Por Marilys Suárez Moreno
Imagen: Tomada de Radio Surco
Cuba siempre ha podido contar con la solidaridad mexicana, por eso no sorprenden las palabras dignas y acciones justas de su presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien por cierto es la primera mujer en la historia de ese país en asumir la primera magistratura de la nación.
A lo largo de su historia, el país ha sido refugio seguro para los emigrados revolucionarios cubanos y de todo el mundo. Lo fue para Martí, Gómez, Maceo y Mella en su época y para tantos miles de cubanos que a lo largo del tiempo han recibido el abrazo hospitalario y hermano del pueblo mexicano.
Fue en 1955 que Fidel y otros combatientes revolucionarios arribaron a México. Allí se prepararon para la epopeya redentora. En las aguas del río Tuxpan, a bordo del Granma, se tejió el prólogo libertario del hombre que, fiel a sus ideas, cumplió su compromiso de ser en 1956 libres o mártires.
La salida del Granma del puerto veracruzano de Tuxpan, se produjo el 25 de noviembre de 1956. Pero, desde meses antes, Fidel y el grupo de revolucionarios cubanos se fue preparando para la gloriosa empresa.
Según el teniente coronel René González Barrios, en el campo de tiro Los Gamitos, de Ciudad México, los futuros expedicionarios afinaron puntería, mientras dejaban su propia leyenda.
A pedido de Fidel, el general republicano Alberto Bayo, se convirtió en el instructor militar de los revolucionarios, mientras, otros amigos mexicanos les ofrecían aseguramiento logístico y habilitaron casas campamentos cerca del Estado de México y en Tamaulipas, al norte del país, para descongestionar la presencia revolucionaria en el Distrito Federal.
Con tesón y denuedo, Fidel preconizó en México el ideario revolucionario en tribunas públicas y en cuanto lugar le fue posible hacerlo. Antonio del Conde, el Cuate, resultó un amigo y colaborador eficiente para el líder revolucionario cubano y el resto de los futuros expedicionarios.
En el México amigo, Fidel, fiel a su ideario internacionalista, conoció al argentino Ernesto Guevara y lo enroló en la expedición del Granma, convirtiéndose, a poco en uno de los mejores combatientes del futuro Ejército Rebelde.
Apegado a sus principios hospitalarios, la patria de Juárez no solo acogió a Fidel y al grupo de jóvenes que lo acompañaban, entre ellos, Raúl, Almeida, Camilo, sino que acogió como propia el triunfo de la Revolución.
Como han expresado muchos cubanos e historiadores nuestros, el culto a Cuba, su Revolución y sus líderes es demostrativo de la dimensión histórica de la patria mexicana. Siempre solidaria y hermanada con la nuestra, como lo evidencia la ayuda humanitaria ofrecida por su pueblo, en momentos tan difíciles como el que se vive hoy, asediados al límite por un bloqueo endurecido a su máxima potencia.

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