reforzó los roles tradicionales: "la mujer es la buena ama de casa, administradora, la que puede llevar el control del hogar". 

Lo paradójico es que, en ciertos aspectos, las investigaciones del CIPS advierten retrocesos en las generaciones más jóvenes. Los avances en igualdad no son una línea recta.

¿Cómo se desaprende?

La doctora Domínguez insiste en que hace falta una labor educativa desde edades tempranas, en las escuelas y también en las redes sociales y los medios, que son los espacios que frecuentan los jóvenes. El reto es desmontar prejuicios que están muy internalizados, y hacerlo de forma amigable, no con discursos rígidos.

La persistencia de estos estereotipos no es un asunto menor. Influye en las decisiones que toman las chicas sobre sus estudios, su trabajo, su pareja y su vida doméstica. Y refuerza el círculo de hombre proveedor y mujer encargada del hogar, que es la base para justificar otras formas de violencia. 

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