Por Isel Quintana Freyre
Como parte del compromiso permanente con la implementación del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres y el cumplimiento del Objetivo 5 de la Agenda 2030, el Centro de Estudios de la Mujer dio a conocer los resultados de un levantamiento sobre violencia basada en género realizado en cuatro municipios del país.
El estudio, que exploró las experiencias de mujeres entre 15 y 74 años de edad, confirma que la violencia machista sigue siendo una herida abierta en los hogares cubanos, pero también que la conciencia ciudadana avanza: un 72,6 % de las entrevistadas rechaza que se justifique bajo ninguna circunstancia.
La investigación se aplicó en los municipios de Playa (La Habana), y las cabeceras provinciales de Matanzas, Sancti Spíritus y Holguín, territorios que combinaron una alta y una más baja incidencia, según los indicadores del Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género.
La selección garantizó además la participación de especialistas de las Cátedras de Género de las universidades, quienes recibieron tres talleres de formación para asegurar un abordaje ético y metodológico riguroso.
Entre las características de las mujeres que integraron la muestra, sobresale su alta escolaridad: el 84,6 % posee nivel medio superior o superior. La mayoría se desempeña en el sector estatal (84,3 %) y el 50,9 % mantenía una relación de pareja al momento del estudio.
Sin embargo, un dato que llama a la reflexión es que un grupo significativo declaró dedicarse exclusivamente a los trabajos de cuidado y del hogar, y de ellas el 56,6 % manifestó no desear incorporarse al empleo, lo que evidencia la naturalización de roles que limitan la autonomía económica de las mujeres y, con ella, su capacidad de romper círculos de dependencia.
Al explorar las percepciones, el estudio encontró un contraste revelador: el 73,8 % de las encuestadas reconoce que la violencia contra la mujer es mucha en Cuba, pero apenas una minoría busca ayuda formal cuando la sufre en carne propia.
A la par, se registra un importante desmontaje de viejos mitos: el 76,7 % rechaza que se deba soportar por la seguridad económica y por los hijos; el 73,2 % no comparte la idea de que solo ejercen violencia las personas de bajo nivel cultural; y más del 68 % desaprueba tanto la creencia de que la violencia verbal no es tan grave como la física, como la idea de que es normal algún tipo de violencia en la pareja.
No obstante, persisten estereotipos que exigen mayor atención educativa. El 49,3 % de las mujeres aún asocia el consumo de alcohol con la causa de la violencia; el 40,1 % considera que los hombres son violentos por naturaleza; y el 56 % justifica que, en los casos de violencia de pareja, la mayoría de las mujeres retira la denuncia.
Estas cifras, advierten las especialistas, indican la necesidad de redoblar las campañas de comunicación y la labor formativa para desmontar falsas creencias que culpabilizan a la víctima o diluyen la responsabilidad del agresor.
Los datos más sensibles se revelan al preguntar por la experiencia directa. El 66,3 % de las entrevistadas declaró haber sufrido violencia por parte de su pareja en algún momento de la vida, mientras que un 38,6 % la padeció en los últimos 12 meses –cifra que enciende las alarmas porque refleja las que están siendo víctimas ahora mismo–. La manifestación más frecuente fue la psicológica: el 42 % señaló que su pareja la ignora o le responde con el silencio.
Le siguen, en violencia económica, los reclamos por gastar dinero; en la sexual, la obligación de tener relaciones sin condón; y en la física, los golpes y bofetadas. Las expertas subrayan que estas violencias no suelen presentarse puras: la psicológica es casi siempre la antesala de agresiones mayores.
El perfil de prevalencia identificó que el municipio de Holguín concentró el mayor porcentaje de mujeres que estaban viviendo violencia al momento del estudio (52,4 %). Aunque las mujeres blancas representaron el 42,6 % de quienes se reconocieron como víctimas, al sumar a las mujeres mulatas y negras se alcanza un 66,3 %, lo que confirma que la interseccionalidad del color de la piel y el género profundiza la vulnerabilidad.
Los grupos etarios más afectados fueron las jóvenes de 15 a 29 años y las mujeres de 40 a 54, y las universitarias resultaron el sector educacional con mayor porcentaje de víctimas.
Quizás el hallazgo más doloroso se relaciona con la ruta de la ayuda. Las instituciones más mencionadas al preguntar adónde acudir fueron las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, la Fiscalía General de la República y la PNR, pero el 74,8 % de quienes padecieron violencia no pidió auxilio.
Entre las razones, el 4,9 % alegó que no le resolvieron el problema cuando lo solicitó; un 41,1 % afirmó que se lo resolvieron solo en parte y un 16,4 % que no se lo resolvieron. Muchas mujeres conviven con el agresor y regresar a esa misma casa tras buscar ayuda se convierte en un muro que frena la denuncia y perpetúa el silencio.
Como resultado de este diagnóstico, el Centro de Estudios de la Mujer, con la asesoría del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI), ha actualizado el instrumento para incluir los ámbitos laboral y familiar, y se encuentra inmerso en la preparación de una encuesta de prevalencia nacional que, con apoyo del UNFPA, deberá aplicarse en el primer trimestre de 2027 en 40 municipios del país.
Entre las recomendaciones del informe se insiste en medir el impacto real y territorial de la Estrategia Integral para la Prevención y Atención a la Violencia de Género en el escenario familiar, fortalecer los servicios que ya existen hasta arribar a servicios integrales, transversalizar la perspectiva de género en los planes de estudio y profundizar las campañas comunicacionales que ayuden a desmontar mitos arraigados. Porque, como sentenció la presentación, “datos para visibilizar, conocer para transformar hacia políticas públicas basadas en evidencia” es el propósito que mueve esta obra de ciencia y sensibilidad.
Detrás de cada cifra hay una historia, y detrás de esta investigación, el compromiso de una Revolución que hace de la equidad y la no violencia una bandera irrenunciable. El camino está trazado. Ahora toca, entre todas y todos, recorrerlo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario