martes, 12 de mayo de 2026

Rosa María y Dani: una historia de amor y resiliencia


Por Yamylé Fernández Rodríguez 

Fotos: De la autora 

La historia de Rosa María del Pozo y su hijo Daniel Molina, conocido cariñosamente como Dani, es un testimonio de amor, resiliencia y verdadera inclusión. 

Graduada de Contabilidad y Finanzas y desde hace algún tiempo trabajadora en el laboratorio de mediciones de la Empresa Eléctrica Provincial de Camagüey, Rosa María se ha dedicado a acompañar el desarrollo de su hijo, quien nació con síndrome de Down.

Según confiesa al principio fue difícil, pues la condición de su niño solo se supo al nacer.

“No fue fácil enfrentar la situación, sin embargo siempre recibí el apoyo de la familia y fundamentalmente de su papá, que es mi esposo. Desde el primer momento hablamos y dijimos: es nuestro hijo y hay que asumirlo y así lo hicimos.

“Entonces nos enfocamos en velar por su crecimiento, desarrollo y rehabilitación temprana. Gracias a ello en estos momentos Dani, ya con 14 años de edad, ha logrado insertarse a la sociedad que vivimos”, narra Rosa María.

Con solo tres meses de nacido, Dani llegó con sus padres al Centro de Equinoterapia Jardín de Sueños en la ciudad de Camagüey y enseguida comenzó a recibir atención integral. 

Allí, con su rehabilitación, despuntó como un pequeño artista amante del baile.

Recuerda Rosa María que al descubrir las habilidades del niño para la danza decidieron aprovechar esa vía como una ruta para su inserción social. 

“Desde los cinco años de edad Dani comenzó a actuar en el propio Centro de Equinoterapia y luego se insertó al proyecto Vivan los Barrios con Reinier Elizalde (el payaso Chocolatiqui) y de ahí comenzó a presentarse con pequeños números culturales en barrios, plazas, parques y dondequiera que nos llamaban. 

“En aquel momento lo que hacía era representaciones de personajes de temas infantiles como el espantapájaros, el reparador de sueño, el soldadito de plomo y en la medida en que fue creciendo y vimos su comportamiento decidimos crear un proyecto que lo vinculara a niños que no tienen discapacidad. 


“La idea siempre fue prepararlo para vivir en la sociedad y lograr una verdadera inclusión social, porque a veces decimos inclusión y solamente hablamos y tenemos un grupo de niños con discapacidad, pero en este caso se trataba de insertarlo a pequeños de la enseñanza general para que él se vinculara con ellos y estos a la vez también aprendieran a tratar con niños con necesidades educativas especiales”.

Actualmente Dani cursa el noveno grado en la escuela especial Carlos Rodríguez Careaga en la ciudad de Camagüey, donde ha estado desde preescolar y, aunque la escuela no es su lugar favorito -según confiesa su madre- allí ha aprendido a leer y a escribir y cada día el pequeño se esfuerza por cumplir con sus tareas. 

Hoy su lenguaje es claro y muestra una independencia notable, resultados que Rosa María atribuye a la rehabilitación temprana y al acompañamiento escolar. 

"Como mamá, se pueden hacer muchas cosas, pero al insertarnos en este mundo nuevo que nunca pensamos enfrentar, resulta difícil. Gracias al apoyo y a las enseñanzas transmitidas por los especialistas, Dani ha logrado convertirse en lo que es hoy: un adolescente como cualquier otro. 

“Realmente él ha sido una bendición para la familia y para todo el que lo conoce porque es muy simpático e inteligente.

“Me siento orgullosa por los logros que ha tenido hasta ahora y sé que tendrá muchos más porque él tiene “una estrella” y resplandece cada vez que sale al escenario y no solo allí, sino también dondequiera que llega.

El testimonio de Rosa María del Pozo representa una elevada expresión de amor al demostrar que, con constancia y sacrificios, esta madre ha sido capaz de transformar la realidad de su hijo con síndrome de Down en un camino de posibilidades. 

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